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[Entrevista] Luis Niño Villescas ‘Totó’. Malabarista. “Deseo que mi sueño siga creciendo”
Reportaje - 01/03/2017 - Por Lucas Escobedo. Foto: Marina Suleymanova.

Luis Niño Villescas ‘Totó’ (Viña del Mar, Chile, 13 de septiembre de 1984) malabarista chileno afincado en España desde el 2002. Desde hace algunos años, tiene su base en las Islas Canarias desde donde viaja por toda Europa participando en festivales, eventos, galas y todo lo que se tercie. En lo que llevamos de 2016 (hasta septiembre), Totó ha realizado más de 300 actuaciones y parece que está en una buena época.

¿De dónde viene el nombre de Totó?

Realmente no lo sé muy bien. Cuentan que cuando era pequeño, mi padre tenía un negocio de vehículos donde yo pasaba muchas horas con él. Cuando nos preguntaban si había ido bien la mañana, si habíamos vendido mucho yo decía “Sí, ha vendido toto”. A partir de ahí mi hermana empezó a llamarme Totó.

¿Y cómo empiezas en el mundo de los malabares?

Gracias a mi madre que, cuando yo tenía cinco o seis años, me grababa vídeos VHS de malabaristas que salían por la tele para que los viera al salir de la escuela. Pasaron los años y, en diciembre de 1997, conseguí algo de material gracias a la tienda Payaso de Chile y empecé a aprender por mi cuenta. Comencé con el palo del diablo, el diábolo, el monociclo, quería probarlo todo. Después decidí centrarme en las pelotas y las mazas, para llegar a ser bueno en algo.

¿No era la época de YouTube, no?

No, ahí todo fue de manera autodidacta e intercambiando conocimientos con otros malabaristas. Luego vinieron los viajes, conocer a grandes malabaristas como Thomas Dietz, Toby Walker, Tony Frebourg, Priam Pierret, Jochen Pfeiffer, Florian Müller-Reißmann, Niels Duinker, y tener la suerte de entrenar e intercambiar conocimientos con ellos.

¿Y uno de esos viajes te trajo a España?

En el año 2000 aterricé en Alemania de la mano de un grupo grande de artistas argentinos: Circus Scoch, Shampoo, Chacovachi, etc. En la EJC (European Juggling Convention) de Karlsruhe, ese mismo año, entré en contacto con el fabricante Mister Babache, el cual me ofreció viajar a Suiza y patrocinarme durante un año. A España llegué ese mismo año junto a Benjamin Franulic y ese grupo de artistas argentinos, con la misma intención de conocer mundo y seguir aprendiendo.

¿Y te quedaste?

Pues sí, y tan contento. Le debo mucho a España y a Cataluña, donde viví los primeros 10 años. Al principio no tenía papeles, ni tenía para comer; allí me ayudaron a todo, a crecer y a hacerme un buen profesional. ¡La gente de Tub d’Assaig de Terrassa me acogió cuando yo era un niño! Justo hace unas semanas pude participar en el maravilloso festival que organiza en Terrassa. Fue un emocionante reencuentro.

Casi siempre te hemos visto trabajar solo en escena...

Sí, trabajar como Totó Juggling es lo que más me gusta. He estado a gusto con toda la gente con la que he trabajado Neto Duet, Circus Klezmer, PariDuoP, entre otros, y estoy abierto a lo que venga pero es verdad que llevo más de 20 años haciendo malabares y la mayoría en solitario.

¿El malabar como deporte, como espectáculo, como exhibición...?

Para mí el malabar empieza como deporte y una vez has entrenado lo suficiente llevas ese deporte al escenario para transformarlo en espectáculo. En realidad, lo primero sería el placer por el malabar, luego te lo llevas a la vida, al arte y también al deporte. Si haces 14 lanzamientos con 7 pelotas no es deporte, pero si haces 400 sí; entonces empiezas a poder autocorregirte, a modificar tu postura, a buscar las pulsaciones adecuadas, a observar tu respiración, a sentir cómo tu cuerpo al completo está trabajando. Es necesario tener mucha disciplina y entrenar, entrenar y entrenar. Bueno, todo esto es mi concepto, mi fórmula.

¿Y es un deporte competitivo?

No me gustan las competiciones entre malabaristas puesto que a menudo se convierten más en peleas o disputas que van a lo personal. A mí me interesa la competición conmigo mismo.

¿Quiénes han sido tus maestros o tus referentes?

Siempre me ha atraído principalmente el malabarismo como tal, el técnico, el clásico, el de toda la vida. Y en esa línea para mí no hay ninguna duda de quien ha sido el mejor, Anthony Gatto. Nunca tuve la suerte de poder malabarear con él pero siempre fue el malabarista que más me llamó la atención, una gran fuente de inspiración y motivación para, a partir de ahí, hacer mi propio camino y buscar mi estilo propio y personal.

Parece que ya no podrás entrenar con él, ¿no? Cuentan que se ha retirado de la pista.

Se ha retirado en la gloria, como nadie lo ha hecho. No ha esperado a seguir malabareando hasta ser viejito, se ha ido ahora, cuando estaba en lo más alto.

¿Pudiste verlo actuar en directo alguna vez?

No, nunca, pero tampoco pasa nada, me quedo con la ilusión y la imagen que he tenido desde niño de él. Creo que para mí esto lo hace más grande aún. Quiero aclarar que cuando hablo de mejor malabarista no es en términos absolutos, hay malabaristas muy buenos pero yo creo que son tan diferentes en cuanto a estilos o propuestas que es difícil situarlos en el mismo ranquin. Por ejemplo, Anthony Gatto y Jay Guilligan, ambos son buenísimos sin tener nada que ver.

Hace tiempo hubo un debate en Internet sobre si era mejor Wes Peden que Anthony Gatto...

[risas] Mira, es que depende mucho del lugar, del ambiente; si yo voy a Las Vegas gustará mi espectáculo y hablarán muy bien, si voy a Toulouse dirán que faltaba investigación e innovación.

¿Entonces no tuviste ningún maestro como tal, ninguna escuela?

Mis clases y mi escuela fueron, como decía antes, ponerme a malabarear con algunos de los que, en su época, han sido de los mejores malabaristas del mundo. No necesitábamos un idioma común para entendernos, teníamos los malabares y con ese código todo fluía. No fui a ninguna escuela de circo, fui desarrollando mi propio estilo y ahora es cuando voy a escuelas de circo, pero a enseñar.

¿Piensas en escena?

A ver, dentro de mi rutina técnica hay momentos o lugares para los que hace falta mucha concentración y necesito estar ahí completamente. Pero siempre dejo otros abiertos a la improvisación, o mucho más asequibles técnicamente, para complementar la rutina técnica con simpatía y contacto con el público, que creo que siempre se agradece.

Y el fallo, el error, la caída. ¿Te preocupa?

¡Siempre preocupa el fallo! Yo me centro en tener una carta debajo de la manga para cuando los fallos aparecen. Bueno, una, dos o hasta tres, más no. No me permito tener más de tres fallos, si pasa, el espectáculo es malo. El malabarismo es el arte de mantener diferentes objetos en el aire, no en el suelo.

Hablando de fallos, ¿cuál ha sido tu peor momento en escena? ¿Tiene que ver con alguna caída?

Pues me vienen dos, el primero en el 2010 o 2011, en gira con Circus Klezmer. En medio de la función me tragué un trozo de vidrio que había en un vaso del que yo tenía que beber. No pude continuar con la función y acabé vomitando sangre. El otro recuerdo es más reciente, tampoco tiene que ver con un fallo. Fue hace dos años, en el 2014, en la Gala del Festival Malabarharia. Cinco minutos antes de salir a actuar, estaba calentando y me di con una maza en el ojo. A partir de ahí sobrevino un momento de caos y mucha sangre hasta que me desmayé. Lo siguiente fue despertarme en el hospital.

El malabar como profesión de riesgo. ¿Y el mejor momento en escena?

¡Buf, innumerables! Tengo mucho que agradecerle a la vida, me siento muy afortunado. Momentos de aplausos, de risas, de llantos... Los premios, la gente de España, los inicios en Europa con Mister Babache, mi relación con Juan Carlos Peña, creador de Galaxia Malabares, quien me presentó en su día a Mister Babache, etc. Imposible elegir uno solo.

Con tantos buenos momentos vividos en escena o alrededor de ella ¿te queda algún sueño por cumplir o ya has puesto la cruz en todos?

Mi principal sueño desde niño era poder hacer malabares de manera profesional. Eso está cumplido pero cada sueño logrado significa otro sueño por conquistar, así lo veo yo, y todavía faltan muchos por llevar a cabo. Tengo, he tenido y voy a seguir teniendo sueños, seguro. He trabajado en tres continentes, en 21 países, realizando más de 3000 espectáculos, todo eso era más que un sueño, inimaginable. Ahora deseo que ese sueño siga creciendo y que no pare nunca.

Enhorabuena por esos logros y esa satisfacción que irradias.

Pero también es difícil cumplir los sueños, ver el espectáculo es muy bonito, pero llegar a hacerlo es muy difícil. A nivel familiar todos los míos están en Chile, aquí estoy solo. Uno se acostumbra a esa distancia. Lucho por mis sueños pensando en los que están lejos. Siempre he tenido el apoyo de mi familia y mis amigos, de ahí saco fuerza para seguir construyendo sueños.

¿De niño te veías como una joven promesa o el entorno te hacía pensar en ello?

Nunca lo pensé. Un día salí por primera vez de Chile para ir a la convención de malabares de Argentina, era el año 1998, justo un año después de mi comienzo. Yo no sabía lo que iba a pasar pero llegué y la gente comenzó a mirar mi juego, a celebrar mis trucos y a llenarme de alegría. Ahí tomé la decisión de dedicarme a esto, gracias a todos ellos. Además, me dieron el premio revelación de la convención. ¡Solo tenía 14 años y uno de malabares!

Empezaste en Chile, un país que ha seguido dando grandes malabaristas con un estilo propio y reconocible. ¿A qué crees que se debe?

Cuando comencé había unos 10 malabaristas en mi ciudad. Yo empecé siendo un niño y ese niño se popularizó y salió al mundo dando visibilidad también al país. Los malabaristas chilenos eran personas duras, con mucha garra, gente fuerte, de la calle. Algunos incluso venían de la delincuencia y dejaban su vida anterior por los malabares. Quisieron competir con un niño y aumentó el entrenamiento de cada uno. Luego vinieron más niños y se mantuvo siempre la competitividad entre unos y otros. Yo creo que es una manera de ser, somos callejeros, luchadores, gente con garra. Creo que hay muy buenos malabaristas pero falta profesionalizarlo y llevarlo a escena; falta arte.

De América llegaron los malabaristas de los semáforos. ¿Qué piensas sobre este tema?

Para mí es un principio cuando no tienes recursos, una transición a otra cosa. Hay rutinas muy buenas y muy malas en los semáforos, yo lo veo como algo que puede ser una transición al escenario. Así lo vivía también cuando yo hacía. Lo malo es cuando se convierte en una forma vida.

¿Tienes algún proyecto en mente?

Siempre, un artista sin proyecto muere. Por un lado veo que estoy en un momento muy bueno y quiero aprovecharlo para seguir entrenando, crear un nuevo espectáculo, viajar trabajando en diferentes países, etc. Pero por otro lado también tengo ganas de hacer un viaje de seis meses conociendo diferentes lugares de entrenamiento y recorriendo mundo, por ejemplo Japón, me gustaría disfrutar de las nuevas promesas que están saliendo.

Alguna cosa más para cerrar la conversación…

Me gustaría agradecer a mi familia y a toda la gente que siempre me ha apoyado. Otro recuerdo especial para JCP, de Galaxia, porque nos dio la oportunidad de malabarear con materiales de calidad a precios más asequibles. ¡¡Un saludo especial a todos los malabaristas chilenos!!

La entrevista está publicada en el número 51 de la revista Zirkólika.

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