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Ambulantes y siempre por los aires
Reportaje - 08/02/2020 - La compañía francesa de acrobacia aérea fusiona el circo con otras artes escénicas.

Núria Cañamares. Lo que comenzó como una broma se ha perpetuado como una marca. Eran cuatro. Marcel y tres chicas: una rubia, una morena y una pelirroja. Como la película Charlie’s Angels (en francés, Charlie et ses drôles de dames’). Y, con adaptación libre, hicieron la analogía. El nombre era provisional y lo consideraban “machista” pero no se atrevieron a cambiarlo, la gente ya los identificaba así. A fin de cuentas, cuando se les conoce se entiende que no es machismo. Es cinismo.

La compañía Marcel et ses drôle femmes (Marcel y sus chicas graciosas) nació en 2013, cuando Marcel Vidal Castells, Liza Lapert, Marine Fourteau y Angèle Guilbaud terminaron los estudios de circo. Se conocieron en 2008 en la Escuela Nacional de las Artes del Circo (ENACR) de Rosny-sous-Bois donde se formaron durante dos años, seguidos de dos años y medio más en el Centro Nacional de las Artes del Circo (CNAC) de Châlons-en-Champagne. Marcel venía de Barcelona –se había iniciado en el circo en 2006 en el Ateneu Popular de Nou Barris– y en Liza encontró la compañera ideal para el cuadro coreano. Por su parte, Marine y Angèle congeniaron en el cuadro aéreo. Y, después, sumaron talentos estableciéndose como cuarteto de acrobacia aérea.

En el año 2013 recibieron el que, por el momento, es su único premio: el Premio Zirkólika al Mejor Número de Circo por un ejercicio de cuadro coreano. Ilusión aparte, el reconocimiento les abrió puertas como el encargo del entonces director artístico de la Feria del Circo Trapezi de Reus, Jordi Gaspar, para que actuaran en la cita. Alargaron los 15 minutos de número para dar a luz a Miss Dolly, un espectáculo de calle que han girado 5 años ofreciendo más de 200 representaciones, la mitad en el extranjero. Los últimos tres años estuvieron preparando lo que sería su segundo espectáculo, aunque para ellos significa el primer proyecto propio. Se trata de un montaje de sala, un formato más acorde con su formación y con el que se sienten más cómodos. Llega La Femme de Trop y, con ella, la adhesión de una nueva integrante al grupo: la cantante, clown y trapecista Noémie Armbruster.

Durante la pasada edición de FiraTàrrega los vimos en el Parque Ondara con The good place, espectáculo que recrea los peep show de rarezas de principios del siglo XX. Amparándose de una gran carpa de circo se enfrentan a un nuevo reto: el entra-sale del público, invitándole a convertirse en voyeur de unos números alocados e insólitos.

Han actuado sobre todo en Europa porque, debido al volumen de las producciones, les resulta difícil salir del continente. Los han visto en Suecia, Dinamarca, Lituania, Reino Unido, Alemania, Polonia, Francia, Suiza, Austria, Italia, Hungría... En España solo han actuado en Cataluña (en las principales ferias y festivales) y el País Vasco. Su sede está en Rouen, Normandía, donde, sin embargo, no disponen de mucho espacio para ensayar. Igualmente no paran quietos y el local les llega de la mano de las coproducciones, las residencias de creación, la formación técnica...”Somos un poco nómadas. En Normandía ahora mismo sólo vive el técnico de sonido. El resto estamos entre Bruselas y Barcelona, París, Poitiers, Montpellier, Carcasona... Nos encontramos cuando tenemos fechas y proyectos y ensayamos donde podemos.”

Acumulan mil y una anécdotas y buena parte de ellas en el camión donde, como la mayoría de compañías, comparten horas y horas de ruta. Quizá la más sorprendente fue cuando, en la aduana entre Bélgica y Francia, les querían hacer descargar el camión para enseñarles que no eran traficantes. Como no lo vieron viable se les ocurrió hacer una exhibición de manos-manos para demostrar que eran “cirquers”. Además del permiso para continuar el viaje se llevaron un gran aplauso.

Marcel et ses drôle femmes se sitúa en la línea del humor absurdo. Como observa Marcel, les gusta “encontrar lo absurdo de las cosas en un contexto cotidiano y crear poesía. Invertir el drama hasta el punto que se convierta en humor” y se pregunta: “De base el circo ya es como bastante absurdo. ¿Cómo puedes justificar que alguien de repente se ponga a repetir la misma figura acrobática o equilibrio malabar... tantas veces para que los demás le vean?”.

Analizando su evolución, Marcel detecta que, así como Miss Dolly jugaba al encontrar sentido a lo absurdo de unir Shakespeare y Monty Python en un western con acrobacias aéreas donde los diálogos se rompían en mil pedazos y los personajes eran muy introspectivos y caricaturizados, en la femme de tropo ya hablan más de ellos mismos, del lugar de cada uno en el grupo y en la sociedad. Es decir, se tratan los miedos y las alegrías y se busca que el público se identifique.

En The good place continúan con este hilo humorístico y añaden más dosis de cinismo. Reproducen el yin y el yang y muestran las oscuridades y fragilidades de las personas mientras en el exterior el mundo es de color de rosa. Lo hacen con 12 números de unos 10 minutos cada uno. Imágenes que se ven de un vistazo pero que se alargan y alargan para provocar la performance. La experiencia cambia dependiendo de lo que se ha visto dentro y fuera. “No verlo todo también forma parte del espectáculo. Actualmente creemos que podemos mirar algo tantas veces como queramos y aquí no somos los reyes del mando. Hay una parte que no vemos y esto provoca frustración. Como en un peep show, que se acaba la moneda y te cortan la visión en las narices. Aunque sea una mierda, sólo por el hecho de que te lo corten entonces quieres más”, señala.

Marcel Vidal tiene la sensación de que el circo está un poco estancado y como compañía tratan de removerlo para no caer en la repetición: “Últimamente me cuesta encontrar espectáculos de circo que me gusten, quizá porque he visto mucho. No lo sé. Creo que vienen ganas de mezclar cada vez más las artes. Tenemos tendencia a catalogarlo todo: esto es circo, esto teatro, esto danza... incluso lo hacemos por las subvenciones o en las revistas. Supongo que es normal, pero en todo caso una forma de reinventar el circo es intentar dejarnos contaminar por otras cosas y mirar qué están haciendo los vecinos de las artes escénicas del lado.“

(Artículo publicado en el número 62 de la revista Zirkólika). Puedes suscribirte a la revista aquí

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