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Entrevista a Camille Decourtye, de Baró d'Evel Cirk
Noticias - 13/11/2018 - ZRK. Camille Decourtye y el pájaro Guss en el espectáculo La. Foto: François Passerini.

Marcel Barrera - El próximo jueves día 22. la compañia Baró d'Evel actúa en el festival Temporada Alta (Girona) para presentar La, un magnífico espectáculo que obtuvo grandes elogios después de su estreno en el Grec Festival el pasado verano. Reproducimos aquí la entrevista a Camille Decourtye publicada en el número 57 de la revista Zirkólika. La entrevista se produjo antes del fallecimiento del caballo Bonito, protagonista de los espectáculos de la compañía junto a Decourtye y Blaï Mateu. 

No se si conoce a aquella mula que se llamaba Francis y que se hizo muy famosa en los años  50 en Hollywood porque hablaba en las películas. Usted quizá no habla con los animales pero dialoga mucho. ¿Cómo es ese diálogo?

Es un trabajo diario. Se trata de conocer al caballo o al pájaro perfectamente y detectar si se encuentra bien, qué le gusta o qué le interesa. A partir de esta relación, los animales también entienden tu manera de ser y es posible una comunicación, sobre todo a nivel de cuerpos. Los animales tienen una manera de comunicarse con el cuerpo, la mirada, la manera de caminar o la manera de mirar. También intentamos que entiendan lo que les pedimos. Intentar ser lo más claro posible pero con mucha tranquilidad.

La Mula Francis vivía en el ejército. Bonito viene de Extremadura... ¿Cómo fue el primer contacto?

Se notaba que era un caballo muy inteligente. Yo era un poco inconsciente y subí sobre Bonito a ver qué pasaba... Hacía trotes como un loco levantando las rodillas y no sabía galopar. Venía de las ferias, donde le daban caña. He pasado muchos años trabajando con él poco a poco. Y ahora Bonito cada día hace cosas diferentes. Es importante reducir todo lo que puede provocar un clima de miedo o angustia. Se trata de conseguir crear una partitura dentro del espectáculo y que el animal no se aburra, ya que este sentimiento es muy duro para todos los seres vivos. Es el reto de cada día. Nosotros tenemos a los animales en libertad. También evitamos tener al animal estresado, y por su salud y por el buen funcionamiento de la función trabajamos en un lugar íntimo.

Usted quería seguir a un caballo desde su nacimiento...

Sí, pero mi problema es que hago demasiadas cosas. Es un poco paradójico trabajar con un caballo y al mismo tiempo cantar, hacer danza, dirigir, hacer performances o hacer un concierto... Normalmente dedicas tu vida a trabajar con caballos y no acabas. Siempre tenemos demasiada prisa.

Sus padres tenían una hípica. ¿Qué relación tenía con los animales cuando era pequeña?

Durante dos años, estuvimos en caravanas de madera y viviendo como los gitanos. Yo nací al final de esa época y siempre tuve la certeza de que quería volver a ese mundo queno había vivido suficiente.

Como el Cirque Bidon...

Sí, pero nosotros no nos dedicábamos a los espectáculos. Era una granja y estábamos tres semanas caminando y durmiendo en el bosque para ir a hacer una competición... era toda una aventura y una manera de vivir muy divertida. Teníamos que abrir caminos que estaban cerrados y venían cazadores detrás de nosotros. Yo era muy tozuda y recuerdo estar mucho con un macho cabrío, el macho de una cabra. Era muy divertido para una niña tener estas relaciones con los animales. En el mundo de las competiciones, hay mucho dinero y muchos grupos llegaban con los camiones y todo el material. Nosotros, en cambio, llegábamos montados en los caballos y en carros, como gitanos. ¡¡¡Y a veces ganábamos!!! Demostrábamos que se podían hacer las cosas de manera diferente. Teníamos un espíritu muy hippie.

Estudió canto gitano...

Yo nací en el centro de Francia, en un pueblo que se llama Pithiviers, porque allí se podía hacer el parto natural dentro del agua. Pero he crecido en Busque, un lugar que es casi el más plano de Francia y donde nunca pasa nada. Es un lugar con grandes extensiones de campos donde se cultivan todos los cereales. No crecí en una vida cultural muy plena pero como tenía unos padres militantes ampliaron mi manera de ver la vida.

¿Qué hacían sus padres?

Mi padre se llama Alain Decourtye y con él hacíamos muchas cosas en el campo. Mi madre se llama Liliane Nay y se ha dedicado toda la vida a la enseñanza. Es una de aquellas maestras que no para nunca de trabajar. Yo vivía en una caravana, en una casa de madera y tenía mi caballo cerca. Iba a la escuela y pasaba noches al lado del fuego viendo muchas películas de Kusturica y cantando música gitana. Cantaba por el placer de cantarlas. Y después fui a encuentrosy pasé tres días con una cantaora gitana de verdad. Aprendí mucho y eso me lo guardé para toda la vida. Los gitanos son como un fantasma mío de la infancia. Mis padres tenían amigos gitanos en Francia que venían varias veces a lo largo del año a dormir a casa y dejaban los caballos. Aquellos encuentros me hicieron crecer mucho. Cuando buscábamos el nombre de la compañía, quise hacer un guiño a este mundo que me había fascinado y que me ha motivado a hacer este trabajo porque yo quería vivir en caravanas. Gracias a que conocí el modo en que vivían los gitanos, he encontrado mi lugar en la vida. Propuse “Baró d’Evel” porque era la expresión que teníamos en mi casa para recordar este mundo de viajes.

‘Baró d’Evel’quiere decir ‘el gran dios’en romaní.

Es una expresión que tiene un doble sentido y por eso me gustaba. Nosotros no lo decíamos tanto en el sentido de “gran dios”, sino más bien en un sentido humorístico, de farsa, porque también es como una palabrota contra Dios. Lo que pasa es que el mundo cambia mucho y los gitanos también, y ahora en Francia la comunidad gitana se ha introducido mucho en el tema del evangelismo y hay menos sentido del humor. Si escribes “Baró d’Evel” en Google, verás una cruz evangelista. Hay una confusión en esta historia. 

¿Y cómo hizo el salto a la escuela de circo?

Muy sencillo. Yo estaba haciendo bachillerato en Eure et Loire y los alumnos empezábamos a pensar qué queríamos hacer. Durante la entrevista con la tutora, le dije lo que me gustaba. Que quería una caravana, que hacía gimnasia, tocaba música, montaba a caballo... Entonces, ella abrió un libro y exclamó. “¡Mira! Hay un Centro Nacional de las Artes del Circo donde hacen danza, acrobacia, música y teatro. ¿Qué te parece?”, me preguntó. Y yo le contesté: “De acuerdo”. Lo divertido de la historia es que ella era una sustituta y, cuando me encontré después con la profesora titular, no entendía mi decisión y secreía que era una broma. Me decía que era tonta por querer ser payasa. Pero no me importaba porque había visto el libro y además había visto Zíngaro, entre otras compañías. Sabía lo que quería pero para nada me imaginaba que pudiera existir una escuela.

¿Y en la escuela conoció a Blaï Mateu, con quien después creó la compañía Baró d’Evel?

Sí. Lo conocí durante el concurso de selección para entrar en la escuela de Rosny el primer día. Me  impresionó mucho; tenía madera de acróbata. Éramos los más jóvenes del grupo y teníamos 17 años. Me apunté sin saber nada de circo, pero como soy bastante trabajadora me puse a ello como una loca. La escuela era muy buena y allí aprendí baile y voz. El primer espectáculo que hice fue para Payasos sin Fronteras porque Blaï nos propuso hacer un proyecto el primer verano. Fue una experiencia muy fuerte ir a Bosnia durante tres semanas. El espectáculo se llamaba Os zingos y también hacía referencia a los gitanos. Después de Rosny, estuvimos dos años más en Chalons y creamos Baró d’Evel. En Chalons, éramos un grupo que queríamos hacer cosas y tener experiencias de creación. Teníamos presión y prisa por empezar por alguna cosa. Gracias también a los padres de Blaï [Tortell Poltrona y Montserrat Trias], el último verano antes de acabar el curso, fuimos al Circ Cric para ensayar y crear el primer espectáculo de Baró d’Evel que se llamaba ¿Por qué no?,que después prepararíamos para llevar de gira por Catalunya. Aprendí muchas cosas y así, poco a poco, Baró d’Evel creció.

¿Qué representó para usted conocer a Tortell Poltrona y al Circ Cric?

Me pareció un proyecto muy bonito y pensé en Coluche, que era una persona muy famosa y practicaba el arte del payaso, una cosa que ya se ha perdido. Ver que Tortell Poltrona era un payaso tan importante para la historia de varias generaciones, me impresionó. También se ganó todo mi respeto por hacer siempre el mismo clown. Siempre insistiendo, insistiendo, insistiendo [repitiendo las mismas entradas una y otra vez]. En mi juventud, pensaba: “¿Y por qué insiste siempre en el mismo sitio?”. Y después he visto que tiene un sentido y es muy profundo. Y también me gusta el hecho de que sean una pareja y que la madre de Blaï [Montserrat Trias] se haya dedicado toda la vida al mundo del espectáculo y con Poltrona tengan una historia de dúo. Esto impresiona. Con la gracia añadida de que por mi relación con Blaï me siento continuadora. Es muy agradecido.

Me dicen que el hecho de ser madre conecta mucho conla animalidad. ¿Lo ha vivido así?

Si, es verdad que es una cosa enorme para una artista. La sensación de que tu cuerpo pasa a un segundo plano, te inunda de amor y también te hace sentir miedodesi serás capaz de aceptarlo. Pero con el tiempo, te hace tocar una dimensiónde la vida muyguaiy mucho más plena. Te quita un poco la obsesión de ti misma. Y para un artista esto es muy interesante [se ríe] porque la trampa de una vida de artista es el narcisismo, que es muy importante y te puede matar.

Verla haciendo Obres en un estado muy avanzado del embarazo es una de las imágenes que más me han impresionado.

Ah, estaba de ocho meses y medio y a punto de parir. Fue muy emocionante. Cuando te encuentras en ese estado, notas una sensibilidad muy fuerte. Yo hacía un pasaje entre los bailarines y el caballo y era muy fuerte porque el caballo era superdulce y entendía perfectamente la situación. Yo no movía ni un dedo y él lo hacía todo. Me acordaré siempre de eso porque fue realmente mágico. El caballo lo sentía y me emocionaba mucho. Y después acabamos y en el momento en que toda la gente volvía a casa, rompí aguas. Tuve a Rita, mi segunda hija, durante la creación de Bestias. No sé cómo lo he hecho. Sin dormir, con un recién nacido, dando el pecho. Me ha costado años volver a recuperarme y ponerme en forma.

Y ahora tampoco paráis. Tenéis previsto estrenar dos nuevos espectáculos en el Grec Festival de Barcelona.

Estamos preparando un díptico y haremos dos espectáculos en sala seguidos. El primero con Blaï y el cuervo. El espectáculo se llama (Aquí y ahora) y es un dueto muy a pelo con movimiento, acrobacias, voz... En el siguiente, que estrenaremos en el 2019, seremos 8 o 9 con un caballo y pájaros y se llamará La Falaise. Serán espectáculos diferentes a los que hemos hecho hasta ahora porque no tenemos la misma edad ni la misma manera de ver las cosas.

El hecho de que seáis una compañía francesa de primer nivel, ¿os obliga mucho a hacer creaciones nuevas?

Tenemos ayudas del Estado y hay una realidad que pide un ritmo de creaciones bastante alto, pero la verdad es que sobre todo Blaï cada año y medio necesita crear una cosa nueva. Es guai porque son nuevas aventuras. Hacemos muchas cosas diferentes y eso pide una actividad bastante alta. Por suerte, intentamos ser siempre sinceros.

 

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