Una exposición sobre el Paralelo repasa los circos de la popular avenida barcelonesa
Una magnífica exposición en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), abierta hasta febrero el 24 de febrero con el título el título El Paralelo (1894-1939). Barcelona y el espectáculo de la modernidad, reconstruye la historia de las artes escénicas más populares durante los primeros decenios del siglo XX. Junto a los teatros, bares y barracas de feria de todo tipo, el circo jugó un gran papel. El Teatro Circo Olympia era el espacio escénico más grande de la ciudad. Ahora, esta exposición, con una presentación muy rica de objetos, recuerdos, música y espectáculo, consigue integrar la cultura popular del pasado simplemente dentro de la historia de la cultura catalana.
El Paralelo como bulevar del ocio, el espectáculo y la diversión pertenece a la historia de Barcelona y de su cultura. Pero en muchos aspectos es todavía un gran desconocido. Sus arquitecturas, sus personajes, los espectáculos, la prostitución y la creación artística son sólo algunos aspectos de la vida intensa de esa arteria barcelonesa y de sus alrededores. Los comisarios de la exposición, Xavier Albertí y Eduard Molner, insisten en denunciar que, mientras en Francia no es necesario explicar a nadie quiénes eran Maurice Chevalier, Mistinguett o Joséphine Baker, tanto en Barcelona como en Catalunya casi nadie sabe quiénes eran Mercè Seròs, Pilar Alonso, La Cachavera, José Fola Igúrbide, Manuel Sugrañes, Joaquim Montero o el Amichatis. Restituir todo este patrimonio cultural popular es uno de los retos de la exposición.
Sebastià Gasch en su libro de memorias El Molino, de 1972, nos describe el Paralelo del cambio de siglo: "En las primeras décadas de este siglo, el Paralelo tenía una categoría internacional. Era el Montmartre, el Broadway, de la Ciudad Condal. No había en ninguna ciudad del mundo un barrio –una avenida, para ser más exactos–, con tanto bullicio, con tanta alegría, con tantos espectáculos a la vez, empezando por la calle… Teatros, teatrillos, cafés conciertos, restaurantes, cafés, tabernuchos… había de todo y para todos los gustos.
Uno de los espectáculos más alucinantes de Barcelona nos lo daba el Paralelo. El Paralelo resumía su destino al ofrecer una de sus manos a la barriada obrera de Hostafrancs, con las columnas llenas de humo de su poderío industrial, y la otra al antiguo mar de Ulises, lleno de palos alegremente empavesados con banderas y gallardetes de todos los colores. Si por aquel brazo se remataba con un himno al trabajo, por este otro se abría a la esperanza de su mar, dispuesto a entregarse en seguida a la marinería de ojos negros y cabellos oscuros que quería correr la aventura en esta vía urbana estremecida por todos los vientos y con la música de todas las sirenas del puerto".
Teatro Circo Español, el primer teatro
El primer gran teatro que se instala en aquel final de siglo XIX al Paralelo es el Teatro Circo Español, dedicado principalmente a la pantomima. Allí se hizo famosa una saga de aquellas que desgraciadamente hemos olvidado y a la que ahora vuelve un recuerdo reivindicativo justo: los Onofri. Cuando llegan en el Teatro Circo Español, en 1898, ya eran conocidos en el Teatro Circo Barcelonés de la calle Montserrat. Esta troupe de origen marsellés nos dice mucho de cómo eran aquellas familias. Lea los nombres: Otelo Onofri, el primer actor, hijo de Temístocles y hermano de Aquiles, Poliuto, Telémaco, Orestes, Andrómaca y Argia. El grupo hacía de todo, teatro y mimo, pero también efectos especiales, decorados y vestuario. El seguimiento de la actualidad era una cualidad del grupo: después de la muerte de Dominguín, representaron La muerte del torero; y después de la guerra de Cuba, Cubana o la muerte de Maceo.
En estos contextos y en medio de paradas como la del Gran Cinematógrafo Paralelo, o la del mago ilusionista Francesc Roca, quien también hacía un espectáculo de ventriloquia muy célebre y el entonces remarcado y muy comentado Espectáculo de la Guillotina, cuya excitación venía aumentada por el rótulo que decía "Rogamos se abstenga de asistir a la decapitación si padece del corazón", en este contexto, pues, el circo, como desafío humano contra lo imposible y como espectáculo muy popular y relativamente reciente en la ciudad, tomó un lugar de excepción.
La gente también iba al Paralelo para ver circo; aunque el circo nunca fue hegemónico en los teatros de la avenida. En realidad, el primer local escénico construido en Paralelo fue un circo, el Circo Español Modelo, que tras un incendio se convirtió en el Teatro Español. El circo era, en cambio, muy presente en la calle incluso antes de tener un local propio, en las barracas de feria, con espectáculos y números muy variados, arriesgados, exóticos, inclasificables, exhibiciones que la gente consideraba fuera de la normalidad. En general, en los locales más diversos el circo alcanzaba una presencia con números propios dentro de los espectáculos de variedades y de las revistas.
Teatro Circo Olympia, el más grande de Europa
El 4 de diciembre de 1924 se inauguró el Teatro Circo Olympia, el "Liceo del Paralelo", el espacio escénico más grande de la ciudad y de toda la península, en forma de anfiteatro, con seis mil localidades, de las cuales tres mil estaban en el patio de butacas, y con la tecnología escénica, maquinaria y luminotecnia más avanzadas de la época. El escenario era de grandes dimensiones (trece metros de embocadura por nueve de altura). Destacaba arquitectónicamente la cúpula y el uso estructural del hierro. La pista de circo se podía transformar rápidamente en una piscina circular de las más grandes de Europa con trescientos mil litros de agua, para hacer espectáculos acuáticos. Vivió hasta el 24 de febrero de 1947 y fue derrocado al año siguiente.
La arquitectura exterior del teatro-circo dominaba el paisaje del bulevar que ocupaba la esquina de la Ronda de Sant Pau (número 27) con la calle Aldana y todo el cruce del chaflán de la Ronda y el Paralelo. El edificio fue proyectado por Francesc Folguera y construido por Juan Artigas y Campà. La fachada tenía un estilo novecentista, decorada con pilastras y elementos clásicos de estuco y terracota y coronada por un frontón triangular con ojo de buey. El interior tenía un estilo grandilocuente que en cierto modo anticipaba el Gran Salón o espacio oval del Palacio Nacional de Montjuïc de la Exposición Internacional de 1929.
La presencia de una arquitectura novecentista de este tipo dominando el Paralelo es un hecho muy interesante en el contexto del debate arquitectónico barcelonés de los años que precedieron la Exposición del 29. Monumental, académico y sobrio, el estilo, sobre todo en el exterior del teatro parece haber querido integrar la función polivalente y popular en el marco de la ideología arquitectónica más bien burguesa y acomodada que sustituía el Modernismo en las esferas biempensantes de la cultura del país.