Pere Hosta: la valentía de ser payaso

Pere Hosta: la valentía de ser payaso
Woof, de Pere Hosta

¿Cómo encender una bombilla solo con las manos, abrir las puertas a otros mundos o provocar la sonrisa de una persona desconocida? Algunos oficios no revelan su verdadero impacto de inmediato, pero su importancia se vuelve evidente con el paso del tiempo. El del payaso es uno de ellos.

Pere Hosta se dedica al mundo del clown desde hace 20 años, tiempo en el que apasionadamente ha llevado a cabo una profunda investigación sobre este arte y oficio.

Recuerda que desde pequeño ha sido el típico del cole que contaba chistes y hacía reír. “Quería ser serio, pero no me salía”, confiesa. 

Luego vinieron las clases de teatro y clown con Pep Vila, Virginia Imaz, Claret Papiol y Berty Tovias, quienes, cada uno a su manera, aportaron su granito de arena y marcaron el inicio del camino de Pere hacia su propio clown.

Cuando lo contó en casa, su padre valoró positivamente su decisión de dedicarse al clown, pero le advirtió: “Muy bien, Pere, pero estudia también, ¿eh?”

Así comenzó todo un camino lleno de pruebas y descubrimientos. “Me di cuenta de que me siento a gusto sin forzar nada, porque eso también es importante”, explica.

Ver lo invisible

Según Pere Hosta, el clown es un curioso e incansable explorador de la vida cotidiana. “Observamos el mundo a través de una mirada cómica y actuamos como un espejo. Pasan tantas cosas, y nos fijamos en aquello a lo que los demás no prestan atención”.

De contemplar el mundo, al salir al escenario asegura que su centro de atención cambia: “Cuando salgo, hago un escáner rápido del público que tengo hoy, a ver por dónde irá, y empiezo a surfear. También me fijo en el aquí y ahora. Bueno, aquí estamos… ¿Qué hacemos? ¿Vamos a jugar?”.

Pere asegura que la labor del clown consiste en emocionar. Y a través de la emoción puede provocar risas, generar calidez e incluso arrancar una lágrima o tocar la ternura. “El clown es transparencia humana: la búsqueda constante de sinceridad y vulnerabilidad”. Es en ese reflejo en el público donde surge la magia: te reconoces a ti mismo y, al mismo momento, te ríes o te emocionas.

Con el tiempo, el payaso aprende a reírse de muchas de las experiencias que ha vivido. “Tuve un maestro de clown que me decía: “Tranquilo, Pere, ya llegarás”, recuerda. El payaso es como el vino: necesita fermentar, y así puedes saborearlo mejor”.

Lumiero: un desafío radiante

El nuevo reto de Pere Hosta es interpretar al coleccionista de luz, Lumiero, en el espectáculo de La Menuda Compañía, dirigido a espectadores de 0 a 5 años, recién estrenado en Temporada Alta.

“Después de 20 años ejerciendo el mismo oficio, siento que estoy en plenitud: salir al ruedo y tener la confianza de que el espectáculo va a llegar, de una manera u otra, a través de tu propia manera de hacer. Y eso es exactamente lo que ocurre con Lumiero”.

El payaso, la sociedad y la nariz roja

En estas dos décadas, el oficio del clown ha conseguido afianzar su presencia y ganar reconocimiento en la sociedad. Aunque aún queda camino por recorrer, la percepción de su arte ha cambiado. “Recuerdo que, cuando empezaba, en las tarjetas de visita ponía “actor”. Y ahora pongo “payaso” y la gente me dice: “¡Ah, qué guay!”. Ha cambiado el respeto que estamos construyendo entre todos los payasos y payasas que están ahora en acción”.

También a muchos payaso se les ha caído la nariz roja, “la máscara más pequeña del mundo”. “Yo utilizo las gafas como elemento de transformación: con Lumiero llevo unas, y con Woof , otras. Es una característica que quiero mantener, porque creo que la mirada también es muy importante”.

El humor a través del dibujo

Para Pere, el dibujo es una de sus maneras más propias de dar forma a su humor. “Empiezo sin saber qué haré. Este personaje que protagoniza mis dibujos es como mi alter ego: cuenta cosas que pueden pasarnos a todos y también a mí, como a Pere. No lo hago desde mi clown; aunque tampoco está muy lejos, ¿eh?”.

Colaboraciones que inspiran nuevas miradas

La trayectoria de Hosta está marcada por colaboraciones con artistas de circo, clown y teatro de calle que han dejado una profunda huella en su camino. En su primer espectáculo de calle, Postal Express, trabajó con Pierre Pilatte y Sophie Borthwick; gracias a ellos descubrió la calle desde otra perspectiva: la del humor. Más adelante, en su espectáculo Open Door, volvió a formar equipo con ambos.

“En cada espectáculo intento colaborar con alguien cuyo trabajo admiro. Con El Pàjaru trabajé con Manel Trias, de Zotal Teatre; con Jordi Aspa en Disorder, con Leandre ahora en Woof. También con mi amigo Toti Toronell en Slow Olou. Al final llegas siempre a la misma conclusión: todos te ayudan a ser tú mismo. Los personajes cambian, pero la piel es la misma”.

Además de todos estos artistas que todavía permanecen en activo, también menciona al mimo, director y actor francés del siglo XX Jacques Tati (1907-1982) como su verdadero referente y una inagotable fuente de inspiración.

Woof: improvisación con madurez cómica

Entre sus últimas creaciones, Woof es el mejor resumen de lo que quiere mostrar como artista, reflejando su búsqueda de madurez como payaso. 

Improvisación, presencia y juego. “Me encanta el aquí y ahora. Ver qué ocurre. En este espectáculo puedo ser más yo, más libre. Cuando me siento vivo, creo que al público le gusta; es aquí donde yo, como Pere Hosta, muestro mi punto fuerte”.

Confiesa que la improvisación a veces implica un cierto grado de sufrimiento. “Cuando tu espectáculo se comparte, se convierte en un juego, y ahí es cuando a veces sufres un poco. Pero bueno, todo eso suma: es mochila y también recursos. Al final, siempre termino disfrutando. Y cuando tienes un bolo durísimo y, al final, se te acerca alguien que no conoces para decir: ‘Muchas gracias, de verdad, me has hecho reír mucho’, piensas: ‘¿En serio?’. Entonces dices: ‘Pues ya está’, y todo se te pasa”.

El payaso de Girona

Nacido en Girona, Pere Hosta suele ser reconocido en las calles de su ciudad. Este año participó en el pregón de las Fires de Sant Narcís, invitado por el Centre Arts Escèniques El Galliner, donde fue profesor durante muchos años. Aprovechó el momento para hacer, en clave de humor, un poco de crítica social sobre la convivencia con los entusiastas de la bicicleta: “Hay tantos ciclistas de primer nivel que casi te obligan a apartarse”.

Y no es la primera vez que transmite un mensaje desde el clown. “Siempre hay un toque de ironía en los espectáculos, sobre todo en Disorder, donde interpreto a un funcionario. Todo lo que se diga con una sonrisa se acepta mejor”.

Una década mirando al futuro

Cuando imagina su futuro, se ve sobre los escenarios, en la calle, en cualquier lugar donde pueda actuar. Últimamente está involucrado en proyectos de dirección, que también lo apasionan. “Dirigir es guiar, acompañar, mostrar y enseñar desde el humor de la compañía o de la persona con la que trabajas. Mientras pueda seguir moviéndome, allí estaré”.

La conclusión surge natural: 

“Es genial poder dedicarme a esto y decir: ‘Esto es lo que hago’. Es un auténtico premio”.

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