People Watching inaugura Riesgo

People Watching inaugura Riesgo
'Play dead' de People Watching. Foto: Damian Siqueiros

People Watching dará el pistoletazo de salida a la segunda edición de Riesgo. Festival de Circo de la Comunidad de Madrid que tendrá lugar en los Teatros del Canal del 12 de febrero al 1 de marzo.

El festival, que pone el riesgo como protagonista, persigue demostrar que el circo actual amplia su imaginario para dirigirse al público juvenil y adulto, con propuestas híbridas que dialogan con otras artes como el teatro, la danza o las artes vivas.

Acrobacias, malabarismos, manipulación de objetos, danza, teatro, música en directo tejerán hasta el 1 de marzo historias repletas de poesía y humor en seis montajes de España, Bélgica, Francia, Suiza y Canadá, cuatro de ellos de estreno en nuestro país.

Dos citas imperdibles para empezar

La compañía People Watching, creada en plena pandemia mundial de la COVID por seis artistas que se habían conocido en la escuela de circo de Montreal, presenta su primera creación: Play Dead (Hacerse el muerto).

La obra lleva a cabo un experimento onírico donde las disciplinas de cada artista (malabarismo, acrobacias, trapecio) se combinan, entrelazan y fusionan en un escenario que semeja una sala de estar. Allí se reúnen los personajes de la obra para, contar a través de sus cuerpos y sin palabras, pequeñas historias tan cotidianas como surrealistas.

La acrobacia del más alto nivel se fusiona con la poesía y el humor. Los artistas saltan, caen, vuelan, bailan sobre botellas de champán, hacen girar platos sobre varillas… Reflexión sobre el ocaso de la juventud y las incertidumbres, los ideales viciados y el regocijo que esa edad encierra, Play Dead celebra, no obstante, la vida como un baile perpetuo, con un deseo de conectarse con los demás y compartir la intimidad.

La interacción del público es crucial para la construcción del riesgo de Der Lauf (La carrera)

A continuación, el 14 y 15 de febrero llegará el momento del mundo absurdo de Der Lauf (La carrera), de la compañía belga Les Vélocimanes Associés, obra que significa su estreno en el Estado español y que en boca de sus creadores: “No es un espectáculo sino una serie de experimentos inútiles”.

Presentado en 2018 en coproducción con el Cirque du Bout du Monde, su atmósfera hace pensar en las películas de David Lynch, con sus personajes estrambóticos y situaciones extrañas, como las que protagonizan en Der Lauf sus dos personajes, con las cabezas ocultas bajo cubos.

Y así, a ciegas, con la guía de los espectadores, ejecutan sus números de malabarismo: hacen girar platillos situados en lo alto de varillas, se retan a un duelo enfundados en guantes de boxeo o lanzan bolas contra el otro para intentar derribar un objeto que este lleva sobre su cabeza. 

DelsAltres representa a España en Riesgo

La atmósfera lynchiana se prolonga en el teatro y circo sin palabras de Bürstner’s Club (19 y 20 de febrero), la aportación española a la segunda edición de Riesgo. Es el primer proyecto de gran formato de la compañía valenciana DelsAltres, fundada por Eleonora Gronchi y Pablo Meneu. 

Una obra inspirada en la vida comunitaria de las compañías de circo itinerantes en la que todo sucede durante una noche, como en un sueño. Los números de circo de alto virtuosismo se entrelazan con escenas cotidianas, en las que los personajes viven el miedo a la soledad, la angustia ante el vacío, la complejidad de sus relaciones de pareja.

Road movie circense

El 21 y 22 de febrero el festival continúa con Pandax, un espectáculo de carpa adaptado a sala en formato circular que si fuera una película sería una road movie; pero como es circo, le cuadraría más precisamente la definición de road circus.

La historia se le ocurrió a la compañía franco-suiza Cirque la Compagnie, fundada en 2014 mientras sus miembros cursaban los últimos años de estudios en la Escuela Nacional de Circo de Montreal.

Como en las road movies, Pandax describe un viaje de carretera. En un Fiat Panda viajan cinco hermanos de regreso del funeral de su padre, que ha sido incinerado. A los cinco les une el padre, claro, pero no la madre. No todos son de la misma madre. Con ellos llevan la urna que conserva las cenizas de su progenitor. Y de repente ocurre un accidente. Brota entonces un momento de locura circense.

Entre peleas y reconciliaciones, los cinco hermanos se lanzan a una secuencia de acrobacias con báscula, palo chino, lanzamiento de cuchillos, escaleras autoportantes y escalera de tijera para homenajear al circo antiguo con los códigos del circo actual.

Un trío de músicos interpreta en directo la banda sonora de Pandax, con música electroacústica inspirada en Goran Bregović, en el klezmer (música festiva judía) y en el jazz.

La yurta de Takakrôar

Una intensa amistad une a Dimitri Lemaire, Charly Sanchez y Louison Lelarge, tres de los fundadores de la compañía francesa Takakrôar.

Y esa ligazón se traspasa a su creación escénica. La complicidad, el perfecto engranaje dramático, filosófico y el humor que derrochan en Si c’est sûr c’est pas peut-être (Si es seguro, no hay duda) es una decantación de su inventiva musical (pues los tres son músicos), teatral y circense, que presentan en el festival el 26 y 27 de febrero.

Sus personajes comparecen en escena dentro de una yurta, hablan, proponen hacer un espectáculo de acrobacias. Empiezan a rasguear una guitarra a seis manos. Y en medio de la especie de locura que montan, suben a la rama de un árbol a tomar té.

Se hacen preguntas, se emocionan… mientras hacen acrobacias. Con este espectáculo, aseguran, quieren subvertir la vida cotidiana de sus tres personajes mediante el absurdo. Y así se embarcan en actuaciones inverosímiles (como hacer malabares besándose) y desafíos asombrosos (como tocar la guitarra boca abajo).

Riesgo hasta el final…

Como otros espectáculos de la segunda edición de Riesgo, la idea de la creación en común recorre Le complexe de l’autruche (El complejo del avestruz) de Collectif d’équilibristes, que cierra la segunda edición de Riesgo el 28 de febrero y el 1 de marzo.

Fundada en Francia en 2010 a partir de las relaciones de amistad y complicidad de varios artistas de circo contemporáneo, la compañía gala ha hecho de la verticalidad, el equilibrio sobre manos (una disciplina habitualmente solitaria), su terreno de juego y creación, un acto coral, coreográfico y casi filosófico. Y este espectáculo es su máxima expresión. Ironiza con esa idea que expresa su título de esconder la cabeza como un avestruz, es decir, desentenderse de las cosas, no implicarse.

Sus nueve artistas le dan la vuelta al dicho con humor, de modo que en lugar de rehuir el mundo lo miran de frente, pero desde una posición invertida. Así, caminan, se mueven, se apoyan unos a otros sobre las manos en un equilibrio perfecto, coreográfico de cuerpos en tensión que oscilan entre el riesgo y la calma, entre el control y el temblor.

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