De Narnia al Liceu: un sueño de ópera y circo [La Torre dels Somnis, Gran Teatre del Liceu]
El País de las Maravillas, Narnia o el País de Nunca Jamás comparten, curiosamente, algo más que su condición de territorios fantásticos habitados por personajes extraordinarios: son refugios para quienes, en algún momento, se han sentido perdidos en el mundo cotidiano.
El director Lluís Danés, con textos poéticos y filosóficos de Alguer Miquel y música de Puccini, nos invita a descubrir un nuevo universo onírico: el de La Torre dels Somnis. Una isla imaginaria donde grandes y pequeños recuerdan una verdad esencial: no somos aquello que nos ocurre, sino lo que decidimos hacer con ello.
A diferencia de otros mundos fantásticos, este tiene una dirección bien concreta. La Torre dels Somnis habita el escenario del Gran Teatre del Liceu y, antes de que llegue el verano, todavía queda una última oportunidad para visitarlo: el próximo 20 de junio.
La propuesta entrelaza ópera y circo para narrar la historia de una niña, interpretada por Èlia Fort, que se siente perdida y encuentra, en el momento oportuno, el mundo de la Torre dels Somnis. Allí conoce a otros habitantes que han aprendido a confiar en su propia singularidad.
Uno de ellos es el personaje de Nico Pastén, que antes de que se alce el telón, abre el espectáculo con un número de verticales en el que parece resistir a la deriva de un naufragio. Sostenido únicamente sobre sus manos, desafía la caída y convierte el equilibrio en una metáfora de la supervivencia. Más adelante regresa con una pieza aérea en la que su único punto de apoyo es un elegante candelabro que flota sobre el escenario.
También desde las alturas, Martina Covone interpreta un delicado ejercicio de cuerda lisa. Ligera y fugaz, con una naturalidad que parece desafiar el esfuerzo, combinando una técnica impecable con una sensibilidad exquisita.
La culminación de esta secuencia aérea llega con el trapecio doble de Toni Gutiérrez y Asvin López. Los acróbatas muestran una complicidad poco común y un lenguaje propio construido en el aire. Su propuesta, original y absolutamente auténtica, se gana una de las ovaciones más cálidas del público.
La celebración concluye con Amanda Wilson y su número de suspensión capilar. Sobrevolando el escenario, la artista desafía las leyes de la gravedad de este territorio imaginario, prolongando hasta el último instante la sensación de hallarse dentro de un sueño.
Acostumbrados a encontrar el circo en calles y plazas, fascina contemplarlo en un escenario como el Liceu, donde no siempre está claro cuando termina la realidad y empieza el sueño.