Tripijoc Joc Trip: el Circo Contemporáneo catalán cumple 50 años

Tripijoc Joc Trip: el Circo Contemporáneo catalán cumple 50 años

Hoy, 6 de octubre de 2026, hace exactamente cincuenta años que, en una carpa levantada en la explanada dels Caputxins del barrio barcelonés de Sarrià, se estrenaba el espectáculo de la compañía La Tràgica, Tripijoc Joc Trip, el primer espectáculo catalán de la modalidad que hoy llamamos Circo Contemporáneo.

La Tràgica estaba formada por diez actores procedentes de la Escola de Teatre de l’Orfeó de Sants que, junto con otros compañeros de la misma escuela, en 1975 habían representado con gran éxito de público y crítica La Setmana Tràgica (con dirección de Lluís Pasqual, espacio escénico de Fabià Puigserver y asesoramiento histórico de Guillem-Jordi Graells), un espectáculo basado en la revuelta popular vivida en Barcelona y gran parte de Cataluña en julio de 1909 como protesta por la guerra colonial española en Marruecos.

Después de aparecer en diversos dramáticos del Circuito Catalán de Televisión Española (TVE) y en algunos capítulos de Terra d’escudella, La Tràgica empezó a crear el espectáculo Tripijoc Joc Trip, simultaneando los bolos de La Setmana Tràgica con el inicio de la nueva creación.

Los diez actores mencionados eran Fuensanta Alonso, Albert Argimon, Núria Fàbregas, Jordi Jané, Toni Langa, Quim Lecina, Marta Mas, Àgata Moragues, Manel Monroy y Paco Rodríguez (a los que más adelante se incorporarían los músicos Xavier Soler –el futuro Dr. Soler– y Josep Palomas).

Hacia el final de la explotación del espectáculo (que realizó una extensa gira por Cataluña) se incorporaron a la compañía el ex Comediants Joan Armengol, Berta Cabré y Núria Soler, sustituyendo, respectivamente, a Paco Rodríguez, Marta Mas y Àgata Moragues.

Aunque presentaba trapecio fijo, equilibrios y acrobacias en el suelo y en el trampolín, el objetivo inicial de Tripijoc Joc Trip era demostrar que el payaso, con su particular filosofía de vida y sus salidas aparentemente inocentes, conserva mucho de la pureza y la astucia del niño que fue: el payaso es un adulto capaz de regresar a la infancia y recuperar su mirada limpia, libre y espontánea.

Con este objetivo, el grupo se propuso presentar seis payasos augustos (y dos clownesas) que, con su natural indefensión, se enfrentaran a las estructuras de poder de la sociedad establecida. Por eso, las diferentes escenas del espectáculo eran situaciones de la vida cotidiana (un autobús, una manifestación, un hospital, un paseo por la Rambla de Barcelona, etc.).

Método de trabajo

La Tràgica adoptó una fórmula de trabajo que hoy es habitual, pero que entonces resultaba innovadora: un proceso abierto de creación, en el que iban poniendo a prueba y afinando la obra ante el público (el sistema que hoy se conoce como work in progress).

Por otro lado, contaron con el apoyo de miradas externas —es decir, con comentarios y opiniones de personas ajenas a la compañía—. Entre ellas se encontraban algunos de sus exprofesores de la Escola de Teatre de Sants, como el dramaturgo cubano Manuel Reguera o el polaco Pawel Rouba, pero también amigos y conocidos de la compañía, como el dramaturgo, director y crítico teatral Santiago Sans, el crítico teatral Joan de Sagarra o el cineasta Joan Potau.

El grupo llevó a cabo un proceso de investigación sobre el universo de los payasos, combinando el estudio teórico con la experimentación práctica. Trabajaron muchas entradas recogidas por Tristan Rémy en Entrées clownesques; repasaron las biografías y las técnicas de referentes universales como Grock, Charlie Rivel o los Fratellini; estudiaron a los grandes maestros del cine cómico (de Charlot a Keaton, de Laurel y Hardy a los hermanos Marx y Woody Allen). Y, por supuesto, se dedicaron a ver el máximo posible de espectáculos de circo.

También recurrieron a la experiencia de personas vinculadas al mundo circense. Conversaron largamente con el coleccionista y teórico Josep Vinyes, profundizaron en la acrobacia y la pantomima con su exprofesor polaco Pawel Rouba y, paralelamente, diferentes integrantes de la compañía aprendieron a tocar algún instrumento (batería, percusión, saxo y violín), que complementarían el piano eléctrico y el acordeón de Xavier Soler y el bajo eléctrico de Josep Palomas. Y, a la hora de montar las coreografías, trabajaron con un jovencísimo Cesc Gelabert.

La experimentación con el público fue otra pieza clave del proceso. Durante unos cuatro meses presentaron algunas de las entradas de payasos recogidas en Entrées clownesques por diferentes barrios de Barcelona, que les servían para comprobar las reacciones tanto de los niños como de los adultos y para ir profundizando en las personalidades del augusto y del clown. Al mismo tiempo, cada miembro de la compañía iba descubriendo con cuál de los dos personajes (augusto o clown) se sentía más identificado y construía la base de su propio payaso.

A continuación, adoptaron una metodología de trabajo basada en la improvisación. Escogían un tema y creaban escenas que iban recogiendo en unos cuadernos: mientras unos ensayaban, otros tomaban notas. Una vez estructuradas, descartaban las que no acababan de funcionar o con las que no se sentían cómodos. Las que superaban este proceso eran interpretadas por diferentes miembros de la compañía, para comprobar qué podía aportar cada uno y enriquecerlas con elementos nuevos.

Fue un proceso basado en la confianza absoluta entre ellos y en una exigencia estoica. Cada día, de cinco y media de la tarde a diez de la noche, ensayaban, improvisaban, creaban. La dirección era compartida por Paco Rodríguez (que había sido ayudante de dirección de Lluís Pasqual en La Setmana Tràgica) y Quim Lecina, quien después sería uno de los actores elegidos por Lluís Pasqual y Fabià Puigserver para el Teatre Lliure.

El espacio escénico

Como La Setmana Tràgica, Tripijoc Joc Trip no estaba pensado para un escenario. La idea del espacio fue elaborada conjuntamente entre la compañía y el artista plástico Marcelo Grande (también autor de los figurines, las máscaras y las esculturas de papel maché del espectáculo).

La acción transcurría en diversos ámbitos distribuidos por la sala: una pista elevada (a la que los artistas accedían mediante dos rampas posteriores) que estaba dotada de una cama elástica sobre el que se alzaba un pórtico con trapecio. Otro espacio de la sala simulaba un bar donde se refugiaba de vez en cuando algún personaje (la camarera era una escultura de cartón piedra, también obra de Marcelo Grande).

También había un escenario diminuto, situado frente a la pista, donde se representaban escenas como una parodia de Hamlet, un número de music-hall o donde irrumpía la Dimònia (Diablesa) dels Pastorets, que, después de preguntar con voz de trueno «¿Dónde está este Mesías del que tanto habláis?», desaparecía avergonzada.

Seis payasos augustos

· La pareja Pitu y Nanu, dos empapeladores a los que les tiraba mucho la bebida, siempre iban un poco borrachos y nunca acababan el trabajo.

· La Belle Poupée, una veterana cupletista muy flojita que, en cambio, evocaba su pasado como si hubiera sido esplendoroso y acababa muriendo en escena después de recibir un homenaje.

· Florència y Manolu, una pareja que no paraba de copular una y otra vez hasta que la policía los detenía. Recluidos en el hospital, unos sexólogos investigadores los utilizaban como conejillos de Indias.

· Naïf, un augusto excéntrico, mudo y enamoradizo, dotado de una cualidad urológica diferencial que le ocasionaba frecuentes problemas con la policía, que finalmente lo encarcelaba para explotarlo comercialmente.

El Monsieur Loyal

El siempre omnipresente presentador del espectáculo se llamaba Frederik Langsbruk (una mezcla de Monsieur Loyal y The Emcee, el maestro de ceremonias de la película Cabaret). De gestualidad exagerada, elegante y caricaturesco a la vez, llevaba sombrero de copa, vara y capa negra forrada de rojo.

Al final del espectáculo, y después de una escena en la que se mostraba el destino trágico de cada uno de los seis augustos, Frederik Langsbruk se despedía del público sentado en lo alto del trapecio, se disparaba un tiro y caía sobre el trampolín.

Después de unos segundos de oscuridad total, la sala se iluminaba esplendorosamente y comenzaba una fiesta que hacía levantarse al público de las sillas y ocupar por completo el espacio escénico, mientras la Tripijoc Band y algunos actores desgranaban un repertorio de éxitos de los años 60 como El rock de la cárcel, Popotitos, Mambo número 8, canciones melódicas como Camino verde y Cuando vuelva a tu lado o cuplés tradicionales, como La balladora y Les caramelles.

Los porrones de vino pasaban de mano en mano y la juerga borraba cualquier distancia entre los espectadores y los artistas.

Un guiño dramatúrgico

La aparición de la Dimònia dels Pastorets formaba parte de otro de los rasgos innovadores que La Tràgica incorporó a la dramaturgia de Tripijoc Joc Trip: la aparición efímera de personajes insólitos que, como una estrella fugaz, irrumpían en momentos concretos del espectáculo (un típico gondolero veneciano exageradamente seductor, un caballero medieval con gorro y bata de dormir que perseguía lujuriosamente a una dama medieval, la Muerte, una majorette, un brujo de mal agüero, etc.). Estas interrupciones cortaban el ritmo de la acción, de modo que servían tanto de contrapunto como de ilustración o de punto final de una escena.

Estas apariciones relámpago fueron descritas así por Joanic Alegret:

«[…] hay, además, unos toques surrealistas con unas figuras que, más de una vez, atraviesan corriendo el teatro. Unas son una dama medieval, grotesca y pechugona, tocada con un sombrero de cucurucho de papel, que chilla perseguida por un caballero. Otra es la Violència Feixista (Violencia Fascista), vestida con predominio del color negro, desplegando, aterradora, las alas de su amplia capa. No corre ni da miedo, en cambio, el Dimoni dels Pastorets, vestido de un rojo tirando a rosa, que, bonachón, pide disculpas por haberse equivocado de función.»

Alegret, Joanic, “De com tots vàrem fer el pallasso”. Presència, Girona, 23/04/1977, p. 26.

Y, a raíz del estreno de Tripijoc Joc Trip, el crítico teatral Joan Anton Benach escribía:

«Quizá Tripijoc Joc Trip sea un trabajo ‘histórico’, dentro de la modestia de una historia que en uno de sus renglones un día escribe Ronda de mort a Sinera y otro día Cruel Ubris o Mary d’Ous. Muchas sugestiones se dan cita en este espectáculo de La Tràgica: ciertamente, Els Joglars, Brossa, el mundo del circo, Comediants, Foix, una clara tendencia al surrealismo en diálogo constante con la imaginería de nuestras fiestas populares».

*** Fotografías: Archivo Jordi Jané

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