Un coche, cinco acróbatas y una urna de cenizas [Pandax, Cirque La Compagnie]
En la segunda semana del Festival Riesgo, ha visitado los Teatros del Canal la compañía franco-suiza Cirque La Compagnie con Pandax, una propuesta que ellos mismos definen como road circus, en homenaje a las road movies.
Fundada en 2014 por artistas formados en la Escuela Nacional de Circo de Montreal, la compañía ha recorrido desde entonces distintos países con varias creaciones premiadas. El espectáculo que han traído a Madrid suele representarse en su propia carpa, que instalan en las ciudades que visitan, un formato que defienden por la cercanía que permite con el público.
Pero en esta ocasión Pandax no se presenta en su carpa habitual, sino en la Sala Verde con una grada de madera clara dispuesta en forma circular y tres alturas de bancos, una configuración poco frecuente en este teatro (y que se agradece).
En el centro del espacio se alza un mástil; en un lateral, un hito kilométrico. Dos pequeños estrados elevados a unos dos metros de altura completan el círculo: en uno se sitúa el equipo técnico y, en el opuesto, al que se accede por una larga escalera, el elenco femenino responsable de la música en directo, que interpreta durante casi toda la obra una partitura entre el folk y el klezmer, con influencias reconocibles de Goran Bregović, además de numerosos efectos sonoros.
La obra arranca con un viaje en coche (segundo automóvil en lo que llevamos del Festival Riesgo: en Bürstner’s Club ya aparecía otro). Desde debajo del módulo técnico emerge un destartalado Fiat Panda —de ahí el título del espectáculo— con cinco hombres en su interior.
El vehículo da vueltas por la pista mientras los intérpretes ejecutan el primer número del espectáculo, de forma ágil y precisa, entrando y saliendo por las ventanillas, trepando por el techo o atravesando el coche por todos sus huecos.
Pero un accidente lo altera todo, y a partir de ahí se sucede la confusión, las peleas y las reconciliaciones. Se golpean con las puertas y el techo, aplastan el capó y convierten el automóvil en un verdadero aparato circense.

En lo alto del coche, atada con una cuerda, viaja una urna de cenizas. Según la sinopsis, la obra relata el viaje de cinco hermanastros que regresan del funeral de su padre, quien parece haber sido un famoso lanzador de cuchillos, como indica el cartel que cae desde los bajos del coche y que más tarde sirve de diana para el número correspondiente. (Por cierto, en esta ocasión uno de los avisos al espectador en la web del espectáculo es que se lanzan cuchillos; como se ha comentado otras veces, cada día se multiplican más las advertencias al público, no se sabe muy bien con qué motivo.)
En realidad, conocer o no este punto argumental resulta casi irrelevante: cinco personas con una urna bastan para construir una ficción y anunciar un ritual de despedida. Y, como dicta la tradición escénica, cuando en escena aparece una urna con cenizas, estas no van a permanecer mucho tiempo dentro: en Pandax vuelan, se derraman por el suelo y se convierten en un gag recurrente (de ese detalle, por cierto, no se advierte en la web).
La música suena casi sin interrupción y acompaña el desfile de números: portes acrobáticos a tres alturas sobre el techo del coche —sorprende comprobar cuánto aguanta el chasis, con todo lo que sucede sobre él—, equilibrios sobre escaleras que desembocan en lo alto del vehículo, un dúo unido por una cuerda suspendido sobre el Panda, números de mástil chino (llegan a subir los cinco), un delicado baile entre un acróbata y la lámpara que cuelga del mástil, un número de lanzamiento de cuchillos que no sale exactamente como se espera —o quizá es que el número era así— y, como cierre, un número de báscula ejecutado por los cinco intérpretes con elegante sincronía.

Pandax es una propuesta trepidante y divertida que combina riesgo con humor en una situación reconocible llevada al extremo. Es uno de esos espectáculos para los que conviene haber comprado la entrada con mucha antelación, ya que el reducido aforo —como en varios de los espectáculos de Riesgo— ha dejado a parte del público fuera. Tal vez para futuras ediciones se podría pedir que en las propuestas de poco aforo se hagan más pases.