Marina Barceló: un año y sin respuestas
Un año después, siguen sin llegar las respuestas. Todo permanece como aquella fatídica tarde del 27 de septiembre de hace un año, cuando la artista mallorquina de 26 años Marina Barceló murió tras caer del trapecio durante una función del circo Paul Busch, en la localidad alemana de Bautzen (Sajonia).
Desde el primer momento, los padres de la joven acróbata, Mayte Cerdà y Gabriel Barceló, intentaron averiguar qué había provocado el accidente mortal. No han cejado en su empeño, aunque hasta ahora lo único que han recibido por parte del circo y de la justicia alemana han sido numerosos portazos.
Según los padres, el circo no ha hecho nada por ayudarles a esclarecer lo ocurrido. Además, todavía tiene pendiente pagar los tres días de trabajo que, poco después del accidente, se comprometió a abonar.
Los padres se aferran ahora a la vía judicial. Han presentado un recurso contra el reciente archivo de la causa por homicidio imprudente y están dispuestos a seguir luchando hasta demostrar que Marina era una falsa autónoma.
Mayte Cerdà, madre de Marina, lo tiene claro: «No puedo consentir que piensen que mi hija fue una imprudente. Quizá no consiga nada, pero no quiero que piensen eso de ella. La esperanza es lo último que se pierde».
La familia quiere saber si la muerte de Marina podría haberse evitado y, por eso, también ha presentado un recurso ante la Seguridad Social. Uno de los principales interrogantes es que Marina realizó su número sin red ni cuerda de seguridad. Tampoco había nadie del circo encargado de supervisar los números aéreos que realizaba.
El abogado de la familia reclama que se aclare qué medidas de seguridad eran obligatorias y qué responsabilidades podía tener la dirección del circo. Son preguntas que, pese a la gravedad del accidente, siguen sin respuesta un año después.
Mayte Cerdà, madre de Marina: «No puedo consentir que piensen que mi hija fue una imprudente»
Para Cerdà, que define cada día que pasa como una «tortura», esta lucha es también una forma de defender la memoria y el trabajo diario de su hija. No quiere que Marina sea recordada simplemente como una artista que murió en un accidente. «No busco indemnizaciones, sino justicia», recalca.

Los días previos al accidente fueron especialmente complicados. La temporada debía terminar el 15 de noviembre, pero el circo decidió adelantar el final 40 días, hasta el 5 de octubre, sin comunicarlo previamente a los trabajadores. Marina se enteró a través de las redes sociales y, de repente, se encontró con que se quedaría sin trabajo 40 días antes de lo previsto.
Según explica su madre, aquella situación le generó una gran preocupación. Cerdà asegura que nadie habló con Marina ni tuvo suficientemente en cuenta cómo se encontraba: «Podrían haberla tratado de una manera más humana y con más consideración».
Marina salió a actuar «cargada de angustia y estresada». Durante las funciones hacía tres números, una cantidad considerable para cualquier artista de circo. Además, participaba en el desfile inicial y en el final, y vendía algodón de azúcar.
Tampoco recibió demasiado apoyo cuando se le rompió una pieza del aparato de pole dance. Por todo ello, sus padres consideran que las condiciones en las que trabajaba Marina eran «muy precarias».
La semana del accidente, explica Cerdà, Marina «no estaba mentalmente clara». Se encontraba desanimada y preocupada por perder el trabajo. «Hablábamos cada día», cuenta su madre, que atribuye su estado al «exceso de trabajo, la angustia y la situación que estaba viviendo» en el circo. Fue en ese contexto cuando se produjo la caída durante la actuación. «Si no estás concentrada, puedes caer», afirma la madre.
Los padres creen que las condiciones en las que trabajaba Marina eran «muy precarias».
En Alemania, los padres vivieron un auténtico calvario y aseguran que no se sintieron acompañados en ningún momento. La situación se complicó después de que sus declaraciones aparecieran en los medios de comunicación alemanes. Según la familia, la publicación de esas informaciones en la prensa provocó la ruptura de la comunicación con el circo.

En cuanto a la caravana donde vivía Marina, los padres aseguran que la policía les pidió que la retiraran porque consideraba que no era seguro que permaneciera en el recinto del circo.
Los padres creen que Marina no estaba bien en aquel entorno y que no debería haber continuado trabajando en esas condiciones. También cuestionan abiertamente la protección que reciben los trabajadores de los circos: «En los circos hay más controles para los animales que para las personas. ¿Quién vela por la seguridad de los artistas?».
La madre insiste en que lo ocurrido no puede atribuirse a una única causa, sino a un conjunto de circunstancias relacionadas con su situación laboral que acabaron afectando a Marina en un momento especialmente delicado.
Mayte Cerdà: «En los circos hay más controles para los animales que para las personas. ¿Quién vela por la seguridad de los artistas?»
Marina Barceló tenía un amplio repertorio de números: monociclo, hula-hoop y pole, entre otros. En Catalunya se la pudo ver actuar en el efímero Circ Raluy Clàssic. También hizo una temporada en el Circ de Nadal d’Andorra junto a los payasos Sandro Roque y Miquel Moreno y la acróbata Maria Cavagnero. A pesar de su juventud, acumulaba una larga experiencia y había actuado, entre otros, en los circos Barnum, Renz y Stellar.
Sus padres describen a Marina como una joven «responsable, valiente y muy trabajadora», que había convertido el circo en su vocación y entrenaba cada día para perfeccionar sus números. El accidente truncó su carrera y puso fin a muchos de los proyectos e ideas que tenía en mente, como un nuevo vestido de perlas que quería hacerse.
Un año después, los padres de Marina siguen viviendo con mucho dolor y rabia todo lo ocurrido. Pero también mantienen más viva que nunca la esperanza de saber qué pasó realmente aquel día en Alemania y de que toda esta desgracia sirva para evitar que algo así vuelva a suceder.