Con la muerte de Vicente Quirós el circo español pierde a una leyenda

Con la muerte de Vicente Quirós el circo español pierde a una leyenda
Vicente Quirós

Ayer falleció Vicente Quirós (Almendros, 27 de octubre de 1916) a los 105 años de edad. Con su desaparición el circo español pierde a una auténtica leyenda, un hombre hecho a sí mismo y carismático como pocos.

Artista completo

Vicente Quirós fue un artista completo, capaz de subirse a un trapecio para presentar una serie de acrobacias o ponerse una nariz roja para hacer reír. Fue también un domador a la antigua usanza, de aquellos capaces de entenderse con cualquier animal sin importarle la especie: leones, caballos, ponis, camellos, elefantes, perros y burros pasaron por su sabia mano.

Entre ellos recordaba a un león al que puso por nombre su primer apellido, una fiera que le costó lo suyo domarla y que le dio el disgusto de morder a su hijo Manolito. O el burro Reverte a quien con paciencia infinita enseñó a galopar, saltar barras y tumbarse en el serrín de la pista.

Entre todos sus animales, con el que más se entendió fue su caballo árabe Brillante, que compró después de la guerra civil en una feria.

Un hombre de circo

La vitalidad de Vicente Quirós era fuera de lo común: se retiró de las pistas a la edad de noventa y cuatro años presentando un número de un poni con unos perros amaestrados.

Vicente Quirós vio cumplido su gran sueño: poseer su propio circo ambulante, un circo que tras su marcha seguirá recorriendo la geografía española, perpetuando en el tiempo el legado de su patriarca.

El circo ya no será lo mismo sin Vicente Quirós, un hombre humilde como pocos que, además de por su contribución al mundo del circo, será recordado con respeto y admiración por todos aquellos que le conocieron.

A continuación adjuntamos el artículo que el historiador Francisco Martín Medrano publicó, sobre la figura de Vicente Quirós, en la revista Zirkolika en verano de 2016.

Vicente Quirós, un héroe centenario de la faracha

Por Francisco Martín Medrano

Cuando este hombre educado y respetuoso pronuncia la palabra hambre lo hace desde su desgarradora vivencia. Existía el dicho entre los cirqueros de la posguerra: “Y después de Dios… la casa de Quirós”, pues acogía a  todos quienes estuviesen necesitados de trabajo.

Nacido en 1916, tuvo su propia carpa en 1958; hasta entonces hacía la licha, trabajaba en las plazas en primavera y verano, y en los salones de baile en invierno. Con más de noventa años salía a la pista con su poney y perro a la pista; testimonio recogido en la película Pajaros de Papel de Emilio Aragón. 

Su familia realizaba hace muchos años la licha, actuación en las plazas de cualquier localidad a cambio de unas monedas o alimentos. En la que el circo se alternaba con comedias y variedades. Los traslados se hacían en un carro tirado por un burro. 

El público traía la silla de su casa y la colocaba en torno a una cabria izada de la que pendían las anillas y un trapecio. Este felliniano marco era iluminado por unas bombillas mientras sonaban en directo el bombo de hojalata, la trompeta y el lombardino. 

Previamente se había anunciado mediante un pasacalles al son de un pasodoble, a la luz de teas hechas con madera de pino o candiles de carburo, y la voz de pregonero: “Esta noche, en la plaza, títeres por la voluntad”. 

El fundador de esta dinastía fue el domador de caballos de Castillo de Garci-Muñoz (Cuenca) Rafael Quirós Marquina, casado con una Oblés, también circense.

Uno de sus hijos fue el polivalente artista Eustasio Quirós Oblés, desposado con Juliana Muñoz, no procedente del circo. Tuvieron ocho hijos, el más pequeño, Vicente Quirós Muñoz, nació en 1916 en Almendros (Cuenca).

La guerra civil le cogió en Povedilla (Albacete). Allí él, sus hermanos y cuñados cerraron su circo, un material pequeño de ruedo de madera que trasladaban en dos pequeños furgones modelo T, con motor y arranque a manivela.

Al acabar la guerra recuperaron el circo, pero el dinero que tenían no tenía valor y Vicente tuvo que realizar el servicio militar durante casi cerca de tres años en Ceuta.

De regreso a la península se casó con Carmen “Sole” Varela Díaz, cuyo padre era saltador. Vicente Quirós reconoce con sencillez: “Juntos hemos pasado muchas fatigas ¿sabe, usted? Hemos dormido en cuadras y andado por la nieve de pueblo en pueblo.

Cuando nació mi segundo hijo, estábamos en plena actuación y me vi obligado a decir que perdonasen, que mi mujer iba a dar a luz, que se terminaba la función”. Tuvieron ocho hijos: Vicente, José Luis, Andrés, Maribel, Luis, Manuel, María Pilar, Soraya y Sonia.

Empresario referente

“Compré mi primer material, el Valencia, por 50.000 ptas en 1958; sólo pude entregar 10.000 ptas. en mano. Se trataba de un ruedo, de tableros amachambrados de 16 metros de diámetro, incluidos pista y grada; con una carpa que permitía el paso de la luz exterior.

Con un camión alquilado nos trasladamos a El Molar (Madrid) y no tuvimos ni para pagar al transportista ni para cenar aquella noche, ya que la función la dimos al día siguiente; afortunadamente aquel conductor se apiadó de nosotros.

Viajábamos todos en aquel camión, tapados con la lona, entre la madera de aquel pequeño circo, para que no nos viesen los motoristas. Cuando llegábamos al destino lo descargábamos todo en el suelo y el vehículo se iba; si llovía chorreábamos hasta que el transporte volvía a recogernos”. 

Entre las artistas de circo y variedades contratados estuvieron las cantantes Nieves Domínguez, que se casaría con su hijo mayor, y Pepa, la hermana de “Perlita de África”, mujer de su hijo Tolmis. 

En 1966 adquirió el Bron Circus de Berlín y en 1972 el México, material de los Papadopoulos con los que esta temporada estuvo en sociedad. Normalmente sus circos eran rebautizados con el nombre de Circo Australia.

No le faltaron reveses como el ocurrido el 18 de julio de 1966 en Santa Cruz de Mudela cuando un remolino le tiró la carpa. Meses más tarde, en Horcajo de Santiago (Cuenca), su hijo mayor se cayó del trapecio. Posteriormente en 1985, su hijo Manuel recibió un ataque de sus leones.

Entre los artistas que llevó contratados figuran el domador de leones Anthonson Bauer, maestros de sus hijos Manuel y Luis; las equilibristas Alexis sisters; la contorsionista Mati Muñoz y su padre o el alambrista Luis Muñoz.

Además su circo albergó la preparación y el estreno de los funambulistas Quirós (sus nietos Vicente, Ángel y Mari Nieves; años más tarde se incorporaría Roberto), renovadores de esta especialidad con la que han triunfado en los más importantes circos del mundo (doce años en el Ringling, Knie, Alexis Gruss… en la actualidad destacan en la producción Kooza del  Circo del Sol.

Y han cosechado los más relevantes premios: En enero de 2002 recibieron el Clown de Oro en el Festival Internacional de Circo de Montecarlo; el Premio Nacional de Circo 2001, el de Varsovia en el 2004 y el Caballo de Oro en Moscú en el 2005.

Desde 1993, sus hijos Manuel y Luis, junto a Esther Romero y Mati Muñoz regentan el Circo Quirós. Un circo familiar tradicional, cuidado en su conjunto y con atracciones internacionales contratadas.

El legado del señor Quirós

Abuelo de artistas eminentes, padre de directores de uno de los circos más importantes del país, su grandeza tiene matices aun más sobresalientes.

En la gira que el 2003 realizaron por el norte, además de actuar con su poney y perro, cuidaba amorosamente de su esposa, que padecía demencia senil.

El ejemplo de este hombre íntegro en la recta final de su existencia es coherente con su trayectoria: el hombre cañón Luis Muñoz nos relató con emoción cómo en los años sesenta, al fallecer su padre,  Vicente Quirós acogió a su madre y hermanos durante siete años en su circo y cómo desde entonces le considera un segundo padre.

Un ser que ha hecho de casi todo bajo la carpa o las estrellas: trapecio, anillas, payasos, acrobacia, equilibrios, doma… 

Pero sobre todo del que las gentes de circo hablan con respeto y admiración por estar tocado por los dones de la humildad y la empatía con el prójimo.

Un buen ejemplo a seguir en estos momentos en que el mundo occidental mira vergonzosamente para otro lado ante el drama sangrante de los refugiados.

Este empresario profesa amor por el circo, como demostración patente está el haber estado en activo en la pista hasta los noventa y cuatro años; además del orgullo con el que nos anima a contemplar con deleitación aquellas figuras que llevan en el programa sus hijos para grandeza del circo y por respeto al público.

Al despedirnos D. Vicente, tras preguntarnos si nos había gustado el Circo Quirós, apaciablemente se justificó: “Mientras pueda me gustaría morir en el circo”.

(Artículo publicado en el número 49 de la revista de circo Zirkólika. Puedes suscribirte a la revista aquí y recibir gratis nuestro último número)

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