De las rarezas al asombro: el Gabinete de Curiosidades de Kurios
¿Viajar en el tiempo? Tan o más interesante, quizás, es entrar en un universo paralelo en el que todo es posible. Si Phineas Taylor Barnum levantara la cabeza, no daría crédito. Eso fue lo primero que me vino a la cabeza tras entrar en la carpa que Cirque du Soleil ha levantado por última vez en L’Hospitalet.
El legendario empresario norteamericano, antes de dedicarse al circo, amasó una fortuna con su Barnum’s American Museum. Poco tiene que ver el Gabinete de Curiosidades de Kurios con el museo que otrora fascinó y escandalizó a la Nueva York de 1840.
Barnum mostraba a unos hermanos siameses como si fueran unos freaks, mientras que Cirque du Soleil los convierte en protagonistas de un trepidante número de cintas aéreas. Son Darián Cobas Vargas y Ilya Salmov. Nombres que vale la pena recordar porque detrás de cada maravilla hay un artista que lo hace posible.
La destreza, por extraordinaria que sea, es solo una parte del prodigio. El verdadero arte está en conseguir que lo imposible parezca sencillo y convertir esa destreza en espectáculo con una puesta en escena en la que tecnología, música y escenografía van de la mano y están al servicio del artista.

El japonés Tomiyuki Watanabe bien podría ser el Tom Thumb moderno. El pequeño Charles Stratton fue una de las grandes estrellas del museo de Barnum y convirtió su diminuta figura en un personaje muy popular. Watanabe juega en otra liga. En sus manos, los yo-yos dejan de ser un juguete para convertirse en estrellas fugaces que cuesta seguir con la mirada.
El mundo invertido de Nikolay Astashkin es como una imagen reflejada en un espejo. Silla sobre silla, construye una torre para alcanzar una lámpara. Entonces descubrimos que, sobre nuestras cabezas, la escena se repite en sentido inverso. Como en el universo de Lewis Carroll, basta atravesar el espejo para descubrir que al otro lado el asombro se magnifica.
El equilibrio, llevado al límite, es también el territorio de James González, ganador de un Elefante de Plata de inspiración daliniana en la primera edición del Festival Internacional de Circo Elefante de Oro. El aviador de Kurios cierra la primera parte del programa por todo lo alto con un número poco habitual: un rola bola aéreo que culmina con un equilibrio sobre ocho cilindros y una tabla, colocados minuciosamente sobre una pequeña plataforma que, tras elevarse, se balancea en el aire.

Facundo Giménez lleva buena parte del peso de la comicidad con una reprise en la que cuenta con la complicidad de una espectadora y un sofá.
Más sorprendente aún si cabe es la parodia del Circo Invisible, un guiño al circo tradicional y al universo de Alexander Calder. Se abren los telones y van apareciendo, entre otros, un león, un trapecista, un monociclista o un temerario que desafía las alturas saltando a un barreño. No hay animales, ni siquiera acróbatas: solo Facundo, que lo mismo hace de Monsieur Loyal que de domador. Una pista con clásicos aparatos del repertorio circense que se mueven mecánicamente y una imaginación desbordante bastan para convertir cada gesto en un número. Y, por un instante, basta con creer para que el circo cobre vida.

Y si de imaginación hablamos, que se lo pregunten al inglés Joe Roberts, quien recogió el testigo de Nico Baixas, creador del número de Teatro de manos sobre un globo aerostático. Baixas tenía apenas siete años cuando sus padres, Joan Baixas y Teresa Calafell, llevaron a escena Mori el Merma junto a Joan Miró. Quizás algo de aquel universo quedó en el niño que acabaría convirtiendo sus propias manos en personajes.
Los dedos cobran vida y pasan, con una rapidez asombrosa, de una secuencia a otra, contando con la complicidad del español David García, el científico al que durante años dio vida Antón Valén.
Kurios es esto y mucho más. El cuadrante ruso de Volodymyr Klavdich y Ekaterina Evdokimova; el cuarteto de contorsionistas que evoluciona sobre una mano de estética steampunk; la bicicleta voladora de Anne Weissbecker; y dos números grupales de excepción: el acro-net y la banquina con quince acróbatas.
Sin olvidar el caos sincronizado del inicio, con una locomotora cargada de personajes que irrumpe en la pista, como llegada de otro tiempo. Entre ellos, José Vázquez, que más adelante hará malabares con tres manos de maniquí. A todo ello se suman los extraños artefactos que parecen tener vida propia y la música en directo, aderezada con la sensual voz de Tamara Dikyovà.
¡Pasen y vean! Barnum llenó su museo de rarezas. Kurios llena su carpa de prodigios.