Muere Valentin Gneushev, el director que revolucionó la estética del circo ruso
El director, coreógrafo y pedagogo ruso Valentin Alexandrovich Gneushev, considerado una de las figuras más influyentes del circo ruso de finales del siglo XX y comienzos del XXI, falleció en Moscú el miércoles 11 de marzo a los 74 años.
De acuerdo con informaciones publicadas en la prensa rusa, Gneushev había sufrido recientemente una neumonía y, tras recibir el alta hospitalaria, sufrió una caída que le provocó una lesión en el brazo. Su hija fue quien encontró el cuerpo en su domicilio después de preocuparse al no poder contactar telefónicamente con él durante varios días.
Un genio que marcó época
A lo largo de su carrera desarrolló un estilo muy personal que combinaba dramaturgia, coreografía y riesgo acrobático, convirtiéndose en uno de los principales renovadores del lenguaje escénico circense.
“La regla fundamental de Gneushev era sencilla: trabajar solo con artistas de talento técnico excepcional. No recurría a la puesta en escena para disimular carencias; al contrario, aprovechaba la destreza extraordinaria de sus intérpretes para transformar cada actuación en una auténtica obra de arte circense.
Tomaba a grandes artistas de circo y los convertía en artistas extraordinarios. Ese fue su verdadero genio y el legado perdurable de Valentin Gneushev.”
— Raffaele De Rittis
Biografía
Gneushev nació el 20 de diciembre de 1951 en la ciudad industrial Nizhni Tagil. En la adolescencia hizo sus pinitos como artista en un circo amateur de su ciudad natal, tras lo que estudió en la escuela de cocina y trabajó como chef en un restaurante.
Su amor por el circo pudo más que un trabajo estable y a los 20 años se fue a Moscú. En la capital rusa se formó como payaso en la State College for Circus and Variety Arts y posteriormente teatro en la Moscow Theater Academy.
Comenzó a coreografiar números circenses a principios de los 80, revolucionando la puesta en escena con números excepcionales como los trapecistas volantes The Cranes o The Red Harlequin, en el que inspirándose en Picasso convirtió a Vladimir Tsarkov en un mimo que hacía malabares con aros; atracción con la que ganó la Medalla de Oro del Festival Mondial du Cirque de Demain.
La empresa estatal rusa SoyuzGosTsirk (Unión de los Circos Públicos) empezó a incluir números de Gneushev en las giras de las compañías del Circo de Moscú por el extranjero, hecho que atrajo la atención de Steve Lieber; quien tras organizar algunas tournées por los Estados Unidos produjo Cirk Valentin, un revolucionario espectáculo de circo sin animales presentado en 1991 en el Gershwin Theatre de Broadway. El montaje reunía exclusivamente atracciones coreografiadas por el propio Gneushev como Chimes, las barras rusas aéreas de Perezvony, que tras ganar un Clown de Plata en el Festival Internacional de Circo de Montecarlo en 1993, se integró al elenco de Alegria de Cirque du Soleil.
Cirk Valentin fue uno de los intentos más ambiciosos de trasladar el circo contemporáneo ruso a la escena internacional
A pesar de que sus números triunfaban en los mejores festivales de circo del planeta y estaban muy solicitados entre los circos y teatros de variedades más selectos, su estilo no era del gusto de los dirigentes de SoyuzGosTsirk (RosGosTsirk tras la caída del régimen soviético).
Así en 1993 se independizó fundando un nuevo Gneushev Studio en el histórico Circo Nikulin de Moscú donde concibió números como el adagio en monociclo de Diana Aleschenko y Yury Shavro o la que fue su última creación: el equilibrio sobre bastones de Elena Borodina.
Además, en el circo de Maxim Nikulin dirigió dos de los más innovadores espectáculos de los 90: Sweet Love (1996) y Carnival (1997).
En 1997 recibió el título de Artista de Honor de la Federación Rusa, reconocimiento oficial a su contribución al desarrollo del Circo Contemporáneo. Pese a ello se alejó del circo para adentrarse en el teatro, el cine y la televisión.
Con su muerte desaparece uno de los creadores más influyentes en la evolución estética del circo ruso contemporáneo, un genio que defendió un circo profundamente teatral y que inspiró a generaciones de acróbatas y directores dentro y fuera de su país.