Xampatito Pato: el Geppetto gallego

Xampatito Pato: el Geppetto gallego
Xampatito Pato en una escena de 'Compaña'. © Sol Álvarez

Hasta bien pasados los veinte años, el mundo de Jesús Velasco Otero (Ferrol, 13/04/1987) apenas iba más allá de los límites de Pontedeume. Creció en este municipio coruñés, a los pies del monte Breamo, donde el río Eume concluye su recorrido antes de fundirse con las aguas del Atlántico.

Tal vez haber crecido en un horizonte tan acotado explique por qué tardó tanto en encontrar su camino. Y es que este gallego nunca habría sido feliz conformándose con un oficio cualquiera: necesitaba hacer de su pasión una forma de vida.

La respuesta a la pregunta de cómo ganarse el pan no la encontró ni en la escuela ni en el instituto. La descubrió el día en que se enamoró de una chica capaz de mantener tres pelotas suspendidas en el aire. Empezó a hacer malabares para conquistarla y acabó encontrando una vocación.

En el Pontedeume de entonces, a los aficionados a esta disciplina se los podía contar con los dedos de una mano; de hecho, sobraban dedos. Poco después fue el primer vecino del municipio en recorrer sus calles sobre un monociclo. Ya tenía un motivo para partir en busca de aventuras: formarse como artista de circo. 

La primera parada fue la asociación Manicómicos, en A Coruña, donde durante el curso 2011-12 enriqueció su formación artística perfeccionando los malabares y profundizando en las acrobacias y el clown.

Tras completar la escuela preparatoria de la Asociación Circonove, se trasladó a Madrid para continuar su aprendizaje. Durante dos años se formó en la Escuela de Circo Carampa y, paralelamente, profundizó en los malabares con Dani Fausto en La Pértiga.

Junto a Nebur Frik, Miguel Ángel Barreto, Sirio Fdez. Rubio y Jeison Andrés, crearon un número de malabares con el que, en 2014, obtuvieron el primer premio en la sección de circo de Talent Madrid, organizado por los Teatros del Canal.

La compañía Pass & Company. Nebur Frick, Jesús Velasco y Miguel Ángel Barreto. © Esther Kiras

Posteriormente, cofundaron la compañía Pass & Company, que acabó consolidándose como un trío integrado por Jesús, Nebur y Miguel Ángel. Con su espectáculo Juguete Roto 3p0 (2016) fueron galardonados en 2017 con el Premio al Mejor Espectáculo de la Sección OFF del TAC de Valladolid.

A partir de entonces comenzaron a hacerse realidad dos de sus grandes sueños: formar parte de compañías de referencia internacional como Gandini Juggling y The Chipolatas. Con la primera actuó en el prestigioso Festival Idol de Moscú, donde presentó su número de mazas de luz. Más tarde, con la segunda viajó en dos ocasiones a China integrando el elenco del espectáculo Gentleman on the Road.

En 2017 fundó su propia compañía unipersonal. Solo faltaba lo más complicado: ponerle nombre. A su hermano mayor, Juan Pablo (Xoán Paulo en gallego), todos le llamaban “Xampa”. Como Jesús era el pequeño, pasó a ser “Xampito”. Hasta que un amigo senegalés, peleándose con la pronunciación, lo convirtió en “Xampatito”. Y entre bromas, un baile de San Pito Pato y mucha imaginación, nació un simpático nombre imposible de olvidar: “Xampatito Pato.”

Xampatito Pato haciendo malabares de rebote en el espectáculo ‘Só’. © Sol Álvarez

La idea era crear un espectáculo todoterreno para todos los públicos y, al mismo tiempo, dar vida a una figura capaz de trascender ese primer montaje.  SÓ. (2019) —que en gallego significa «solo»—, fue la primera creación de la compañía y el punto de partida del peculiar universo de Xampatito Pato.

La obra nace de un conjunto de cajas de puros idénticas que sostienen un mundo ordenado, preciso y aparentemente inmutable. El alter ego de Jesús se aferra a ese equilibrio obsesionado con los ángulos rectos y el control, hasta que la aparición de unas pelotas desencadena una sucesión de imprevistos que ponen en cuestión todas sus certezas.

Para su segunda pieza, Jesús quiso profundizar en una paradoja: permanecer solo sobre el escenario y, sin embargo, sentirse acompañado. El propio título del espectáculo, COMPAÑA (2024) —que en gallego significa «compañía»—, condensaba esa búsqueda.

El proceso creativo comenzó con la elección de la banda sonora y, a partir de ella, fueron surgiendo un sinfín de imágenes alimentadas por referencias tan diversas como La naranja mecánica, de Stanley Kubrick; las infografías de Fritz Kahn o la célebre cabeza parlante del mítico ventrílocuo Señor Wences. 

Pero el reto no estaba exento de dificultades: ¿cómo hacer passing estando solo? La primera respuesta fue bailar con un muñeco gigante; la segunda, mucho más ambiciosa, consistió en inventar un artefacto capaz de convertirse en un compañero de juego. 

Para concebirlo se inspiró en los malabares funcionales desarrollados por Craig Quat y en un prototipo ideado por Jay Gilligan. Tras un largo proceso de experimentación, diseñó una mesa de la que emergen seis brazos articulados que actúan como auténticos partners. Coordinando pies, pedales y movimientos con una precisión milimétrica, desencadena una danza de pelotas voladoras que dibuja en el aire coreografías tan sorprendentes como inéditas.

Xampatito Pato en una escena de ‘Compaña’. © Sol Álvarez

El Geppetto gallego se presenta ante el público como el enigmático propietario de un gabinete de curiosidades, dispuesto a mostrar su extraordinaria colección de prodigios. Al cruzar su umbral, los espectadores se adentran en un lugar mágico donde los objetos adquieren alma y cobran vida, como el inolvidable Pinocho. Xampatito Pato continuará buscando cómo sorprendernos, haciendo suyo el espíritu de la frase de Walt Disney: «Si puedes soñarlo, puedes hacerlo».

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