Contaminando Sonrisas lleva la alegría al pueblo valenciano
Paiporta es el epicentro de una catástrofe. Pau Palaus y su gente acudieron rápido para ayudar haciendo lo que mejor saben: arrancar sonrisas. Misión cumplida, pero su trabajo no ha terminado: pronto se embarcarán en un ambicioso proyecto solidario.
¿Cuáles son las actividades que desde Contaminando Sonrisas habéis llevado a cabo durante estas últimas semanas?
Nuestra asociación lleva más de una década trabajando sobre todo en campos de refugiados, cárceles, orfanatos y en algunas ocasiones como esta, en lugares que han sufrido devastadoras catástrofes naturales.

Tras el temporal del DANA decidimos que durante el Día del Circ de Breda colocaríamos unos botes para recaudar fondos y ayudar al pueblo valenciano. Una compañera, que estaba haciendo de voluntaria en la zona afectada, me comentó que lo que mejor podíamos hacer con ese dinero era invertirlo en ir allí y hacer reír a la gente que tan mal lo está pasando. No pude negarme. Hablé con el núcleo duro de Contaminando Sonrisas y al día siguiente nos pusimos manos a la obra: cargamos la furgoneta con el vestuario, la escenografía, las gradas, el equipo de sonido y el de luz. Un día más tarde ya estaba en Paiporta dando la primera función junto a varios artistas valencianos.

Tras una semana dando funciones me sentía desbordado. Recibía tantas llamadas y mensajes de personas que me pedían que fuera a actuar que decidí volver a casa para recoger a mi compañera y mi hijo. Durante el camino de regreso empecé a llamar a más compañeros para que se sumaran al proyecto, logrando movilizar a diecisiete artistas. Fue increíble: en poco tiempo conseguimos tres gradas, cuatro equipos de sonido, un remolque-escenario y tres equipos de luces. Una vez allí corrió la voz y más artistas valencianos decidieron sumarse a esta iniciativa humanitaria. No tengo palabras para agradecerles su implicación.
Contaminando Sonrisas ha dado 51 espectáculos en 17 días
¿Vuestra actividad tendrá continuidad en las próximas semanas?
Cada día que pasa el pueblo está más triste. Cuando llegué había muchos periodistas y voluntarios y creemos que ahora que se acercan las navidades habrá muchas más campañas y muestras de solidaridad, por lo que nuestra presencia no es tan necesaria. Me temo que cuando finalicen estas fiestas todo pueda caer en el olvido. Por este motivo hemos decidido no actuar y ganar tiempo para preparar un proyecto continuista de larga duración: actuar durante unos siete meses en los ochenta municipios valencianos afectados y todo ello sin pedir ninguna subvención pública para llevarlo a cabo. En esta experiencia hemos aprendido que sólo el pueblo salva al pueblo, por lo que pedimos la colaboración ciudadana para ‘Somriures d’emergència a València’ (‘Sonrisas de emergencia en Valencia’).
Quienes deseen ayudar pueden hacer su aportación en ES70 /49/ 0001 2821 7811 3326 (Triodos Bank) Concepto: DANA.
¿Cómo ha sido tu experiencia personal y de actuar allí?
Ha sido una experiencia muy dura y a la vez también muy bonita. He vivido otras de similares, pero siempre tenía que hacer un visado y subirme a un avión para llegar a un lugar en el que no hablaban mi idioma. En este caso me he subido al coche y en cuatro horas y media he llegado a destino. Nada más llegar me impactó todo cuanto veía: parecía una zona de guerra en la que habían miles de vehículos militares y una gran despliegue del ejército y policial porque la miseria atrae a la miseria y hubo amigos de lo ajeno que se pusieron las botas robando casas, comercios y hasta las baterías de los coches.

¿En una situación así cómo lo haces para que no te afecte mientras actúas?
En estas situaciones tu payaso es como un escudo que te protege y no te deja bajar la guardia. Tu misión es aportar esperanza y buen rollo. Si te vienes abajo dejas de ser útil y lo mejor que puedes hacer es agarrar tus bártulos y volver a tu casa. Eso no quiere decir que no te afecte: hay momentos del día en los que lloras, pero no mientras estás en la función. La parte más dura es cuando ya ha finalizado todo y estás en tu casa pensando en todo lo que has vivido y en la gente que has conocido y que sigue allí luchando para tirar adelante.
No sé de dónde saco las fuerzas. Quizás porque pienso que estoy haciendo algo útil para la humanidad. Alguien me ha dado este poder para hacer felices a la gente y tengo que hacerlo. Apartar fango más o menos puede hacerlo todo el mundo, pero hacer reír a personas que lo están pasando fatal es todo menos fácil.
Cuando todo está a oscuras aparecen seres de luz que consiguen hacernos reír. Gràcies Pau!!!