El Gran Dimitri: homenaje a la idiotez infinita


El Gran Dimitri: homenaje a la idiotez infinita

El Gran Dimitri: homenaje a la idiotez infinita

Hablar del Gran Dimitri es hablar de Antonio Jesús Gómez, el cual decidió hace más de una década dejarse fagocitar frente al público por este peculiar personaje que, desde entonces, le acompaña y le ayuda a entender una realidad que, en muchas ocasiones, cuesta comprender.

Para el propio artista, que un actor decida investigar a partir del clown es muy gratificante pero, a su vez, un sacrificio pues de algún modo su carrera se une a ese personaje y es ahí donde reside la dificultad de disociar, en este caso, artista, personaje y compañía, pues todo ello forma un interesante y complejo entramado.

La compañía El Gran Dimitri lleva añadida una historia repleta de casualidades y causalidades que, sin ningún tipo de orden aparentemente establecido ni norma pautada, ha ido desarrollando una exitosa y peculiar carrera profesional. Este trayecto esconde, tras una aparente simpleza, un exigente trabajo actoral y una clara visión de lo que personalmente entiende como clown.

Estimulado desde niño por los espectáculos que el Festival Va de Calle acercaba anualmente a su localidad natal de Loja (Granada), y tras unos años de juventud en los que flirteó con malabares, acrobacias y un teatro de calle con cierto componente reivindicativo, Antonio descubre durante un curso las posibilidades del clown, y su universo le cautiva, por lo que años más tarde decide abandonar sus estudios universitarios, familia y amigos y marcharse a París. Allí recibe formación como actor en la escuela de Philippe Gaulier y profundiza en el trabajo como payaso. A pesar de las estrecheces económicas, siente que está viviendo la vida que desea y apuesta cada vez más por profesionalizar su trabajo, pues entiende que necesita una dedicación total para desarrollar este proyecto artístico y vital, por lo que sigue formándose e investigando. En una de las acciones que improvisaba en la calle, surge por primera vez Dimitri, un personaje con el que se siente cómodo e identifica posibilidades de crecimiento. Es entonces cuando comienza un largo periodo de experimentación y búsqueda.

Inicios

En noviembre de 2010, Dimitri participa en la presentación de una gala de la ACA (Asociación de Circo de Andalucía) en la carpa instalada en el Pantano de Cubillas (Granada). Quizá sea este uno de los momentos de inflexión de la futura compañía, ya que recibe un unánime reconocimiento por la calidad y frescura de la propuesta, de la que surgen nuevas galas, cabarés y otros números que sirven de espacio de prueba para situar al personaje frente al público. En una de esas actuaciones, un comentario en redes se refiere a él como "El Gran Dimitri" y desde ese momento pasa a convertirse definitivamente en el nombre del personaje. Tras esto, y gracias a largas charlas con Miguel Ángel Moreno ‘Bolo’, de Vaivén Circo, decide tomar estructura como compañía ese mismo año y estrena su primer espectáculo The Great Circus Show, en Circada. Para su montaje, cuenta con la colaboración de Ruth Garreta, artista que había conocido en su paso por la escuela de Philippe Gaulier.

Desde su primera aparición hasta ese momento, el personaje se ha ido consolidando: se le ha dotado de una historia, de un contexto, de un objetivo que le permite tener claro su rol dentro del espectáculo. Presentado como un desastroso soñador venido de la Europa del Este, Dimitri pretende demostrar, con todos los medios a su alcance, que es un gran artista de estirpe circense. A partir de esa premisa, comienza un periplo de más de diez años de crecimiento del personaje, al que se le añaden diferentes colores y matices hasta llegar a crear una vida propia entorno a él.

Más allá de la sencilla dramaturgia aparente, los espectáculos del Gran Dimitri, esconden todo un entramado de pensamientos y cuestionamientos acerca del engaño, de las pretensiones, de lo que cada uno oculta y evidencia. Encontramos un aire diferente de afrontar el clown, en la forma de hacer o de no hacer, ya que no hacer realmente nada, es una de las virtudes más destacables de Dimitri. Su dramaturgia pretende ir de lo complejo a lo sencillo, a lo ligero, algo que también se puede encontrar en otros espectáculos que Antonio ha dirigido para otras compañías como Ludo Circus Show (Ludo) u Oopart (Tresperté).

Búsqueda de la verdad

Cinco años más tarde, tras el exitoso estreno como compañía, presenta el segundo espectáculo, Cirkusz rupt. El personaje aparece más asentado, su historia personal más evolucionada y observamos un mayor cuidado en los elementos de la escena. Además, hay cierta intención de reducir el texto, quizá para simplificar la comunicación del espectáculo y poder así internacionalizarlo sin depender del idioma. No obstante, la interacción verbal con el público es uno de los grandes recursos del personaje para evidenciar el absurdo por lo que queda abierta la puerta a la investigación para ampliar su trayectoria en circuitos internacionales.

Durante todo este periodo, la compañía amplía considerablemente los canales de distribución y su presencia en circuitos. Al mismo tiempo, asume la dirección de espectáculos de otras compañías, participa en el proyecto Circo Mediterráneo de Alfonso de la Pola, desarrolla actividades de formación y dirige el encuentro de payasos Mr Flop. Todas estas propuestas, entre otras muchas, le permiten desarrollar un trabajo más holístico y diverso, y le aportan criterios artísticos personales que se refuerzan a través de trabajos externos al propio personaje.

En el año 2019, aparece el tercer espectáculo de la compañía The Legend. Desde el punto de vista artístico hay un cambio en cuanto a los elementos escénicos y tratamiento de los mismos, al igual que la puesta en escena y los recursos técnicos, sin renunciar a la esencia, frescura y aparente simpleza de las anteriores producciones, que nos hacen cuestionarnos qué parte es intencionada y cuál accidental. A su vez se observa una evolución en la propia vida del personaje, una continuidad en su historia de vida, que nos permite ver su transformación a lo largo de su supuesta carrera artística en España.

Partiendo de la dualidad que implica este modo de trabajo, Antonio asume que Dimitri, de algún modo es una parte exagerada de su persona, que le sirve de filtro, al mismo tiempo que le permite mostrar parte de su visión que considera al clown como un género en sí mismo. Este proceso de alquimia pretende abrir una reflexión en cuanto a la forma contemporánea de entender al payaso.

Como artista, es consciente de que su personaje debe tener claros anclajes para desenvolverse en escena; conocer quién es, saber hacia dónde ir y cómo hacerlo. Apela a la conciencia, a la escucha, a la respuesta del público. Cada representación supone un cuestionamiento como artista, una reflexión y un análisis que le permite ir retocando la infinidad de matices de los que se componen sus espectáculos. En el proceso creativo, se rentabilizan al máximo el vacío, lo improductivo y la frustración, casi tanto como los logros. No hay nada innecesario. Hay una búsqueda de la verdad, de la honestidad actoral, de los límites. Antonio y Dimitri piensan diferente, siguen creyendo que si nos mostrásemos un poco más como somos quizá seríamos más felices.

Como compañía está repleta de nuevas propuestas, sin prisa, pero con la mirada puesta en horizontes internacionales o producciones de carácter más colectivo, entre otros muchos proyectos. Mientras tanto, seguiremos disfrutando del Gran Dimitri, un homenaje a los perdedores, a los optimistas, a la idiotez infinita.




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