Eva Luna García-Mauriño: “El circo tiene que estar demostrando permanentemente su validez”

Eva Luna García-Mauriño: “El circo tiene que estar demostrando permanentemente su validez”
Eva Luna García-Mauriño, directora artística del Festival Riesgo. Foto: Gaby Merz

Manuel Benito: En febrero del año pasado se celebró en los Teatros del Canal la primera edición del Festival Riesgo, que vuelves a dirigir este año. ¿Qué acogida tuvo?

Eva Luna García-Mauriño: La verdad es que tuvo buenísima acogida. Yo tenía un poco de miedo –bueno, yo siempre tengo miedo, eso ya lo he confesado en más de una ocasión, hasta que no acaba no me relajo- pero en este caso era un reto programar circo dirigido a público adulto y juvenil. Seguimos necesitando hacer esa pedagogía de que el circo no es solo para niños, porque cuando la gente escucha la palabra “circo” automáticamente dice “ah, no, es que no tengo hijos”. 

El reto del Festival Riesgo era conseguir llegar a un público potencial que generalmente no se siente interpelado cuando escucha la palabra “circo”, y para ser una primera edición tuvimos los aforos completos en casi todas las funciones, y lo que no se llenó estuvo en un 80% o 70% de ocupación. Yo acabé muy contenta y muy sorprendida. 

M. B.: Cumpliste los objetivos en la primera edición. ¿Los objetivos de esta edición son más o menos los mismos?

E. L. G.-M.: Sí. Elaño pasado, a nivel curatorial, mi intención era abarcar estilos muy diferentes precisamente para que la gente entendiera que el circo es muy amplio, igual que la danza o el teatro. Es muy frecuente escuchar “no me gusta el circo”, pero quizá no te ha gustado un espectáculo o un tipo de circo concreto. La idea de la primera edición era abrir una paleta de colores dentro del mundo del circo, y este segundo año el festival está enfocado a las definiciones de riesgo: qué entendemos por riesgo y qué tipos existen, desde el riesgo más físico, ligado a la adrenalina y al peligro, hasta un riesgo escénico o artístico. 

M. B.: ¿Con qué espectáculos nos vas a ofrecer estos tipos de riesgo? 

E. L. G.-M.: El festival se abre con una propuesta de Canadá… El año pasado hablaba también de las escuelas dentro del mundo del circo, y existe la escuela canadiense con una estructura muy concreta, pero eso no quiere decir que todas las propuestas de Canadá respondan a esa corriente, por ejemplo, la que traemos este año.

People Watching de la compañía Play Dead es una propuesta muy cercana a la danza y a las artes vivas, que ha estado ahora de temporada en el Chamäleon Theater de Berlín. Algo que me parece interesante de esta propuesta es que en el circo hemos perdido la imagen de las estrellas; cuando hablas de los grandes referentes, la gente se va al pasado —Pinito del Oro, Los Payasos de la Tele—, pero no al presente, como sí ocurre en el teatro o la danza.

En este espectáculo hay grandes figuras de la escena internacional actual, como Natasha Patterson, codirectora del espectáculo y artista, una gran virtuosa del movimiento y una fuera de serie, o Sabine Van Rensburg que también está en este montaje. Queremos empezar a identificar a esas figuras que ahora están diluidas en la colectividad.

Después continuamos con Der Lauf de la compañía belga Les Vélocimanes Associés. Dentro de esta paleta del riesgo, su trabajo es muy interesante porque el riesgo lo conduce el propio público; esto no quiere decir que el público salga a escena, que a la gente le da pánico cuando se habla de obras participativas… No, al revés, desde lo colectivo se dirige al artista a través de distintos experimentos que van teniendo distintos grados de riesgo.

El artista, que ha trabajado en el Cirque du Soleil, decidió hacer una obra donde la mayor parte del tiempo va con un cubo en la cabeza ya que por lo visto lo pasaba muy mal en escena. ¡Qué brillante idea! Es una de las obras que actualmente triunfa por toda Europa, una propuesta muy singular, muy original, muy particular. 

Luego tenemos Bürstner’s Club de la compañía española DelsAltres, y también volvemos a esta idea de las grandes estrellas, en este caso nacionales.

En este montaje participa Elena Vives, una grandísima artista que ha ganado premios internacionales y transita entre el circo y la magia; es una gran virtuosa, viene de la danza, y se la conoce también por la compañía La gata japonesa…

En este elenco hay también grandísimas figuras, como Eleonora Gronchi, la directora, que es cantante de ópera y canta en la obra.

Es circo inmersivo: el público está prácticamente dentro de la escena, es un espectador cómplice. Además, es una obra multidisciplinar con un gran nivel técnico, no solo artístico. Siempre quiero que en Riesgo haya una propuesta nacional y he querido incluir a esta compañía porque es de las pocas que apuestan por un circo más arriesgado, con un formato poco habitual en España.

Sus espectáculos no son fácilmente programables por la propuesta escénica a nivel espacial y artístico; en España se tiende a programar un circo más enfocado a público infantil, y ellos apuestan claramente por el público adulto y juvenil.

La siguiente propuesta es Pandax de Cirque La Compagnie de Francia – Suiza, donde aparece el riesgo adrenalínico: sientes peligro, sientes que en cualquier momento puede haber un accidente, aunque todo esté controlado. Es como una road movie —de hecho, ellos la califican como road circus— y me recuerda muchísimo al cine de Kusturika. Tiene música en directo, algo que se ha ido perdiendo mucho en el circo, y se representará en la Sala Verde en un espacio circular. 

Y la última semana tenemos Si c’est sûr, c’est pas peut-être de Cie Takakrôar, de Francia, un circo minimalista donde el humor está presente, pero desde la filosofía, un humor absurdo y al mismo tiempo reflexivo. Se desarrolla en una yurta muy pequeña que se va a instalar en la Sala Negra. 

Y cerramos el festival con Le Complexe de L’Autruche de Collectif d’équilibristes de Francia, una obra colectiva muy representativa del circo de la última década: compañías que rompen con la imagen de la troupe tradicional, en la que cada artista hacía una disciplina. En este caso todos hacen la misma, la parada de manos (o hacer el pino, como la gente comúnmente lo llama). 

M. B.: ¿Por qué la mitad de los espectáculos del festival son franceses? 

E. L. G.-M.: El circo francés tiene propuestas muy interesantes porque ha contado con mucho apoyo institucional. Francia fue el primer país en reconocer el circo como arte y en crear una escuela de circo como tal -bueno, miento, en realidad fue Rusia, pero con unos fines diferentes-.

Hay centros por toda Francia dedicados a la producción, exhibición e investigación. Ni Bélgica ni Francia se pueden comparar con ningún otro país en ese sentido. Cuando se apoya un arte, se genera buen material; si se trabaja en buenas condiciones, se exporta un buen producto, y eso repercute en la identidad cultural y la economía del país.  

M. B.: En el festival incluyes Los siete hilos invisibles, una ponencia de Roberto Magro. ¿Quién es Roberto Magro? 

E. L. G.-M.: Para mí es un gran referente. Fue mi profesor y fue quien me abrió la cabeza para entender que el circo podía hablar de mucho más que de entretenimiento. Me hizo ver que el circo tenía derecho a hablar también de cosas inteligentes, interesantes, conceptuales.

Es una persona fundamental para varias generaciones de artistas y gestores culturales porque fue de los primeros en empezar a pensar el circo, y en intentar teorizar y entender desde dónde se construye, desde dónde se genera la dramaturgia.

Toda su vida ha estado volcada en la investigación y en romper con los tópicos. Creo que el circo le debe mucho. Además, es un genio, es muy inteligente y muy artista, muy particular como persona y como personaje.

M. B.: Para quienes se enteren tarde de que este mes de febrero se celebra la segunda edición del festival Riesgo, ¿qué entradas pueden comprar que no estén agotadas?

E. L. G.-M.: Quedan entradas para People Watching, Le Complexe de l’Autruche y muy pocas para Der Lauf, apenas unas veinte.

M. B.: ¿Prefieres las propuestas de carpa pequeña, o las grandes producciones? 

E. L. G.-M.: Prefiero todo. Soy una gran amante del circo, y lo digo sinceramente. Mucha gente piensa que yo soy muy contemporánea, y es verdad, me gusta mucho el circo contemporáneo, pero también disfruto muchísimo del circo clásico auténtico.

Por ejemplo, hay un circo clásico en Francia muy conocido, el Bouglione, con muchos años de tradición, donde ves auténtica barbaridades… y yo lo disfruto, de verdad. Me siento y pienso: “¿Pero qué es esto?”. Es algo único que merece estar ahí. A mí me gusta todo, siempre que esté bien hecho y sea honesto. Para mí la honestidad es fundamental en lo que se hace.

M. B.: Las compañías y los circuitos españoles de circo, ¿qué tienen que aprender del circo europeo o del circo mundial? 

E. L. G.-M.: A defender sus espacios, a poner en valor su propia disciplina y a tener una mirada abierta para ver de qué manera el circo puede situarse, con estrategias y una base sólida, al nivel de la danza o el teatro.

M. B.: ¿Puede que en los últimos años se haya producido un auge del circo en España, especialmente en lo que respecta al apoyo institucional? En este sentido, ¿qué papel han tenido las asociaciones profesionales en la creación de iniciativas como Circo a Escena del Inaem o el Festival Riesgo en Teatros del Canal? ¿Han sido un impulso del propio sector o una apuesta de las instituciones? 

E. L. G.-M.: Llegó un momento en que el sector del circo se cansó de la precariedad y de estar al margen, y se dio cuenta de que, de forma individual, no se iba a conseguir nada. Las asociaciones y federaciones empezaron a constituirse en torno a 2014-2015, y fue entonces cuando el sector comenzó a ganar más relevancia, gracias a un trabajo de hormiguita, poco a poco. Esto a nivel estatal, porque Cataluña es otro cantar: tiene una realidad totalmente distinta y desde mucho antes.

En la última década, las agrupaciones profesionales han ido realizando un trabajo constante de ir educando a políticos, gestores culturales, programadores y a la propia sociedad, para demostrar que el circo no se corresponde necesariamente con ese imaginario o esas ideas a las que suele vincularse. Creo que eso ha sido fundamental y que poco a poco ha ido calando.

Es cierto que, como en todos los ámbitos, no es oro todo lo que reluce y que no siempre tenemos la representatividad a la que deberíamos aspirar. El circo ha estado tan acostumbrado a vivir en el margen que, en cuanto es un poco más visible, parece que ya lo hemos conseguido. Y no es así: queda muchísimo por hacer. Todavía estamos a años luz de la danza y el teatro; seguimos siendo el hermano pequeño. Hemos mejorado mucho, sí, pero aún falta mucho más.

Además, algo que he notado es que cada vez que hay cambios políticos hay que volver a empezar ese trabajo. Ya llevamos dos o tres generaciones de responsables políticos o de estructuras que van conociendo el circo, pero con quienes llegan nuevos a veces hay que dar marcha atrás y comenzar de nuevo. Esa es, para mí, la clave: el circo tiene que estar demostrando permanentemente su validez.

Siempre digo que al circo se le exige jugar en primera división con recursos de décima. La gente dice que en el circo no hay cosas interesantes… Pero, si comparas el circo con el teatro, ¿con cuántos recursos ha contado una compañía de teatro para crear un espectáculo y con cuántos cuenta una compañía de circo? No solo en producción, sino también en formación, en circuitos, en espacios en creación… Por eso creo que todavía queda mucho trabajo de meterse en el fango, cambiar la situación y dotar de recursos reales al sector.

M. B.: Y hablando de instituciones, ¿qué opinas de que este año el Circo Price haya prescindido del Festival Firco, que se llevaba celebrando ya ocho ediciones? 

E. L. G.-M.: Me apena que, después de muchos años de esfuerzo para levantar un proyecto de circo —que no es fácil—, posicionarlo socialmente, dignificarlo, lograr que el Cirque du Soleil lo incluya entre los festivales que visita para captar nuevos artistas, conseguir el apoyo de varias embajadas y, además, llenar el Price, sea tan fácil prescindir de un proyecto de esta envergadura sin tener en cuenta todo el trabajo que hay detrás y a todas las personas que trabajan y han trabajado en él. Creo que esto en el teatro no se haría.

Si comparamos el valor que tiene Firco para el circo con el que tiene un festival de teatro de gran envergadura para el teatro —como, por ejemplo, Mérida o Almagro, con la diferencia de recursos que han ayudado a posicionarlos y el lugar que ocupa el teatro en nuestra sociedad—, en el teatro sería impensable algo así y, sin embargo, en el circo ocurre. Ahí es donde más se ve la fragilidad de nuestro sector, porque estoy segura de que, si esto hubiera sucedido en el teatro, habría sido portada de los periódicos.

En este caso se ha acabado con un proyecto muy válido y brillante, que además ponía en diálogo el circo contemporáneo con el clásico: un festival único en el mundo y un referente internacional que, de un plumazo, ha dejado de existir sin apenas repercusión mediática. Ahí es donde se demuestra que todavía queda mucho por hacer en el mundo del circo para dignificarlo y darle el valor que se merece. Muchísimo.

IDEAS · CIRCOTECA

Descubre más en

Zirkólika

La cultura circense para los zirkólikos culturales.
Las artes circenses en su máxima expresión: impreso y online, para leer, ver, escuchar, experimentar y comprar.

Destacamos

Esta entidad ha recibido una ayuda a la edición del Ministerio de Cultura

^