IV Convención de circo de Turquía – Tekirova (Antalya) del 5 al 11 de octubre
Largo fue el viaje hasta llegar al lugar de la Convención. Cerca de 1000 kilómetros lo separan de Istanbul. Dos turcos me acompañaron en el último trayecto desde Antalya, en un viejo autobús, que para en cada pueblecito costero, hasta llegar a Tekirova. Este lugar del sur de Turquía se encuentra entre las montañas, y al mismo tiempo, en la playa. Lugar de escaladores, y de practicantes de parapente. A unos 5 kilómetros de Tekirova llegamos al Camping Sundance, un sitio paradisíaco, en la playa, que acoge a los malabaristas cada año. Como llegué un par de días antes, me tocó ayudar con el montaje: tres carpas de estructura triangular, las moquetas, los carteles, la electricidad… todo lo necesario para que empezara la Convención, pero eso sí, trabajando “yavas yavas”, despacito despacito, al más puro estilo turco.
La carpa más grande estaba destinada al lugar de práctica, 24 horas, y al escenario de la Gran Gala del sábado. La carpa pequeña era la Carpa Chill Out, y del Renegado. La Carpa intermedia, recientemente montada, equipada con tarima de madera y mosquitera, era para los talleres. Este año tuve la oportunidad de compartir y colaborar en el equipo de organización de la Convención, en algunas de las actividades, y fue una experiencia muy enriquecedora.
El lunes dio comienzo oficialmente la Convención. Muchos malabaristas habían llegado el día anterior, otros llegaban y buscaban su lugar en la zona de acampada, cerca de la playa. Algunos preferían alquilar las “casas árbol” que ofrecía el Camping. Más de 20 nacionalidades distintas se vieron: Grecia, Argentina, Méjico, Suiza, India, Korea, Libia, Alemania, Austria… y gran cantidad de turcos, que hicieron llegar toda la participación a unos 200 malabaristas.
Los primeros días fueron tranquilos: baños en la playa, talleres espontáneos de circo en las zonas verdes, partidas de Tavla (el bakgamon turco) y de Go, y mucha comida turca. Mucha mucha comida, y Çay (el famoso té turco) a cada rato. Los talleres que más acogida tuvieron fueron: el de Siteswap del turco Okan; el de manipulación de una maza del suizo Vincent; el de movimiento de Gökhan; el de Bollywood Dance, de Sonal, malabarista procendente de India; el taller de multi-idiomas para malabaristas, impartido por malabaristas de distintas nacionalidades; el taller de acrobacias de la turca Suzi, y la sueca Lina; taller de yoga, de biodanza, de masajes en el agua de la mejicana Pamela, de silencio, de bastones, de swing, de diábolo…
Por las noches, la gente se juntaba a tocar instrumentos en la playa, mientras tomaban çay, bajo la luna llena. En la carpa Chill Out, se podía degustar Hint Çay (té de India), y pasteles de manzanas o de moras silvestres, totalmente exquisitos. Los desayunos turcos fueron increíbles. Los turcos se juntan alrededor de un mantel, y los platos llenos de manjares nunca terminan (verduras, frutas, tortillas, salsas con especias, frutos secos…) todo acompañado de té. El desayuno turco era como un ritual para todo malabarista, previo a cualquier cosa, cada mañana. Y podía durar horas.
En el camping, lugar muy exótico, no era raro ver gran cantidad de animales sueltos (tortugas, patos, gallos, escorpiones, erizos, caballos, cabras…), a veces al lado de las tiendas. Pero la atmosfera de los malabaristas era tan tranquila, que no se perturbaba la naturaleza del lugar.
Uno de los espectáculos más fuertes para arrancar con la Convención fue el del inglés Luke Burrage, que nos deleitó con sus buenas y originales rutinas de diábolo, mazas, aros, y pelotas, con un “estilo demasiado europeo”, según decían los turcos.
En la tarde del miércoles tuvo lugar Las Olimpiadas, dónde normalmente priman más los juegos en grupo que las disciplinas de malabares, aunque se vieron las clásicas pruebas de: “limbo con tres pelotas”,” yoga malabar con tres pelotas”,” resistencia de cinco pelotas”,” passing a distancia”, y la “guerra de mazas”. El participante con más puntuación obtuvo el premio de volar en parapente desde una de las cumbres, el resto de premiados tenían un masaje, o material de circo, cortesía de la tienda turca de circo “Be Positive”. Esa noche arrancó el primer Renegado. Fue corto, pero intenso, y con mucha energía y música en vivo. Los que no querían cerveza, ganaban Çay, y esto hacía que creciera la hiperactividad en el escenario. Al día siguiente continuaron los talleres, y al medio día fuimos todos los de la convención, en teleférico, al pico más alto del lugar, a 2500 metros de altura, donde se divisaba toda la costa turca. Allí hicimos el lanzamiento de objetos al aire, y el ganador de las olimpiadas voló en parapente. Fue muy increíble todo aquello, en medio de las montañas.
El viernes fue el día de la Competición de Volley-Maza, muy divertida, ya que había una buena mezcla de nacionalidades participando. Y al anochecer tuvo lugar la mítica Noche de Fuego, que duró hasta altas horas, con algunos espectáculos interesantes, como el de Sonal y Pamela, de danza. Esa noche también hubo un Renegado curioso.
El sábado fue el día más fuerte, en el que mayor número de participantes había. Y fue la noche de La Gran Gala, muy esperada por todos. Sonal de India, y Asli de Turquía fueron las presentadoras. La gala se abrió con un baile cómico-hindú al más puro estilo Bollywood, entre la gente que había participado en el taller. Destacó: el número conceptual de mazas del suizo Vincent; el “niño” de la Convención (un turquito de 12 años), llamado Dogancan, que hizo pelotas; el turco Okan con diábolos; la danza de las Gypsie Girls (Sonal y Pamela); el griego Emilio con mazas, con la música del acordeón de Irmak, de Turquía; Luke Burrage, que hizo su número de tres pelotas y una chaqueta; el turco Gökhanito, con un show muy paranoico y enérgico de contact; el alemán Chris, con sus trucazos de tres pelotas; y cerraron Suzi y Lina, con un espectáculo de malabares y clown. Después de la Gala, siguió el Renegado, hasta el amanecer, cuando se escuchó el Ezan, los cánticos de la mezquita más próxima del pueblo. Para unos esto significaba un nuevo día. Para otros, la hora de ir a acostarse.
El domingo fue un día tranquilo dedicado al disfrute de la gastronomía turca, tomar mucho çay, momento de las despedidas, y del desmontaje de las carpas. Hace tan solo unos 9 años que el nuevo circo fue introducido en Turquía, por Deniz y Enis (malabaristas miembros de la organización de la Convención). Pero, sin ninguna duda, un año más los turcos han sabido estar a la altura, y ofrecer una de las convenciones más curiosas, en cuanto a la mezcla de culturas, el lugar exótico-paradisíaco, y las sorpresas que aguardan cada año al malabarista curioso, que llega para descubrir, que también en esa esquina del mundo hay circo.
Quedo a la espera, impaciente, de la próxima Convención de Circo de Turquía. Por mi parte, un diez a los turcos, un gran agradecimiento por hacerme sentir a mí y a todos los malabaristas como en casa, y hasta el año que viene amigos, “insallah arkadaslarim”…
Fede Menini (Asociación de malabaristas y circo de Alicante “Donyet Ardit”)