Joan Soler-Jové: 88 años al pie de la pista

Joan Soler-Jové: 88 años al pie de la pista

El mundo del circo está de enhorabuena. Joan Soler-Jové, uno de los artistas que mejor ha sabido plasmar el universo circense, cumple hoy 88 años y desde Zirkólika le deseamos un feliz aniversario y que por muchos años pueda seguir acompañándonos. 

Desde que en 1954 conociera a Charlie Rivel en Barcelona, el payaso se convirtió al mismo tiempo en amigo y en su principal fuente de inspiración. 

Sin riesgo a equivocarnos podríamos afirmar que ningún otro artista de circo haya inspirado tanta obra pictórica de un solo autor.   

La obra de Joan Soler-Jové es un testimonio de incalculable valor de más de medio siglo de historia circense

Zirkólika le rinde homenaje con un artículo de Ramon Bech i Batlle: Joan Soler-Jové y Charlie Rivel: Caminos paralelos

La relación entre Joan Soler-Jové y Charlie Rivel empezó con la fascinación del primero por el trabajo del segundo. Inconscientemente asociamos el nombre de Joan a la figura de Charlie. 

No han faltado las voces que han tildado al dibujante de oportunista, de quererse aprovechar de la fama del payaso para promocionar su obra. Mi lectura es otra: nos encontramos delante de un hombre generoso y apasionado, que ha querido concentrar sus esfuerzos en reflejar la cotidianidad del circo, un mundo que le atrae desde la infancia. 

Es lógico, pues, que Joan decidiera dibujar a un payaso, considerado por todo el mundo, como uno de los mejores de su tiempo. El destino, como casi siempre, hizo un trabajo impagable: la de unir los caminos de dos artistas procedentes de ámbitos distintos. 

Así, la misma casualidad que hizo que en una parada que hicieron sus padres, Charlie naciera en Cubelles; más adelante en el tiempo se encargó que ambos personajes coincidieran. Así, además de nacer una sincera amistad, Joan encontró en el payaso una fuente inagotable de inspiración.

    Joan Soler-Jové inmortalizó como nadie a Charlie Rivel 

Charlie, junto con otros grandes nombres de la sonrisa como los Fratellini, Grock o Lou Jacobs, ha estado y continúa siéndolo actualmente, uno de los payasos que ha recibido más atención por parte de dibujantes y pintores. 

Me atrevería a decir, pero, que ninguno de los nombrados ha recibido nunca tanta atención por parte de un solo dibujante y mucho menos, de manera tan prolongada en el tiempo. Y es que Joan ha recreado la figura de su amigo mil y una veces. 

Aquí radica uno de sus méritos más remarcables: la capacidad de saber dibujar un mismo personaje y que cada vez se convierta en el retrato de un momento único y diferente. 

Sinceramente, creo que Joan habría ganado más dinero si el tiempo que ha dedicado dibujando a Charlie Rivel lo hubiera dedicado a hacer paisajes; pero seguramente no se habría sentido tan realizado, ni tendría la admiración, estima y agradecimiento de todos los que amamos al circo.

La complejidad del mundo en el que vivimos, hace que el arte también se resista y vaya a veces por caminos de difícil entendimiento. A menudo me cuesta entender lo que quieren decir algunos de los artistas más contemporáneos. 

Gracias a Dios, Joan ha escogido otro camino, yendo a la búsqueda de una exquisita sencillez de planteamientos, eliminando todo aquello innecesario y que dificulta la fácil comprensión de lo que nos quiere transmitir. 

Saber definir la realidad de esta manera no está al alcance de cualquiera. Hace falta un talento innato y muchas horas de análisis, estudio y práctica, sin olvidarnos del arroje y constancia necesarios para superar los difíciles momentos de falta de inspiración, en los cuales no se encuentra la llave que abre la puerta de lo soñado.

Esta búsqueda de un lenguaje universal y comprensible, la comparten ambos personajes. Charlie hacía reír allá donde iba, de la misma manera, que todo el mundo puede entender el trabajo de Joan. 

Dicen los entendidos, que todo buen orador ha de saber explicar algo utilizando el mínimo de palabras posibles. Esta sentencia la podríamos versionar para intentar definir el estilo de Joan y entonces diríamos: “todo buen dibujante ha de dibujar utilizando el mínimo de trazos posibles”. 

Él simplifica al máximo sus dibujos, buscando un trazo justo y exacto, sin querer nunca añadir ni una sola línea de más; hasta el punto que algunos de sus dibujos parecen inacabados. 

A veces falta una línea de las piernas, de los brazos, del vestido… aquella línea no dibujada a propósito y que realza el dibujo más que si estuviera hecha. Entonces nuestra mente ya se encarga de hacer visible lo invisible.

A veces, el color sirve para esconder un mal dibujo, pero cuando el único color que utilizas es el negro, combinado con el blanco del papel, la verdad se presenta desnuda delante de los ojos de todos. 

Joan utiliza el color de manera muy puntual, el rojo en el caso de Charlie, para remarcar dos de sus elementos más característicos: su gran nariz y la larga camiseta.

Gracias a Joan, Charlie Rivel es más inmortal de lo que hubiera sido nunca sin su ayuda. Cuando incomprensiblemente muchos han olvidado al genio de Cubelles, Joan Soler-Jové lo devuelve a la vida de la única manera que puede hacerlo: con la ayuda de su lápiz. ¡Que sea por muchos años!

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