Maitane Azpiroz: cuando el circo se sube a los árboles
Alma inquieta, gestora cultural, dramaturga y artista, Maitane Azpiroz es una de las grandes referentes del circo contemporáneo en Navarra.
Nacida en Pamplona en 1982, descubrió su vocación muy pronto: a los cuatro años dio sus primeros pasos en la danza clásica, y ocho años más tarde se adentró en la contemporánea.
Ya en plena adolescencia, su inquietud creativa se cruzó con un fuerte compromiso social que la llevó a frecuentar los Centros Sociales Okupados (CSO) de Navarra. Tras aprender lo básico de los malabares con tres pelotas y a caminar con zancos, fundó junto a unas amigas un grupo de animación que fue como un amor de verano: intenso, pero breve.
Sus primeros pasos en el aprendizaje de las artes de la pista las dio en la Escuela de Circo Oreka (Oreka Escuela Navarra de Circo o Nafarroako Zirko Eskola), un proyecto autogestionado y de funcionamiento asambleario que fue la cuna del circo contemporáneo en Navarra. Paralelamente se involucró en proyectos de compañías locales como Matakaladanza y T’ombligo Teatro.
Por entonces, el circo ya le había ganado la partida a la carrera de Filosofía, lo que la impulsó a abandonar los estudios para lanzarse a la aventura. Tras pedir consejo al malabarista Asier Garnacho, puso rumbo a Madrid para cursar un intensivo de acrobacia en Carampa con la firme intención de preparar las pruebas de acceso a una escuela profesional. Con tal de financiarse la estancia en la capital española llegó a hacer malabares y acrobacias en los semáforos.
Aunque audicionó sin éxito en la ESAC de Bruselas y en el Lido de Toulouse, el rechazo no frenó sus intenciones: se marchó a Italia donde cursó varios talleres de circo y danza.

Acto seguido, llegó a la capital belga, donde perfeccionó las técnicas circenses en el Espace Catastrophe, mientras continuaba formándose en danza y teatro con la mirada fija en un único objetivo: volver a presentarse a las pruebas del Lido.
Quien la sigue la consigue, dicen. Durante dos cursos aprendió a trabajar bajo una presión constante, obligada a presentar un número nuevo cada mes. El más difícil todavía era el terrorífico momento del “Péter les plombs” (“Fundir los plomos”), una prueba ideada para sacar por completo al alumnado de su zona de confort. A ella se le ocurrió montar una performance en forma de monólogo sobre la regla en la que se vertía por encima dos cubos de líquido rojo…
Al terminar sus estudios en el Lido, con veintisiete años y un futuro por escribir, coleccionó experiencias de todo tipo: bolos en eventos o colaboraciones como artista u ojo externo con compañías como Markeliñe, Cie Génôm/Aragorn Boulanger TLS, Cie Malaxe de Marsella, Cie Rouge Elea, Nadine O’Garra, NTlades o CirkVost.
De aquella época guarda anécdotas tan memorables como cuando, haciendo de bufón en un mercado medieval e intercambiando objetos con el público, le quitó las gafas a una mujer para ponérselas a otra… con la mala suerte de que ésta salió corriendo a toda velocidad y le tocó pagar unas nuevas. Así fue como a partir de entonces, durante un tiempo fue conocida como ‘la Gafada’.
Más allá de poner su talento al servicio de otras, también sintió la necesidad de materializar sus propias ideas. Con la complicidad de Lander Fernández, creó los solos Bajo la falda (2010) —un acercamiento a la perspectiva de género y los estereotipos— y Códex (2012), una pieza que investigaba la codificación de los cuerpos inspirándose tanto en los diálogos iniciales de la película Trainspotting como en los antiguos códices medievales.
Tras estas propuestas de gran riesgo artístico creó el número de trapecio fijo H2o (2019) y Artxpiélago, una obra de circo coreográfico que entrelaza la música en directo de un chelista, el movimiento aéreo de una trapecista bailarina y la materialidad orgánica de la arena. Co-creada junto a la intérprete Teresa Magallón, Maitane continuó adelante con la dirección a pesar de quedarse embarazada durante el proceso creativo.
Este año ha estrenado Zuhamu, La trapecionista (2026), un proyecto concebido junto a su pareja, el técnico forestal Juanjo Altuna. Arropada en escena por la acróbata Laura Abrain y la música en directo de Iván Casado, la obra profundiza en la íntima conexión entre el agua y los árboles, un imaginario creativo en el que el fluir de la savia por los canales del tronco se tradujo escénicamente en un juego con las multicuerdas y los arneses.
Su huella en el tejido cultural navarro se extiende también a la dirección artística, la gestión y la mediación. Es creadora del Cabaret de invierno Mara Mara y diseñadora de espectáculos para escenarios como el Teatro Gayarre —donde ideó la Gala Horizonte-Zerumuha por el Día Mundial del Circo—.
Además, es una de las cofundadoras de la Asociación de Circo de Navarra – Nafarroako Zirko Elkartea (NAZE), presentada oficialmente el abril del año pasado con una gran gala en Civivox Iturrama.
En tiempos del fast food, Maitane nada contra corriente. Es como la cocina de la abuela, prefiere cocer a fuego lento todo cuanto hace.
Sus procesos creativos surgen de la calma, la investigación, el estudio detallado y un amor inmaculado por su oficio. Maitane es una luchadora incansable. Combate a brazo partido para que Pamplona cuente por fin con un circo de invierno estable a imagen de otras ciudades del Estado español; y conociéndola, tarde o temprano se saldrá con la suya.