[Entrevista] El malabarista ucraniano Viktor Kee, vetado en Rúsia

[Entrevista] El malabarista ucraniano Viktor Kee, vetado en Rúsia

El espectáculo Amaluna se despide de PortAventura (Tarragona) este domingo 23 de agosto y viajará próximamente a Bélgica. Por el circo han pasado este verano 110.000 personas, según ha anunciado hoy el parque temático, que ha calificado la segunda temporada de la compañía de "éxito". Uno de los protagonistas del espectáculo, el malabarista Viktor Kee, fue entrevistado por Zirkólika para un artículo que publica la revista en el número 45, correspondiente al verano. El artista denunció el boicot de las autoridades rusas a su presencia con el Cirque du Soleil por su campaña a favor de Ucrania.      

Te formaste en la escuela local de circo Uday, donde entraste a los 6 años a través de tu hermano ¿cómo descubriste que querías ser malabarista?

A los 15 o 16 años tenía que decidir disciplina. Tenía un número con aros y mazas, muy clásico, que funcionaba, pero un día creé un número que mezclaba tres bolas grandes con pasos de breakdance, que en su momento me gustaba mucho. Resulta que este nuevo número, menos técnico, era mucho más popular, así que la decisión ya estaba tomada: ya no volví a actuar con otro elemento que no fueran bolas.

En 1989 ingresaste en la Escuela Profesional de Circo de Kiev, ¿qué es lo que más recuerdas?

Las muchísimas horas de entrenamiento, con sesiones de siete de la mañana a siete de la tarde. A los malabaristas nos hacían entrenar 2-3 horas más cada día, ya que el programa formativo dedicaba pocas horas al malabarismo. Recuerdo competir con otros alumnos a ver quién se quedaba más tiempo entrenando, todos queríamos ser el último en irnos a casa, aunque estuviéramos muy cansados.

En alguna ocasión has comentado que estás más interesado en la parte estética de los malabares que en la técnica, ¿piensas que se puede alcanzar esa estética sin una base técnica?

No, tienes que tener una base técnica muy sólida para estar cómodo con los malabares, para hacer lo difícil fácil. El circo es un arte visual, no un deporte; si muestras un truco muy técnico, pero no lo haces de forma estética, no va a funcionar entre el público. Si dejamos de prestar atención a cómo se ven los trucos desde fuera, pierde todo su sentido.

¿Crees que algunas escuelas de circo de línea más moderna están olvidándose de la técnica?

Sí, trabajan mucho el estado de ánimo, pero no la estética. Algunos se centran mucho en sí mismos. Yo no quiero transmitir mi sentimiento al público, yo quiero sacar un sentimiento del público, que salga de ellos; es una aproximación diferente.

Has conseguido tener un estilo propio característico, ¿cómo nació?

Con aquél número de malabares y breakdance vi qué funcionaba, y decidí desarrollar trucos en el suelo y en movimiento. Luego vi a Francis Brunn en vídeo y quise ser como él, me impresionó mucho, me vestí completamente de negro y simplifiqué la técnica de mi número, sólo actuaba con tres bolas. Luego vi que los escenarios grandes requieren más elementos en el aire y volví a recuperar las 5 y 7 bolas en escena.

Has comentado que hiciste el mismo show con Dralion más de 3.000 veces. ¿Cómo te concentras antes de un número que puede volverse tan rutinario?

Nunca me he aburrido, siempre es distinto. Años después conocí a Brunn y llegamos a ser buenos amigos, él siempre decía que se motivaba con cada público, queriendo hacerlo perfecto o metiendo pequeños detalles diferentes. En cada país el público es diferente y lo percibes, además, yo me sigo poniendo nervioso y tengo ciertos rituales previos para focalizar mi atención.

¿Alguna actuación que recuerdes especialmente?

La Nochevieja de 2000 actué en Nueva York junto a Barbra Streisand, fue bonito. También fue muy emotivo mi último show en Dralion. Fue graciosa una vez en Chile que olvidé quitarme la veda semitransparente que cubría mis ojos al principio del espectáculo. Realicé toda la rutina con ella puesta, sin encontrar el momento de quitármela [risas].

¿Qué aficiones tienes fuera del ámbito circense?

Me gustan mucho los musicales clásicos, con artistas como Fred Astaire o Gene Kelly, quienes fueron una gran inspiración para mí. También me gusta mucho el golf, que tiene muchas similitudes con los malabares, siempre se puede mejorar, requiere constancia y precisión. Y disfruto mucho bebiendo un buen vino con amigos, mientras fumamos un buen puro.

Hablemos de Amaluna, ¿cómo has llegado aquí?

Tras 9 años en Dralion y más de 3.000 shows, abrí una productora de espectáculos (Art Vision) porque quería ser manager y hacer cosas distintas. Quería seguir actuando y acabé en Singapur, donde cambié mi número y mi personaje. Entonces me llamaron de Cirque du Soleil y me ofrecieron un nuevo espectáculo, donde tendría más protagonismo. El personaje me interesaba y encajaba con lo que estaba haciendo: los movimientos de reptil, más bufonesco, etc. Cali es más divertido, mis otros personajes eran muy serios.

Siempre cuesta encontrar los nombres de los artistas de Cirque du Soleil en la prensa o en la propia web de la compañía, en cambio uno sí que encuentra el de los coreógrafos o diseñadores de vestuario.

Eso lo odio. Se supone que por contrato debe aparece nuestro nombre, pero solo sale en el programa (que es de pago). Me parece que no es justo, si el mundo del circo estuviera más unido y tuviera un soporte sindical no pasarían estas cosas. Nadie imagina que esto pueda pasar en una obra de teatro, pero en el circo es así. No se trata de luchar contra Cirque du Soleil, es simplemente que uno quiere visibilizar su nombre. También hay que reconocer que se está a gusto en la compañía, ofrece muchas facilidades sanitarias, de entrenamiento, técnicas, etc.

¿Os afecta en algo la venta de la compañía?

Por el momento no ha cambiado nada. Cada tour tiene una gestión independiente y todo sigue igual. Yo supongo que los nuevos dueños comenzarán con los cambios en unos meses.

¿Crees que Cirque du Soleil promueve el circo?

Nunca fue uno de sus objetivos, ellos quieren ser la mejor producción de circo, nada más. Sí que han conseguido que la gente, al pensar en circo, visualice los clásicos circos de lona y el Soleil.

En 2014 creaste la Fundación Viktor Kee. Previamente habías recorrido los Estados Unidos con tu campaña “Help Ucraine”.

Fue una experiencia conmovedora. Cuando empezó el conflicto en Ucrania decidí hacer algo, aunque fuera simbólico. Crucé el país de este a oeste para informar a la gente y recoger firmas en una bandera, visibilizando y concienciando sobre el conflicto. También recogí algunos fondos para caridad, pero no era ese mi objetivo. Fue una gran experiencia. El problema es que es un conflicto muy complejo políticamente y no se podía ser neutral. En Rusia ya han avisado que no podré actuar allí en la gira de Amaluna, aún tengo que renegociar mi contrato.

Después creaste tu fundación, que tiene varios frentes: los círculos donde realizáis talleres con niños, la terapia con discapacitados, los eventos para recaudar fondos, la campaña del 1%… ¿No sois muy ambiciosos?

Sí, quizá demasiado. Por ahora nos centramos más en el trabajo con niños y en la creación de una escuela infantil de circo en Ucrania. Después de eso llegaremos al resto. Me hace mucha ilusión lo de la escuela, ya que pretende seguir el modelo en el que yo me formé y que, tras la caída de la URSS, ha desaparecido. Estamos en contacto con el Ministerio de Cultura, buscando apoyos, sponsors.

¿Estás contento con cómo está funcionando?

Sí, por suerte tengo un gran equipo de voluntarios, ahora nos estamos esforzando en buscar vías de financiación. El proyecto Open Circles que hemos realizado en Argentina salió muy bien: cuatro meses después de ir a uno de estos sitios con niños en riesgo de exclusión vimos que esos niños siguen realizando actividades culturales. Este verano iremos a África. Estamos aprendiendo, creciendo, queremos hacernos más grandes y llegar a más sitios.

¿Cómo puede la gente ayudar a tu fundación?

En la página web (www.viktorkeefoundation.com) hay toda la información de nuestro trabajo y cómo ayudarnos. Todo es altruista y cualquier aporte será bien recibido. Todo se invierte directamente en la fundación: desde ofrecerse como voluntario en nuestros proyectos, hasta donar dinero directamente, pasando por comprar merchandising, traducir nuestros textos o promocionarnos a nivel local. Todo será bien recibido. 

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