Zen del Sur: arte con mayúsculas
Xpectro de la Cía. Zen del Sur fue una de las grandes atracciones de la pasada edición de Trapezi Reus. Hoy conoceremos un poco más acerca de la trayectoria y esencia de una de las mejores compañías multidisciplinares del Estado español.
Ir más allá de las clásicas etiquetas
“Siento mi pecho lleno de corazoncillos, como de cascabeles”. Esta expresión de Federico García Lorca pone palabras a lo que siento cada vez que veo a los Zen del Sur, dos seres de luz que consagran su vida a la poesía escénica, aunque ellos prefieran definir su trabajo como ecotono, término usado habitualmente para definir el límite o frontera que une dos ecosistemas. Y en este mundo que tiene la imperiosa necesidad de etiquetarlo todo me parece un modo original de bautizar su particular manera de hacer arte, mezclando el circo con el flamenco, la danza contemporánea, las artes urbanas y la música en vivo.
Carlos López
El movimiento siempre ha acompañado la trayectoria vital de Carlos López Aragón (Cádiz, 10/07/1985). Tenía quince años cuando empezó a bailar breakdance con sus amigos, introduciéndose así, casi sin darse cuenta, al movimiento acrobático.
Convencido que lo suyo era la enseñanza deportiva, se marchó a Granada para estudiar Ciencias del Deporte. El destino le tenía preparadas varias sorpresas: entrar en competición con el equipo de gimnasia acrobática de la facultad, descubrir la danza contemporánea y conocer a Antonio Vargas Montiel (Málaga, 1981), quien de vez en cuando iba por allí a entrenar.
Antonio fue el mejor mentor posible que Carlos hubiera podido encontrar en ese momento: miembro de la Cía. Albadulake y con experiencia internacional tras haber trabajado en dos espectáculos de Les 7 doigts de la Main (La vie y Amuse).
Él fue quien le animó a audicionar con la compañía extremeña, que en aquel entonces buscaba un artista para Tres en Caja-3NKJA (2010), obra en la que ambos compartieron protagonismo con Ilia Miña. La trama era más bien sencilla: dos hombres se encontraban una caja de la que salía una bailarina que les conducía a una divertida aventura por una ciudad.
Carlos y Antonio congeniaron tan bien que cuando el segundo se mudó a Granada fundaron Zen del Sur (2011). Heian (2014), palabra japonesa que significa Paz y Tranquilidad, marcó las líneas maestras de la compañía: “El término Zen puede definirse como atención plena al momento presente. Algo similar ocurre en escena, una experiencia vivida, no pensada, donde los artistas y el espectador convergen hacia un mismo estado, al servicio del arte.”
La propuesta combinaba varios estilos e instrumentos como piano, violonchelo, handpan, kalimba y diferentes percusiones del mundo como calabaza-drums o darbukas.
Posteriormente dio pie al concierto Senderos Musicales del espectáculo Heian, con una gama más amplia de instrumentos y contenido musical.
Noemí Pareja
Noemí Pareja Muñoz (Algeciras, 13/12/1984) nació en el seno de una familia humilde. Ver por televisión las competiciones de gimnasia de los Juegos Olímpicos de Barcelona la impactó tanto que se pasó el verano de 1992 fantaseando que algún día competiría con el equipo nacional.
Las playas de Barbate fueron el gimnasio en el que dejó volar su imaginación, aprendiendo de manera autodidacta habilidades básicas como el puente, el pino o el spagat.
Fascinada porque desconocía que se pudiera hacer arte con la acrobacia, se introdujo al circo gracias a la trapecista Carolina Bustamante. Tras iniciarse con las telas aéreas, el temor a lastimarse las manos hizo que postergara el aprendizaje de la técnica del trapecio hasta finalizar sus estudios de guitarra clásica en el Real Conservatorio Superior Victoria Eugenia de Granada.
Después de ver una actuación de Zen del Sur en Granada le preguntó a la violonchelista María Prado, compañera del Conservatorio, cómo lo había hecho para formar parte de la compañía.
Poco tiempo después se incorporó a Wake App! (2017) como música (guitarra eléctrica, ukelele) y bailarina, formando un cuarteto junto a Carlos (acrodanza, rueda Cyr, melódica y voz), Inma Montalvo/María Muñoz (acrodanza y percusión) y Giovanni Sartirana/ Rubén Llorach (percusiones y danza).
Zen del Sur se convierte en dúo
Carlos y Noemí, tras esta obra, que tenía como eje principal el uso responsable de las nuevas tecnologías, se dieron cuenta que tenían muchas cosas en común: además de poseer un alto nivel de disciplina y exigencia, ambos tuvieron que marchar lejos de los suyos para prosperar artísticamente y abrirse camino.
Así fue como Zen del Sur se redujo a un binomio que se complementa y se necesita como el Ying y el Yang.

La añoranza de sus raíces quedó plasmada en Órbita (2020), pieza que describe un sentimiento de arraigo y nostalgia y en la que utilizan elementos de su tierra como una red de almadraba con la que Noemí baila o el poético final con la pareja mirando ensimismados el dibujo de un círculo que brota de una botella de cristal que va desprendiendo arena de la playa de Barbate.
Haciendo honor al título del espectáculo, utilizan otros objetos que describen trayectorias circulares bajo la influencia de una fuerza central como la rueda Cyr o las boleadoras.
Xpectro: una obra maestra
Como llegan las grandes sorpresas, sin avisar, llegó un familiar muy especial a la vida de Noemí y Carlos, alguien que cambiaría, tanto su forma de relacionarse con los demás como su manera de ver y entender el mundo.
Tanto es así que se pusieron entre ceja y ceja crear un espectáculo que hablara del autismo y otras neurodivergencias.
La carencia social e incomprensión ante este colectivo y sus familiares, la necesidad de visibilizar, de romper estigmas y derribar barreras fue la motivación para crear Xpectro (2024), un canto a la esperanza y al amor con tintes autobiográficos.
Para Noemí fue todo un desafío encontrar la manera de comunicarse con él, quien por aquel entonces no mantenía contacto visual ni verbal. Decidió entonces cambiar de estrategia y en lugar de luchar lo indecible para traerle a su mundo, optó por introducirse en el suyo.
Fue entonces cuando un día se sentó a su lado mientras jugaba con sus coches de juguete y empezó a imitarlo hasta que por fin sucedió algo maravilloso: la miró a los ojos por primera vez. La escenificación de este momento es uno de los más emotivos de Xpectro: no hay función que Noemí haya de esforzarse por no llorar.

Muchos son los rasgos que estas personas presentan, los cuales aparecen en la obra: intereses profundos, estereotipias, patrones repetitivos de comportamiento, una comunicación diferente. Xpectro está cargado de detalles que conectan con los desafíos que estas personas presentan en un mundo neurotípico no adaptado a la diversidad humana, pormenores que a un simple espectador se les puede escapar si no es conocedor en profundidad del autismo.
El personaje que ella interpreta muestra una fijación por alcanzar un pájaro de papel que está apartado de la manada, una metáfora que ilustra la expresión despectiva “tener pájaros en la cabeza” y que, por otra parte, adquiere otros significados a través de los cuales se desarrolla el espectáculo.
Pájaros enjaulados en su cabeza quieren alzar el vuelo pero les cuesta.
Ante una sociedad deshumanizada, los pájaros no pueden batir sus alas.
Ay! amiga invítame a conocer tu mundo, que en éste, en el que habito he perdido el rumbo.
Ay! Maldita sociedad, huérfana de humanidad.
Guerrera bate tus alas con brío y fuerza, que agiten los pensamientos y las conciencias.
Que tiemblen con tus pisadas estos cimientos y ahuyentan todos tus miedos y tus tormentos.
Letra de la canción ‘Pájaros en su cabeza‘
Xpectro es una obra de orfebrería que tiene tantos detalles que con verlo una sola vez uno no puede alcanzar a descubrirlos todos. Zen del Sur incita a la reflexión y zigzaguea hasta penetrar en los adentros de nuestra alma.
Estos artesanos de las emociones y activistas escénicos aportan su grano de arena para humanizar un mundo que va a la deriva. Lo suyo no es más que arte con mayúsculas.