Caer para levantarse [Face aux murs, Cie. Hors Surface]
Dentro de la programación de Teatralia, el Festival Internacional de Artes Escénicas para todos los públicos de la Comunidad de Madrid, ha podido verse en la Sala Roja de los Teatros del Canal Face aux murs, un espectáculo de circo contemporáneo tan contundente como eficaz de la compañía francesa Hors Surface.
Dirigida por Damien Droin, la compañía —con sede en Toulon— lleva más de una década desarrollando un lenguaje propio basado en la investigación del movimiento, el riesgo y la creación de dispositivos escénicos que expanden las posibilidades del cuerpo.
La pieza se abre con una imagen cargada de misterio: al levantarse el telón, un hombre, en pie en lo alto de una estructura, se deja caer al vacío; no vemos dónde cae, pues lo oculta el propio dispositivo.
A continuación, este se ilumina desde atrás y revela una gran pantalla translúcida que deja entrever un andamiaje y las sombras de varios cuerpos compartiendo una escena cotidiana —como si se reunieran en torno a una mesa a tomar un té— para desaparecer enseguida y volver a aparecer poco después. Este inicio, quizá más dilatado de lo necesario, genera inquietud y sitúa al espectador en un estado de expectación.
Poco después, la estructura gira accionada por los propios intérpretes, y desvela el dispositivo escénico: dos camas elásticas contiguas. A partir de ese momento, el ritmo se acelera. Seis acróbatas —cinco hombres y una mujer— realizan un trabajo físico de enorme exigencia en una sucesión casi continua de saltos con los que parecen desafiar la gravedad con naturalidad.
Pero la transformación del dispositivo introduce una dimensión simbólica: cuando una de las camas elásticas se desplaza al otro lado del muro, el objetivo deja de ser mostrar el virtuosismo acrobático y surge un reto: alcanzar el otro lado. Y los artistas lo consiguen, una y otra vez, hasta desembocar en un momento final en el que los seis cruzan el muro en una sucesión hipnótica de caídas y remontes que mantiene al espectador completamente absorbido.

La propuesta se sostiene sobre una estética muy definida y con poca variación. La iluminación, precisa, recorta los cuerpos en la penumbra y construye un paisaje visual cercano al claroscuro, mientras el uso constante del humo envuelve la escena en una atmósfera onírica, a veces excesiva pero indudablemente eficaz.
Como suele ocurrir, el humo activa una coreografía involuntaria en la sala: todos, pequeños y grandes, al verlo, comienzan a toser en masa, como si se activara un resorte en su nuca… En esa semioscuridad generada por la escasa luz y el mucho humo, los cuerpos parecen caer al vacío y surgir de nuevo de la nada, generando una sugestiva ilusión de vuelo.
Sin embargo, la dramaturgia no siempre alcanza la misma intensidad que la propuesta visual y física, y por momentos queda diluida en la espectacularidad del dispositivo. Pero más que un relato, esta pieza ofrece la experiencia de observar un flujo continuo de cuerpos en equilibrio inestable, caída y ascenso. Quizá la metáfora sea esa, que en la vida todo es caer para volver a levantarse.

Face aux murs consigue, en cualquier caso, algo esencial en el hecho escénico: sostener durante una hora una tensión física y visual que mantiene al espectador en vilo. El público de los Teatros del Canal respondió con entusiasmo, obligando a los intérpretes a salir a saludar en varias ocasiones.