La ciudad como selva [WILD: Motionhouse]
Dentro de la programación de Teatralia 2026, el Teatro Circo Price ha acogido WILD, de la compañía británica Motionhouse, una pieza de circo contemporáneo que mezcla danza y portes acrobáticos para convertir el escenario en un bosque vertical que simboliza la ajetreada vida urbana.
La compañía —fundada en 1988 por Kevin Finnan y Louise Richards— lleva décadas explorando ese cruce entre danza, teatro físico y acrobacia, y en esta creación, dirigida por Finnan, se percibe claramente ese recorrido.
El público entra en el Price —que para este espectáculo cuenta con algo más de un tercio del aforo ocupado— y se encuentra en la pista una estructura de mástiles metálicos de hasta cinco metros de altura, algunos conectados entre sí. El arranque del espectáculo es sencillo y efectista: los seis intérpretes —tres hombres y tres mujeres— surgen desde las butacas, vestidos con ropa de colores y cargando mochilas o bolsos. Sin solemnidad, se reúnen al fondo y comienzan una coreografía donde todo fluye con naturalidad.
Ese inicio tiene algo de cotidiano, incluso de ingenuo. Durante la primera parte, la pieza se mueve en una lógica en la que el movimiento se encadena con facilidad y sin fricción aparente. Pero el espacio está marcando las reglas: ese conjunto de mástiles dibuja un paisaje ambiguo, a medio camino entre lo urbano y la naturaleza, un ecosistema artificial donde los cuerpos trepan, se deslizan, se buscan y se esquivan.
Ese tranquilo tono inicial se va tensando poco a poco. El “bosque urbano” se convierte en un entorno hostil en el que la supervivencia adopta formas coreográficas. Lo que parecía juego pasa a ser exigencia física: aparecen las caídas, las persecuciones y los equilibrios cada vez más arriesgados. Las mochilas, al principio anecdóticas, adquieren protagonismo y terminan colocadas en lo alto de los mástiles, funcionando como pequeñas plataformas desde las que sostenerse o lanzarse.
Entre las imágenes más potentes, destacan los seis intérpretes colgados boca abajo, cada uno de un mástil, o ese momento en que logran ponerse en pie sobre las mochilas en lo alto del mástil.

No se perciben cambios de iluminación ni artificios técnicos: todo descansa en los cuerpos y en la estructura. Esa desnudez refuerza cierto aire de espectáculo de calle.
Motionhouse despliega su sello: una mezcla muy física de danza y acrobacia en la que importa tanto la precisión como la energía colectiva. El grupo funciona como un organismo, en una dinámica de choques, apoyos y tensiones que por momentos recuerda a un pequeño ecosistema en funcionamiento. Hay incluso algo casi animalesco en ciertos comportamientos que apunta a una idea de salvajismo contemporáneo.
La pieza gana cuando alterna ritmos, introduce pausas y deja entrar el humor, porque permite apreciar mejor el riesgo. En cambio, cuando la intensidad se encadena sin descanso, algunos momentos tienden a parecerse entre sí y pierden fuerza: cuando todo es riesgo, el riesgo pierde parte de su impacto.
Aun así, WILD es un espectáculo que destaca por su potencia visual. Su éxito internacional no sorprende: desde su estreno en 2019 ha girado internacionalmente y ha sido vista por más de 100.000 espectadores.
Se disfruta con facilidad —también por el público joven — y deja flotando en el ambiente algo muy reconocible: ese salvajismo no está tan lejos de nosotros, forma parte del funcionamiento del mundo en que vivimos. Plantea de forma implícita una reflexión sobre el vértigo del mundo actual. Y precisamente vértigo es lo que entra en juego en la imagen final de la obra, con uno de los acróbatas en pie en lo más alto del más alto mástil en un momento de lo más cotidiano: buscando cobertura con su teléfono.

Al final, lo que permanece es la imagen de esos cuerpos suspendidos entre el suelo y la altura, atrapados en un espacio que exige movimiento constante. Una imagen simple que, más allá del virtuosismo técnico, resuena como una metáfora bastante precisa de nuestro tiempo que puede dejar en el espectador adulto una pregunta incómoda: ¿cuánto de ese salvajismo sigue operando en nuestras vidas contemporáneas?