Por unas gotas de agua [Yé! (L’Eau): Circus Baobab]

Por unas gotas de agua [Yé! (L’Eau): Circus Baobab]

Durante dos semanas, hasta el 31 de mayo, puede verse en el Teatro Circo Price una de esas propuestas capaces de dejar al público entre la fascinación y la incredulidad. Yé! (L’Eau), impactante espectáculo de la compañía guineana Circus Baobab, convierte la pista del Price en un territorio de supervivencia en busca del agua, con once intérpretes que desafían continuamente las leyes de la gravedad mediante un monumental despliegue físico.

La primera imagen, cuando entra el público, ya marca el tono del montaje: un escenario apenas iluminado cubierto de botellas de plástico vacías y, en el centro, una única botella con algo de agua —poca cantidad, daría para un vaso y medio—.

Una mujer entra, bebe, y ese gesto mínimo basta para desencadenar el conflicto. Poco a poco aparecen los demás artistas, diez hombres, y la escena se transforma en una lucha colectiva por ese recurso escaso. Botellas que golpean el suelo, ruido seco de plástico, forcejeos, empujones y peleas crean una atmósfera de tensión creciente antes de que un brusco golpe de luz y sonido active definitivamente la maquinaria física del espectáculo.

A partir de ahí Yé! (L’Eau) avanza sin pausa en una sucesión vertiginosa de portés acrobáticos, pirámides humanas, lanzamientos y caídas espectaculares. Los cuerpos se elevan hasta tres alturas y forman esculturas humanas de una belleza impactante, creando imágenes que parecen desafiar cualquier lógica física.

Más allá de la precisión técnica —extraordinaria en todo momento—, impresiona especialmente la confianza absoluta en el resto del grupo sobre la que se sostiene cada movimiento: aquí el cuerpo individual solo existe gracias al colectivo.

La propuesta incorpora también break dance, contorsionismo y danza urbana, mezclando disciplinas con enorme naturalidad dentro de un lenguaje muy físico y directo.

Hay humor en algunos momentos, como cuando los intérpretes encuentran botellas llenas de agua y se las ofrecen al público, pero el espectáculo nunca abandona del todo una sensación de amenaza. La violencia aparece constantemente: cuerpos que chocan, luchas por el agua, caídas bruscas y enfrentamientos convertidos en coreografía física. Esa tensión evita que el mensaje medioambiental quede reducido a algo ingenuo o decorativo.

Aunque la necesidad del agua atraviesa toda la propuesta, Circus Baobab evita caer en el tono didáctico. El montaje funciona sobre todo por la potencia visual y corporal. Las botellas de plástico, convertidas en escenografía y objeto dramático, colocan continuamente al espectador frente a la idea de escasez sin tener que insistir demasiado. A la salida, muchos progenitores explicaban a sus hijos e hijas por qué el acceso al agua sigue siendo una cuestión crucial en numerosos países.

Lo más impresionante de Yé! (L’Eau) es quizá esa capacidad para convertir el virtuosismo acrobático en algo más que una simple exhibición técnica. Cada figura parece hablar de supervivencia, dependencia mutua y resistencia compartida. Los artistas se lanzan, se sostienen y se rescatan continuamente en una cadena de confianza que termina convirtiéndose en el verdadero corazón del espectáculo.

De vez en cuando, los intérpretes hablan en francés, pero eso apenas interrumpe el dominio absoluto del lenguaje físico. Porque es el cuerpo —llevado aquí a un límite casi irreal— el que sostiene toda la función. Y resulta difícil no quedarse mirando con incredulidad unos movimientos que por momentos parecen sobrehumanos.

Fundada en 1998 y reimpulsada en 2021 bajo la dirección de Kerfalla Camara, Circus Baobab se ha consolidado como uno de los grandes referentes del circo africano contemporáneo. Muchos de sus integrantes proceden de contextos de gran vulnerabilidad social y encontraron en el circo una herramienta de transformación personal y colectiva, y esa dimensión humana atraviesa el espectáculo.

Al finalizar la función, los artistas regresan con tambores y convierten la despedida en una celebración compartida que prolonga la energía creada durante toda la noche. Después invitan al público a colaborar con su escuela de circo mediante la compra de camisetas y pulseras en el hall. 

Yé! (L’Eau) no solo exhibe una capacidad física fuera de lo común; construye, además, un espectáculo donde el riesgo, la cooperación y la fragilidad humana conviven constantemente sobre la pista.

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