Entrevista a Tortell Poltrona y Montserrat Trias (Circ Cric)


Entrevista a Tortell Poltrona y Montserrat Trias (Circ Cric)

Entrevista a Tortell Poltrona y Montserrat Trias (Circ Cric)

Llego a las oficinas del del Cric en el bosque de Sant Esteve de Palautordera y aparece Tortell Poltrona. Me enseña un aparato que responde a todas las preguntas con un no. Me río, como siempre con este genial payaso. Y poco después empieza una larga entrevista con Tortell y Montserrat Trias, las dos almas de un circo conmovedor y diferente.

¿Cómo descubristeis este lugar?

Montserrat Trias (M.T): Cuando vivíamos en el Montseny, el circo era una asignatura pendiente. Me acuerdo cuando fuimos a visitar el espacio por primera vez: todo era un campo. Empezamos a montar la primera carpa y nos construimos un tipi con unas lonas usadas de algodón de un antiguo circo. Después, nos animamos y fuimos hasta Budapest a buscar unas caravanas de madera, fuimos a buscar el camión de bomberos y ahí empezó este espacio.

Y ahora teneis tres carpas, una oficina desde donde trabaja y decís que se ha llegado muy lejos.

M.T: ¡Fuimos el primer circo catalán tras la Guerra Civil! Hemos sido los timoneles, pero todo lo que ha generado el circo ha sido fruto de mucha gente: artistas, público, montadores, etc. Todas las compañías han pasado por aquí y es imposible recordarlas todas. El Cric es el icono de un circo hecho con cariño, de un circo que se ha inventado porqué no procede de ninguna familia. Es fruto de la ilusión. No es Lo más Difícil Todavía sino una amalgama de otros valores.

¿Y cómo se siente Tortell Poltrona en medio de la naturaleza?

Tortell Poltrona (T.P): Cuando tú ves un espectáculo aquí, en el Montseny, la porosidad de lectura de los espectáculos es diferente de la de los teatros Romea o Poliorama, por ejemplo. Aquí en el Cric tendrás que ver robles, encinas o la planta gatillo, que fabrica el ácido acetilsalicílico de las aspirinas. Los seres humanos tienen un grave problema y es su urbanidad. Aquel circo nacido con Philipe Astley, y que había sido la punta de lanza de la modernidad, podía girar cuando la gente no viajaba, pero ha llegado un momento en que girar es muy difícil con estas estructuras y además es antiecológico. Veremos qué queda después de la pandemia. Pensamos que encontrar un lugar aquí, en la naturaleza, es lo que se tenía que hacer. Nosotros estamos sostenidos por el público y eso es lo que ha hecho posible que  pudiéramos quedarnos aquí, con lo cual es una apuesta post pandemia adoptada con anterioridad a la pandemia.

M.T: En mitad de la naturaleza encontramos los orígenes porque, quieras o no, el circo no deja de ser un colectivo de gente que se movía de forma trashumante y que iba buscando plazas en contacto con la tierra. En cuanto hay asfalto ya no puedes clavar ni un clavo. En medio de la naturaleza todo tiene otro aire y todo respira de otra manera; está muy en consonancia con lo que hacemos y con lo que pensamos. No queremos deslumbrar con el Más Difícil Todavía, sino tocar y llegar a los sentimientos de la gente, animarla a vivir y contagiarle el buen humor y que puedan reír y desahogarse para salir adelante y recargarse de energía positiva, tan necesaria. Y ahora con la pandemia todo esto se ha puesto más en valor.

T.P: En el festival de Montecarlo descubrimos un arte que desafiaba el sentido común y esto lo encontramos absolutamente contracultural. Ahora seguimos con la historia del circo, pero cada vez estamos más interesados en el mundo de la clownerie o del payaso.

M.T: A mí, en cambio, mi padre siempre me llevaba al circo [Tortell hace muecas, como en el número de Shakespeare]. Tiene otra historia dentro de mí. La fundación del Circ Cric también está vinculada a los inicios que tuvimos con els Comediants. El espectáculo Catacroc, de Els Comediants, y Joan Armengol, que era el payaso tierno y poético. Nos abrieron los ojos. El circo y el payaso van de la mano. Además, Jaume hizo un circo que le permitiera actuar en una pista. No estaba dispuesto a ir al circo de Ángel Cristo.

T.P: Ya me lo propuso Ángel Cristo, pero entré en su caravana y flipé. Para un niño que sale del centro parroquial era fuertísimo.

Montserrat Trias junto a Tortell Poltrona con el circo al fondo. Foto: Marcel Barrera.

Poltrona: «No queremos deslumbrar con el Más Difícil Todavía, sino tocar y llegar a los sentimientos de la gente, animarla a vivir y contagiarle el buen humor»

La sociedad ha cambiado mucho en estos 40 años, pero ¿los valores del circo siguen siendo los mismos?

T.P: Yo entiendo el circo que puede entender todo el mundo; por lo tanto, es sin fronteras y admite muchas lecturas. Es poesía escénica al alcance de todos. Además, el circo es el espacio idóneo para poder hacer algo tan sublime como entradas de payasos, que quiere decir que al cabo de treinta segundos de haber salido a la pista la gente ya ríe. Pienso al respecto que hay que seguir siendo fieles. Por otro lado, estoy muy no, no, no con las aproximaciones del circo hacia determinada danza contemporánea. No con toda, sino con los espectáculos de circo para aumentar la autoestima de los que la hacen pero que no están al servicio del público. No puedes hacer un gag que el público no entienda o pueda ofenderle. Hay también esta versión francesa de circo contemporáneo, donde los niños no tienen cabida. Son espectáculos muy premiados, pero que cuando los traes a un pueblo o una plaza, hace que la gente se levante y se vaya a mitad de espectáculo.

M.T: Pero eso no quiere decir que aquí no se pueda hacer un proyecto de circo contemporáneo. Dentro de nuestro proyecto, como el Circ Cric va cogiendo nuevo caminos, nos gustaría que esto también fuera un centro de nuevas experimentaciones. Los resultados son importantes, pero también lo es el proceso. Es una aula de experiencia también.

T.P: Tengo la teoría de que todo el que trabaje en una pista redonda debe estar vinculado con el soutien, es decir con el sostenimiento de la estructura. La energía no es la misma cuando actúas en una carpa, que es incomparable, a cuando actúas en un teatro. La carpa está en el suelo. La cadena que rompe el cemento, el ladrillo y el asfalto aquí está viva, no está rota. A mí me cuesta y tengo grandes discusiones con el resto del equipo, porque me niego a que determinadas personas vengan a actuar aquí.

M.T: De alguna manera, a Jaume lo que le gustaría es que se diera valor al hecho de que una carpa esté montada. Esto significa que detrás hay alguien que la mantiene, que mira que los tensores estén bien, que si hay un golpe de viento ponga el palo recto, que si hay un desgarro lo suelde, que de vez en cuando la limpie. La gente sale de muchas escuelas de circo y no saben montar una carpa. Es una parte que nos gustaría poner en valor cuando la gente viene aquí. Todo el mundo que ha venido una vez ha querido repetir. Aquí todo respira de otra manera. El confinamiento, estando aquí, no tiene nada que ver.

Trias: “Es un no parar que esto siga en pie y queremos que continúe. Estamos confeccionando un equipo de gente joven para darle continuidad”

¿Qué respuesta ha tenido el proyecto que presentasteis en septiembre para convertir este espacio en un polo de circo?

M.T: Llevamos 10 años de tramitación para que sea un espacio cultural y no hemos terminado el proceso; pero Urbanismo ya ha dado el visto bueno después de trabajar 25 años. Es un polo de circo en el sur de Europa, en España no hay ningún lugar así. El proyecto aún no está terminado y siempre nos dicen lo mismo. Nadie no sabe por dónde cogerlo. Se avanza, porque desde el Ayuntamiento de Sant Esteve de Palautordera son conscientes de que es un potencial al que hay que ayudar. De la Generalitat hemos conseguido que dentro de Cultura nos consideren un espacio de creación de titularidad pública. Es un pequeño paso.

T.P: Es una condición que nos ha perseguido toda la vida. Cuando tú haces innovación haces cosas que no están reguladas y como no están reguladas, no te pueden ayudar.

¿Es un tributo que desea dejar el país?

M.T: Queremos dibujar el futuro de esto. Esto ha sido un no parar y ahora estamos cansados y queremos tener más tiempo y hacer nuestros bolos. Nos toca. Hay mucho trabajo para mantener este espacio vivo. Es un no parar que esto siga en pie y queremos que continúe. Estamos confeccionando un equipo de gente joven para darle continuidad a esto y porque vemos que el circo, al contrario de lo que se decía hace unos años, no ha muerto.

T.P: Pero está clarísimo que no podemos mantener todo esto con sólo tres meses de actividad, y si hasta ahora se ha mantenido es porque después de estos tres meses hemos ido a otros mares a pescar peces y los hemos traído aquí para poder mantenerlo. Nuestro objetivo es ser un centro donde todos los fines de semana, y días de cada día también, si es posible, se ofrezca un servicio y sea útil para entender que el mundo es redondo, que podemos seguir venciendo los miedos, y alucinen con el talento de las personas. En definitiva, estamos convencidos de que no nos podemos quedar con el simple hecho de hacer arte, que si éste es capaz de llegar a la gente puede generar una cultura que en estos momentos nos hace falta, porque tenemos que transformar nuestra forma de vida y de pensar. 

M.T: Con cuatro bolos ya hacemos, ya vivimos. Lo que come es todo este espacio. O encontramos una salida para que esto se pueda alimentar o, si no, lo recluimos todo, porque para nosotros ya es suficiente. Pero no queremos tirar la toalla, porque todo eso que ya está ahí.

T.P: Reivindico que nosotros somos una estructura de Estado. Lo somos y lo hemos sido.

M.T: A raíz de la pandemia, nos ha hecho replantear a toda la humanidad que no íbamos bien. No sé qué alternativas podemos encontrar, pero hay que plantear todo lo que es la ecología y la armonía de los humanos con la naturaleza, y pienso que desde el mundo de la cultura tenemos muchas cosas que decir en ella. La gente de aquí se queja de que llegan los urbanitas, se extienden y lo machacan todo sin orden ni concierto. Debemos encontrar una armonía y debemos poder compartir.

¿Y cómo es la convivencia entre Tortell y Montse, después de tantos años de vida sentimental y profesional?

T.P: Es muy triste y horrible. No nos vemos. [bromea]

M.T: A veces vuelan cuchillos. Hay ratos de todo, pero en nuestro caso lo que hay es que nos queremos mucho.

T.P: Ah, ¿sí? No me lo habías dicho nunca. [sigue bromeando]

M.T: Hay parejas que no se discuten nunca, no es nuestro caso.

T.P: Nos discutimos por todo. Yo todo sí, sí, sí, y ella todo no, no, no. [sigue bromeando]

M.T: Si tú confías en una persona, llegarás a este entendimiento y superarás todos los momentos difíciles. Quizás estoy hecha a la antigua, pero hay unos valores que lo superan todo. Cuando tú has decidido hacer vida con alguien… llevamos casi 50 años.

¿Tiene mucha paciencia Montse?

T.P: Ha llegado un momento en que el personaje se me ha comido un poco y no entiendo la vida sin la búsqueda constante de la risa y la sonrisa. Y claro, Montse aún se toma las cosas en serio.

M.T: También nos han tocado diferentes papeles del auca. A mí me ha tocado hacer mucha gestión, mucho proyecto y estar en una mesa. Este último año muuuucha pantalla, que odio. Ahora bien, los objetivos los tengo claros y lucho por conseguirlos. Me cuesta, pero lo hago.

¿Te veremos de nuevo como presentadora carablanca?

M.T: Sí. Lo dejé de hacer un tiempo y ahora que lo he recuperado, lo valoro más y lo siento más en mí. Le estoy encontrando el gusto. Hemos recuperado todos los textos de la Senyoreta Titat de todas las giras.

Poltrona: «Para mí es más importante saber si hará viento o no que si sube o baja el IBEX 35. Y eso me aporta mucha alegría espiritual»

¿Tiene mucho mérito llevar 40 años en el candelero?

T.P: Llevo en la espalda la fecha de caducidad. Grock se retiró a los 75. Me quedan 9 años y dos meses. La opción de hacerme payaso, en un momento que era como decir que querías ser astronauta, me ha dado una calidad de vida de la que me siento muy contento y privilegiado. Me he dedicado a hacer lo que me gusta. Tengo la sensación de que no he trabajado, que no quiere decir que no haya sudado y trabajado muchas horas, pero no me he vendido nunca a cosas que no me vinieran en gana. Me ha permitido compartir la vida de muy cerca con la gente que quiero. Y ahora, la lluvia, el viento o la luna forman parte de mi vida cotidiana. Para mí es más importante saber si hará viento o no, que si sube o baja el IBEX 35. Y eso me aporta mucha alegría espiritual.

¿Las actividades con las escuelas es de las mejores cosas que habéis hecho?

M.T: Han pasado más de 200.000 niños por aquí y muchos se acuerdan toda la vida. Muchos niños de escuelas de barrios periféricos nunca salen y vienen a la naturaleza y el espectáculo les llega al alma. Quizás es de lo que menos se ha hablado, pero es de las cosas que más satisfechos estamos. Los espectáculos del público en general no dejan de tener este componente del que dirán. Aunque nosotros no dependamos de estas cosas, un mal comentario siempre afecta algo. En cambio, las escuelas no tienen esta transcendencia. Si tienes 500 niños y no haces un espectáculo que llame la atención y los mantenga boquiabiertos, eso se derrumba.

T.P: ¡Y la alegría que da a la vida poder estar en contacto con estos niños! Hay un problema grave en la sociedad, la adultcencia. Esta pandemia ha dejado bien claro que puedes ir a pasear con tu perro, pero los niños no tienen esa necesidad. La gente que piensa eso son los agelastas.

Ese empuje que tenía Tortell en el año 1981, ¿todavía lo conserva?

T.P: Sí, hombre… sigo teniendo energía y bastante mala leche. Mi trabajo me ha dado la posibilidad de poderme mantener en una franja preadolescente, con lo cual la pobre Montse sufre mucho…

M.T: Él siempre que ha visto algo claro ha ido a por ello de cabeza y esto tiene sus inconvenientes, pero también tiene su parte positiva, porque en tiempos difíciles, como arruinarte, siempre ha encontrado comida para todos. Todos somos necesarios, pero muchas veces él ha ido por delante.

T.P: Antes, la cultura necesitaba talento y esfuerzo, y ahora se hace con pasta y sólo incentiva el consumo y la cultura de la tele. Cuando actúas para los adultos no obtienes respuesta. Cuando actúas para niños y haces una provocación que pueda estar compensada con una reacción, como en la entrada del Micro, realmente tejes un lenguaje y además incluso creces humanamente. Pero con los adultos, esto no sucede. Los adultos son niños que se han vuelto mentirosos y han perdido la capacidad de emoción, la inteligencia natural y animal, en definitiva, que es la que tenemos todos cuando nacemos. Por culpa de perderla, morimos sin haber disfrutado de la vida. Amén.

(Artículo publicado en el número 67 de la revista de circo Zirkòlika. Puedes suscribirte a la revista aquí).




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