Jordi Juanet ‘Boni’: «Dejo los escenarios con la tranquilidad de haber hecho de todo»

Jordi Juanet ‘Boni’: «Dejo los escenarios con la tranquilidad de haber hecho de todo»

El malabarista y equilibrista Jordi Juanet Boni se retira de los escenarios. Han sido 42 años de viajes, adrenalina, fracasos, nervios, premios, éxitos y muchos equilibrios, en la pista y en los despachos. Lo celebrará este fin de semana en el Sant Andreu Teatre (SAT), con dos últimas funciones junto a Los Barlou y una fiesta a lo grande (sábado, a las 17.30 horas).

Te marchas por la puerta grande. ¿Cómo te sientes?
Bien, siento que estoy haciendo lo que me apetece. Dejo los escenarios con la tranquilidad de que he hecho de todo. Creo que es el momento adecuado, tanto por el trabajo como por el físico y la salud. Al final, actuar es una hora intensiva, pero con 61 años cargar y descargar la furgoneta es lo más duro. Además, he hecho unos cambios en mi vida y me he ido a vivir lejos.

Este fin de semana será tu última actuación con la compañía Los Barlou, que formas con Dani Cercos y Miner Montell. ¿Aún cargas y descargas la furgoneta?
Intento escaquearme y lo seguiré intentando hasta el domingo. Ellos saben que tengo una lesión y puedo romperme en cualquier momento. Con Los Barlou ya llevamos ocho años. Hemos hecho buenas giras y todavía nos lo pasamos superbien. Esto es lo que más me cuesta, perder la satisfacción de estar actuando y que la gente ría.

Empezaste en el Circ Cric como electricista.
Entré con 17 años porque les hacía falta un batería en un número. Sustituía a Josep Ventura [Los Excéntricos]. Yo tocaba un paso doble, pero era muy malo y pasaba muchos nervios. Además era montador, llevaba el cañón y era responsable eléctrico, aunque yo no era eléctrico. ¡Casi me muero un día enganchado con unos bornes! Trabajábamos en unas condiciones que ahora serían absolutamente ilegales, ¡nos meterían a todos en la cárcel! Pero fue una época alucinante.

No tenías ni la mayoría de edad.

Recuerdo que llegué a casa un viernes y les dije a mis padres: ‘El lunes me voy al Circ Cric’. Tenía un trabajo de mensajero y lo dejé. No me lo esperaba, pero a mis padres les hizo mucha gracia; me venían a ver los fines de semana allá donde estuviera. Fue una experiencia fantástica, era súper joven y vivía como un hippy. Dormíamos en colchones en la carpa o debajo de un camión, hasta que compraron un microbús donde dormíamos hasta ocho tíos. ¡Qué pandilla!

En el espectáculo Backstage expresabas un poco la angustia del artista. Fue tú espectáculo más introspectivo.
Me gustó trabajar con Antonio Morcillo, me enseñó mucho. Pero hacer circo de sala como solista en este país cuesta y no funcionó. Lo invertí todo allí: energía, tiempo y dinero. Era una producción digna y seria, quizás demasiado seria, ese sería un buen resumen.

Excepto este espectáculo, tus montajes siempre han tendido más al entretenimiento, la diversión y el cachondeo.
Al vodevil y a pasarlo bien. Nunca hemos intentado contar nada, excepto en Backstage [ríe], aunque en el espectáculo In situ hacía un repaso de mi vida. Lo que me hubiera gustado realmente es ser batería. Empecé a estudiar a los 16 años, pero al final la abandoné por los malabares.

Pero una imagen típica de tu carrera eres tú tocando la batería imaginaria. ¿De dónde surgió esta idea?
Vi un número brutal del canadiense Michel Courtemanche y lo adapté añadiendo la banda de Los Papagayos. Funcionó muy bien.

Lo hiciste durante muchos años.
Sí, es un número que me gusta mucho porque es muy sencillo y me lo paso súper bien. No tengo que preocuparme por si fallo o me caigo. Hay mucha interacción con el público, es cañero, divertido y la gente disfruta mucho.

También se te recordará por los 18 años de Boni & Caroli.
Es una parte importantísima de la trayectoria.

No solo de la tuya, sino también del circo de los años 80 y 90.
En esa época éramos pocos y nosotros estábamos arriba. Viajábamos mucho, a veces miro las agendas de aquellos años y pienso: «¡Madre mía!». Después de La Fura dels Baus éramos los que más bolos internacionales teníamos.

¿Con qué te quedas de estos 18 años de Boni & Caroli?
Me quedo con que conseguimos ser un dúo y la gente todavía se acuerda de nosotros. Éramos dos chavales que nos encantaba lo que hacíamos y que íbamos a tope, y creamos escuela.

En una foto sales con un monociclo de siete ruedas.
Teníamos un número que era único. No es que lo inventáramos nosotros, porque estaba todo inventado, pero no lo conocía nadie. Lo exportamos a Europa y funcionó muy bien.

¿Alguna anécdota con Boni & Caroli?
Fuimos a China a una convención de monociclistas. La gala inaugural se hacía en un estadio y todo el mundo iba vestido con el uniforme de su país, pero Ramon y yo íbamos con pantalones cortos. Y ya nos ves desfilando con la bandera española y riendo porque no entendíamos nada, porque no hablábamos inglés. Pero en la competición artística nos dieron una medalla de oro.

¿Ah sí?
Sí, fue un éxito aquí, para el currículum fue importante y nos ayudó a vender mucho. Estamos hablando de fines de los años 80 o principios de los 90 y esas convenciones fueron un aprendizaje importante, hasta que ya empezamos a hacer giras y no fuimos más.

¿Qué te dice esta foto?

¡Uf! Esta me dice que me metí en una buena movida. Era La troupe, circ a tot ritme en el Teatre Nacional de Catalunya (TNC). Al principio era genial, teníamos un presupuesto fantástico pero dos semanas antes del estreno nos lo recortaron una salvajada. Les dije a los de la compañía cómo estaban las cosas y que si alguien quería irse ese era el momento. Pero me equivoqué.

¿Hubiera sido mejor plantarse?
Sí. Al final algunos se marcharon y terminamos haciéndolo pero no fue gran cosa. Yo tuve una tendinitis durante tres días y no podía mover el brazo. Aquí lo pasé mal.

¿Y esta otra foto?

Esta me dice: ‘¡Madre mía, qué esfuerzo estoy haciendo aquí! Es la estapa final con Los Barlou, siete años fantásticos. Hemos hecho muchos bolos en Catalunya y algunos en España e Italia. Es una foto divertidísima. El monociclo está en Cádiz y lo tengo allí en plan museo.

Te apartas de los escenarios pero no los dejas del todo.
Seguiré yendo a Trapezi, a la Mostra d’Igualada, a Tàrrega… porque también me dedico a la gestión, producción y distribución de circo. Tengo la empresa AlaPista! con Sílvia Compte, una gran amiga y socia. Eso no quiere decir que dentro de dos años alguien me haga una propuesta y pueda hacer alguna intervención puntual o presentar una gala. No es que nunca más vuelva a pisar un escenario, sino una retirada de las giras, de las compañías.

A Sílvia Compte la conoces de La Familia Ramírez.
Nos conocíamos de antes. Para mí La Familia Ramírez es el mejor espectáculo en el que he estado. Fue una creación sencilla que dio un excelente resultado. Ensayamos una semana y en la primera actuación ya vimos que sería la hostia. Fueron tres años de mucho trabajo y premios.

Ya no vives en Catalunya.
Vivo en Cádiz desde hace casi cuatro años. Me enamoré y fui para allá. Los aparatos ya me pueden y los malabares los tengo abandonados. O estás en forma como Karoli, que aún le da caña, o lo dejas. Y tampoco soy payaso. Al final, apartarme de los escenarios ha sido una decisión que ha llegado sola. El plan B, que era AlaPista!, ahora es el plan A.

Fuiste presidente de la Associació de Professionals de Circ de Catalunya (APCC) en una etapa importante, cuando se negoció el primer plan integral de circo.
Fue una etapa de muchos nervios: ruedas de prensa, reuniones de alto nivel… Yo ya soy nervioso y en situaciones así me pongo aún más nervioso. Éramos un equipo cojonudo y se hizo muchísimo trabajo, aunque supuso mucho desgaste. El otro día me enviaron una foto buenísima en la que salgo con Hereu [ex alcalde de Barcelona], Tresserras [conseller de Cultura] y Jordi Martí [concejal de Cultura].

¿Estaban en una reunión?
Estábamos en el Fòrum de Barcelona. Se había inaugurado la carpa y visitamos la futura Central del Circ, que entonces no era más que un descampado oscuro. Cuando veo estas fotos pienso: «¡Madre mía, qué movida!». Tuve unas cuantas de esas.

¿Qué quieres decir?
Que el sector es complejo. No tiene los mismos intereses un artista callejero que un Circ Cric o un Raluy. Y las presiones a veces… Pero se trataba de eso, de encontrar una solución para todos y al final se logró. Nosotros escuchábamos mucho a todo el mundo y el plan integral fue un paso importantísimo.

Era un momento álgido para el circo.

El día del desalojo de La Makabra fue clave. Allí en las barricadas estábamos todos y dijimos basta. Al día siguiente llamamos al ICUB (Institut de Cultura de Barcelona) y estuvieron de acuerdo en encontrar una solución. Todos fueron importantes en este proceso, pero debo reconocer que el ICUB se puso las pilas.

¿La Central fue consecuencia del desalojo de La Makabra?
Clarísimo. Pero ese día en La Makabra para mí fue el momento clave. Aquello funcionaba, era okupa pero funcionaba. Es verdad que hay gente a la que le cuesta entrar en el sistema, pero al final queríamos un espacio. Fuimos a ver varios lugares y al final fuimos a parar al Fòrum. Al principio se decía que estaba demasiado lejos, pero está el mar, está tranquilo y se llega en metro. Fue un acierto porque el espacio es brutal. Estoy muy contento de esa etapa. Alguna vez me han propuesto entrar en la junta, pero no, yo esto ya lo he hecho.

Siendo tan nervioso, ¿cómo ha conseguido estar tantos años sobre el escenario y en primera línea de la APCC?
Es curioso, cuando tenía que dar una rueda de prensa me atascaba y me ponía muy nervioso. En esa época tomé alguna pastilla para los nervios y también seguí un tratamiento con un logopeda. En cambio, esto no me ocurre cuando actúo frente a cientos de personas. Cuando subo al escenario la adrenalina me transforma y soy capaz de recitar Shakespeare.

Otra etapa importante fue con Los Elegants.
Era un espectáculo que me gustaba mucho y funcionó muy bien. Trabajamos en teatros de casi todas las capitales de España y con condiciones muy buenas. La entrada de Ramiro [Vergaz] aportó mucha alegría al proyecto. Fueron seis años intensos, recorrimos muchos kilómetros y actuamos mucho por Alemania.

¿Tú también conduces?
En las giras lo mejor es conducir. A mí me gusta mucho, pero hay que vigilar. Con Boni & Caroli hacíamos salvajadas. Estábamos en Manchester y volvíamos a Barcelona haciendo un depósito cada uno. Mientras uno de nosotros dormía, el técnico le daba charla al otro. El tema de la furgoneta también quema mucho; con los Barlou nos sentamos los tres delante y llegamos siempre hechos un cuatro, y eso con 60 tacos… Antes decías: ‘¡Bien, un bolo en Alemania!’ y ahora dices: ‘Bien, un bolo en Santa Coloma!’.

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