“Somos muy punkis y nos gusta la improvisación”


“Somos muy punkis y nos gusta la improvisación”

“Somos muy punkis y nos gusta la improvisación”

Marcel Barrera. Marco Rossi y Pau Sarraute son la monda. Son la esencia de la improvisación dentro y fuera de la pista. Cachondos y muy locos también durante la entrevista, voy a verlos una fría mañana de noviembre a Manresa. Caminando por la calle Joan Fuster buscando el circo, me cruzo con la camioneta publicitaria que propaga a los cuatro vientos el triple mortal de los trapecistas Mendonça. Llego al parque Trullols, donde está montada la compañía, y con Marco y Pau nos sentamos en un banco que se encuentra a la intemperie. Es tanta la intensidad de sus respuestas, que el frío helado ni se nota. Los dos son apasionados. Marco Rossi lleva toda la vida en el circo. Nació prematuramente hace 47 años en el circo familiar, el Deros, cuando estaba montado en Val da Osta (Italia). Pau Sarraute nació hace 40 años un poco más cerca, en el pueblo de Argentona. Trabajan y se divierten juntos desde hace ocho año. Los dos son payasos de pista un poco por casualidad y sin querer, pero ¡qué gran casualidad!

¿Me podéis explicar lo que habéis hecho los últimos días, entre el desmontaje y montaje del circo?

Marco Rossi (M.R): Aparte de ser payaso soy camionero, carpintero, soldador y publicista. Soy el manitas que llamamos en el circo, y el jefe de montaje. Una vez está montada la carpa, me encargo de la manutención del material y todo lo que es reparación y mecánica. También hago el primer viaje con algunos operarios y empieza lo que es el montaje: bajar torretas, instalar clavos, medir el perímetro de los vehículos estacionados. Como tenemos 38 vehículos y somos 22 chóferes, estamos obligados a hacer unos siete viajes de ida y vuelta. Una vez que está todo medio montado empezamos con los ensayos.

¿También monta el jefe de montaje?

M.R: Sí, claro. No es solamente bla, bla, bla. No es como el típico cuadro donde uno hace un hoyo y ocho están mirando. Aquí todo el mundo pringa y hasta el que no hace nada, trabaja. Cada año que vamos a una localidad, cambiamos de espectáculo. Tenemos Bellissimo y ya estamos preparando el nuevo. Tenemos poco reposo.

Pau Sarraute (P.S): Mi rutina es mucho más fácil. Hago de payaso pero tengo muy pautado el trabajo diario: mantenimiento de la web, redes sociales, diseño de banners y cartelería para cada ciudad donde vamos. Hasta ahora también ayudaba a montar, pero me dijeron que preferían que estuviera en la oficina. Me paso muchas horas en el ordenador, pero por suerte tengo la pista que me hace desconectar. Aquí todo el mundo hace de todo… A veces también grabo un ensayo, hago el montaje y lo público en redes sociales. Y lo más importante: hacemos de payasos, que es lo que más nos gusta pues nos partimos de risa. Hemos hablado de trabajar, trabajar y trabajar. Aparte de esto, Marco hace unas paellas increíbles. Tu te levantas de la mesa, te vas para la caravana y te dicen: toma un plato de paella; otro te dice toma un plato de pasta, y nos pasamos el día comiendo y charlando.

M.R: Soy muy cocinillas. Casi siempre es el aniversario de alguien. En verano es exagerado. Cuando llegamos siempre hay alguien que empieza a montar y otro ya está haciendo carbón. Es fiesta todos los días y somos una gran familia con casi 100 personas.

Hay algunos circos que la convivencia les ha matado…

M.R: Nuestros padres nos enseñaron la importancia del respeto y que hay que ayudarse pues el circo es como una noria que sube y baja. Consiguieron que los hermanos estuviéramos juntos yendo mal. Hicieron tener una familia unida que era lo más importante. Nos han salido negocios de nivel y de dinero, pero seguimos juntos. No podemos separarnos.

P.S: Ahora, por ejemplo, estamos en un momento que no va muy bien y entonces hay que apretar.

M.R: Cuando hay 20 personas, nos tenemos que esforzar la ostia para hacer reír. En cambio, cuando está el circo lleno vamos más tranquilos porque la risa y el aplauso se contagian.

P.S: Hay que confesar que nos lo pasamos mucho mejor con poca gente, ya que es mucho más íntimo y hay más silencio. Ahora bien, ojalá siempre esté lleno, esperamos que el circo vuelva a resurgir. Ahora es un momento social y políticamente muy complicado y a la gente le cuesta salir. Pero saldremos de esta. Llevo ocho años aquí y es una gran familia. Discutimos y nos pe leamos pero es muy difícil desunir a los Rossi. Y ahora mismo, si no están unidos, el circo no tira hacia adelante. Somos una familia haciendo lo único que sabe hacer, que es circo, y entretener al público con todo el cariño. Y pienso que lo conseguimos, porque transmitimos esa voluntad de hacerlo bien.

M.R: Somos de los pocos circos que realmente sigue esa trayectoria del tradicional circo de toda la vida. Hemos tenido animales.

¿La decisión de eliminar a los animales fue difícil?

M.R: Para nosotros fue un golpe muy duro y nos dolió decidir dejar de tener animales. Teníamos uno de los zoos más grandes de Europa: cuatro elefantes, hipopótamos, rinocerontes, tigres… La mayoría de los animales habían nacido aquí y eran parte de nuestra familia. Además pensamos: ¿Y cómo atraeremos al público ahora? La respuesta fue que teníamos que atraer al público con el esfuerzo artístico, los trajes, las luces, la puesta en escena, una historia y la comicidad. Y lo hemos conseguido, ¿no? No queremos perder esa esencia del circo tradicional que es la de vivir en caravana y viajar cada semana. Gente que nos viene a ver nota ese olor del circo y ese contacto que no hay en otros circos. No quiero ofender a nadie, pero hay circos que son muy mecánicos. Ya no hay taquilla, tienes que meter una moneda para que te salga el ticket, en cafetería no hay nadie y es todo máquina.

Siempre se dice que los Rossi son fuertes porque la familia está unida…

M.R: Mantener el circo nos cuesta, la verdad. Si fuera por dinero no lo haría. Gracias a Dios somos una familia y aguantamos. Por eso vamos adelante, porque yo hago el trabajo de 5 o 6 personas. Y Pau y mi hermanos también. Es un circo que tendría que tener el doble de personal para poder moverlo. También es más difícil hoy en día atraer al publico. Estamos trabajando para un público que es el más sufrido que son las familias.

P.S: Yo llegué justo en la transición, cuando ya no tenían animales salvajes y solo les quedaba los caballos y animales domésticos. La transición fue bien hecha. Los jóvenes se fueron a aprender a escuelas de circo, se innovó con la música, se trabajó el vestuario, la iluminación. El circo ha perdido porque quien quiera ver animales no los ve, pero no ha bajado en calidad. Los artistas que actúan se han preparado, han estudiado y trabajan para sorprender. Pienso que nuestro espectáculo sin animales no tiene nada que envidiar a ninguno otro circo.

M.R: Antes a los payasos no se les daba demasiada importancia. El payaso era el tapabuchi (tapagujeros). Y me he dado cuenta de que en un espectáculo tiene que haber alegría. Creo que es la cosa más importante. Puedes tener un triple mortal o un número de magia, pero no hay que perder nunca la risa y el divertimento.

Pero cuando empezaste tu eras equilibrista…

M.R: Hacía cama elástica, número de mano a mano, trapecio, alambre, locutor, encargado de pista, jefe de sala. Lo hice todo, ya que cada año cambiamos. Lo que más me gusta es hacer reír. Y fue por obligación. Hacía un número de cama elástica con seis compañeros, pero todos se fueron casando y cuando me quedé solo, me puse unas gafas de bartolo e hice un número cómico que fue un boom. A partir de aquí nació un payaso, porque yo al inicio era malísimo y lo odiaba. Empecé a ver la reacción del público y esto engancha. Soy muy cachondo e improviso bien y lo que veo lo suelto. Tuve una buena escuela. Empecé con los Alexis y he trabajado con los Rivelinos y Monti, un gran amigo, compañero y maestro. Con él definitivamente he creado el payaso. Iba demasiado rápido y él me daba pautas para que se me entendiera. Además, como soy el jefe de montaje, Monti siempre me llamaba capitano y al final me lo soltó en la pista.

Pau, tu estás en el circo por Monti….

P.S: Mi historia es bastante más larga y empieza en 1998. Yo era un chaval de 18 años e hice un trabajo para el instituto sobre Monti. Años más tarde, Monti llamó a mi padre [Jorge Sarraute] para montar una orquesta en el Raluy, pero como no podía por trabajo, me propuso a mi, que estaba estudiando en el Taller de Musics y trabajando en el Tibidabo como músico. Tenía 24 años y empezó una buena amistad con Monti. Después de la etapa en el Raluy, me llamó un día para decirme que lo han nombrado director artístico del Teatro Price y que necesita a alguien de confianza. Fui a la aventura como ayudante de dirección y mientras estábamos acabando de montar el espectáculo de navidad con Toni Tonito y Los Alexis, me ponen en la orquesta con German Díaz a tocar la trompeta. Eran las primeras navidades y en el Price no había ni las butacas y se estaba acabando de construir. Cuando quisieron estrenar Sueños en las Navidades siguientes, Monti me comentó: “Oye Pau, ¿te atreverías a hacer de payaso musical?” Y yo le contesté: “¡venga!”. Toqué las botellas con él e hice algunas entradas. Creía que esto sería lo máximo que llegaría a hacer como payaso. No tenía aspiración de payaso, me gustaba tocar música.

Pero el destino cambió…

P.S: Un día, Monti se tuvo que ir a un festival de payasos y le tuve que sustituir. Le imité y no se me dio mal. La gente de la oficina del Price creyeron que era Monti. Pensé que eso sería lo máximo a lo que llegaría. Cuando Monti terminó en el Price, Pere Pinyol me ofreció trabajo y dirigir Crece con Roby Tanion, pero no seguí porque me debía a Monti y me fui a la aventura con él. Empezamos a ensayar cosas y de golpe aparece Tortell Poltrona, que nos invitó a irnos de expedición a Haití. Yo con los dos grandes payasos catalanes del momento! Allí conozco profesionalmente a Tortell y me invita a unirme al Circ Cric, donde estuve dos años y medio muy bien, hasta que decidí hacer mis propios proyectos. Llamé a Monti y le dije que me gustaría que me dirigiera en un proyecto con Sabanni. Queríamos montar una compañía de payasos y que Monti nos dirigiera, pero él estaba en el Italiano y fuimos a trabajar con ellos. Vine al circo y aquí empezó mi aventura.

M.R: Monti me lo dijo: Yo he trabajado con muchas personas en espectáculos y donde más me he reído en la pista ha sido contigo. Porque yo soy otro punki. Cada reprise que hacíamos yo iba al camerino a mi rollo y cada día hacía un personaje distinto, y él se moría de risa. Y al verle reír yo me reía más. Había buen rollo y mucho cachondeo; para mí es uno de los mejores.

P.S: Como Capitano y Paute hemos evolucionado juntos. Yo vengo de no saber nada de payasos. Había estudiado un curso con Merche Ochoa en la escuela-teatro de Mataró y era tan malo que me echaba de clase cada día, pero creo que era porque era parte del personaje y del juego, supongo. Nos queremos mucho con ella, pero yo no sabía que sería payaso y mi evolución fue de payaso musical que no hablaba, un contragusto que decía cuatro palabritas, a carablanca. Yo vengo por el carril contrario, pues normalmente la gente hace carablanca, luego augusto y con los años se convierte en contraugusto.

M.R: Pau es un carablanca distinto a todo. Yo soy su profesor y él es mi profesor. Aprendemos juntos, como una pareja que se ha casado y aprende a respetar al publico, a jugar y a actuar.

P.S: Creo humildemente que lo que nos caracteriza es que no somos cuadrados. Tenemos la suerte de que queremos jugar e improvisar y todo es muy punki. Somos como una jam session. Un día le salió a Marco: de día soy reina y de noche soy Batman. Y yo no reaccioné pero al día siguiente sí y de ahí nació un diálogo de tres frases que no existía y esto se quedó. Otro día no funciona algo y lo sacamos. Siempre vamos reformando. Mira: si no nos divertimos no se transmite, si no se transmite la gente no ríe , y si la gente no ríe nosotros no lo pasamos bien. Ahora me meto con Abascal y la gente se parte. Suelto a menudo: ¡ostia, mejor nos callamos que va a venir el Tribunal Supremo y nos va a meter presos!

M.R: Nos metemos con Pujol, el rey de España o con la carne mechada. Tampoco tienes que basarte en eso, pero nos gusta meter caña. Hacemos burla pero con respeto, jugamos. Quien viene a ver el espectáculo viene a reírse. Habíamos quitado la radio y la gente nos la reclamaba y la hemos vuelto a poner.

¿En el circo hay más libertad?

P.S: Aquí hay completa libertad y nos metemos con todos. El payaso es un personaje anárquico y no tiene una ideología definida. Se mete con todo, porque sabe hacer todo y no sabe hacer nada. Es un bufón y los bufones se metían con el rey. Él se mete conmigo y en teoría soy su superior, pero siempre desde el respeto. La libertad que hay en el circo es porque no ha llegado aún la censura, pero creo que no llegará nunca, porque lo hacemos desde el respeto y lo hacemos para todo el mundo. Nunca hay que ridiculizar. Por ejemplo, con un niño que tiene pánico, intentas girar la forma de entrarle para que pueda darte la mano. No hay que entrar agresivamente ni insistir, sino conseguir que el niño vaya cogiendo confianza.

¿Os veis más años trabajando?

P.S: Yo voy a serte muy sincero. Nos hemos peleado porque llevamos ocho años trabajando fuerte y tenemos un carácter muy fuerte y no bajamos del burro hasta que nos abrazamos. Me gusta trabajar con Marco, porque tenemos el mismo lenguaje y he aprendido con él. Me han ofrecido trabajar fuera, pero no me marcho porque no me quiero marchar. Formo parte de la familia Rossi, porque me gusta y me gusta trabajar en una caravana y con Marco. Me veo muchos años pero no sé, quizás dentro de medio año me marcho. Si esto se acaba, yo me veo en un futuro trabajando con Sabanni, que es muy bueno.




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